Un análisis de sus declaraciones frente a la realidad que vive el pueblo
Por Antonio Suárez Fonticiella
La Habana. PLC | Las declaraciones realizadas por Miguel Díaz-Canel en la extensa entrevista concedida a la periodista Mônica Bergamo, de Folha de S.Paulo, permiten analizar algo más profundo que las palabras de un mandatario: permiten observar cómo el poder político cubano interpreta y presenta ante el exterior, la relación entre Estado, Partido, ciudadanía y sociedad.
El problema central no es únicamente qué dijo Díaz-Canel, sino qué mecanismos existen para comprobar si esas afirmaciones representan realmente la voluntad de la mayoría de los cubanos.
Y aquí aparece una cuestión esencial desde el punto de vista politológico: cuando un gobernante afirma hablar en nombre de “el pueblo”, pero no presenta una medición independiente de la opinión pública que permita comprobarlo, la afirmación permanece siendo una declaración política, no una evidencia sociológica.
1. “El pueblo no permitiría la restauración capitalista”
Esta es probablemente una de las afirmaciones que más fácilmente pueden someterse a análisis.
Díaz-Canel sostiene que el pueblo cubano no permitiría regresar al capitalismo porque reconoce los beneficios de la Revolución.
Pero existe una contradicción institucional que merece ser señalada.
La Constitución cubana establece que el sistema socialista es irrevocable y reconoce al Partido Comunista como la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado.
Por tanto, existe una diferencia importante entre decir:
“El pueblo no quiere cambiar el sistema”
y decir:
“El sistema no puede ser cambiado constitucionalmente.”
Son dos cosas diferentes.
La primera es una conclusión sobre la voluntad popular.
La segunda es una disposición jurídica.
Para saber qué piensa realmente la población habría que preguntárselo mediante una investigación independiente, científica y representativa.
2. La pregunta que Díaz-Canel no respondió: ¿cómo sabemos qué quiere el pueblo?
Aquí está uno de los puntos centrales del análisis.
Si el Gobierno afirma que la mayoría de los cubanos respalda el socialismo y no permitiría una transición hacia otro modelo, existe una manera relativamente sencilla de comprobarlo:
preguntárselo directamente a la ciudadanía.
Una encuesta nacional independiente podría formular, por ejemplo:
«Si usted pudiera elegir libremente entre diferentes modelos políticos y económicos para Cuba, ¿cuál preferiría?»
Las opciones podrían incluir:
– Socialismo de partido único.
– Socialismo con pluralidad de partidos.
– Economía de mercado con sistema democrático multipartidista.
– Otro modelo.
– No sabe/no responde.
Una segunda pregunta podría ser:
«¿Considera que los ciudadanos cubanos deberían poder decidir mediante elecciones libres y competitivas qué sistema político desean?»
Y una tercera:
«¿Cree usted que el Gobierno debería someter sus principales políticas económicas y sociales a consultas populares vinculantes?»
Ese tipo de investigación permitiría sustituir las afirmaciones políticas por datos.
3. “En Cuba no se reprime”
Esta afirmación también puede ser contrastada con hechos.
La entrevista presenta la idea de que las personas que protestan son atendidas por las instituciones y que no existe represión por reclamar.
Sin embargo, existen informes que documentan detenciones, vigilancia y restricciones contra opositores, activistas, periodistas independientes y participantes en protestas.
Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló, entre otras situaciones, vigilancia y restricciones de movimiento contra activistas y familiares de presos políticos, además de protestas vinculadas a los prolongados cortes eléctricos y la escasez de agua.
Más recientemente, Folha reportó que Cubalex registró 766 protestas durante el primer semestre de 2026 y 1.894 violaciones de derechos humanos, según su propio monitoreo. El mismo reporte señala que la represión alcanzó a 919 personas. Estas cifras proceden de una organización de derechos humanos y deben entenderse como datos de su sistema de documentación, no como un censo oficial del Estado.
Por ello, la afirmación “en Cuba no se reprime” no puede analizarse únicamente a partir de la declaración presidencial. Tiene que confrontarse con la evidencia disponible sobre detenciones, vigilancia y actuaciones contra manifestantes.
4. “La gente reclama ante el Partido porque confía en él”
Aquí aparece otro problema metodológico.
Que un ciudadano presente una reclamación ante una institución estatal no demuestra necesariamente que tenga confianza política en ella.
Puede reclamar porque:
– es la única vía institucional disponible;
– necesita solucionar un problema concreto;
– no dispone de otras vías;
– teme consecuencias si protesta públicamente;
– o realmente confía en esa institución.
Son hipótesis diferentes.
Para saber cuál es la verdadera habría que preguntárselo a la población.
Una encuesta podría preguntar:
«¿Cuánto confía usted en el Partido Comunista de Cuba?»
Y ofrecer una escala:
Mucho / Bastante / Poco / Nada / No sabe.
La respuesta permitiría medir aquello que una declaración política no puede demostrar.
5. “Millones de cubanos darían la vida por la Revolución”
Esta afirmación requiere todavía mayor cautela.
Díaz-Canel plantea qué estarían dispuestos a hacer “millones” de cubanos para defender la Revolución.
Pero una cosa es afirmar que existe respaldo político y otra muy distinta afirmar que millones de ciudadanos estarían dispuestos a morir por un sistema.
No existe, en la entrevista, una encuesta que permita sustentar cuantitativamente esa afirmación.
Desde el punto de vista de la ciencia política, una afirmación de ese tamaño necesita evidencia igualmente grande.
Una encuesta podría preguntar:
«¿Estaría usted dispuesto a combatir personalmente para defender el actual sistema político cubano?»
Y otra pregunta, completamente distinta:
«¿Estaría usted dispuesto a defender militarmente a Cuba frente a una invasión extranjera, independientemente de su posición política respecto al Gobierno?»
La diferencia es fundamental.
Una persona puede estar dispuesta a defender la soberanía nacional y, al mismo tiempo, no respaldar al Gobierno.
Confundir ambas cosas puede producir una lectura equivocada de la opinión pública.
6. La crisis económica y las “concesiones” al sector privado
Aquí aparece una contradicción particularmente interesante.
Díaz-Canel reconoce que el Gobierno está realizando “concesiones” al sector privado y explica que no constituyen un ideal del socialismo, sino una necesidad coyuntural.
Esto demuestra que el propio Gobierno reconoce la necesidad de utilizar mecanismos económicos asociados al sector privado.
La cuestión no es simplemente si esto significa “capitalismo” o “socialismo”.
La cuestión es:
¿hasta qué punto la crisis está obligando al sistema cubano a modificar sus mecanismos económicos sin modificar su estructura política?
Ese fenómeno puede analizarse como una separación entre:
apertura económica limitada + mantenimiento del monopolio político.
Es decir, puede existir una mayor participación privada en determinadas áreas de la economía sin que exista necesariamente pluralismo político.
7. Las tiendas en divisas y la desigualdad
Cuando se cuestiona la existencia de tiendas en moneda extranjera, la respuesta de Díaz-Canel es que también existen en países capitalistas.
El argumento, sin embargo, no responde completamente a la cuestión planteada.
La pregunta no es simplemente:
¿Existen tiendas en divisas en países capitalistas?
La verdadera pregunta es:
¿Qué efecto tiene la dolarización parcial sobre la desigualdad dentro de la sociedad cubana?
En una sociedad donde una parte de la población recibe remesas o tiene acceso a divisas y otra depende principalmente de ingresos en pesos, la moneda utilizada para comprar determinados bienes puede convertirse en un factor de desigualdad.
Por eso, comparar simplemente la existencia de tiendas en divisas con otros países no permite medir por sí mismo el impacto social de ese mecanismo en Cuba.
8. La crisis energética: el problema que ya no puede explicarse únicamente con discursos
La situación energética ofrece otro elemento para contrastar discurso y realidad.
En julio de 2026 Cuba sufrió otro apagón nacional, el octavo en 24 meses según El País. El mismo reporte describió una situación de fuerte déficit de generación, con numerosas termoeléctricas fuera de servicio y problemas de combustible.
Esto es importante porque la electricidad no es una cuestión exclusivamente política.
Cuando los apagones se prolongan, el problema deja de ser exclusivamente energético y pasa a convertirse en un problema social sistémico.
9. “Si llega mi hora, llegó”
La frase de Díaz-Canel sobre no temer un destino semejante al de Nicolás Maduro y estar dispuesto a luchar tiene un evidente componente político y simbólico.
Busca proyectar una imagen de firmeza ante una eventual amenaza externa.
Pero existe una pregunta diferente que debería hacerse desde el punto de vista ciudadano:
¿Qué significa defender la Revolución cuando el principal desafío cotidiano para millones de cubanos no es una guerra, sino conseguir electricidad, agua, alimentos, medicinas y combustible?
La seguridad nacional y la seguridad humana no son necesariamente la misma cosa.
Un Estado puede hablar de defensa militar mientras la población percibe como amenazas inmediatas cuestiones mucho más elementales: apagones, escasez de agua, inflación, transporte, alimentos y deterioro de los servicios públicos.
10. “Tenemos nuestros secretos militares”
Esta declaración es imposible de verificar desde fuera y, precisamente por eso, no puede utilizarse como evidencia de una capacidad militar concreta.
Desde el punto de vista comunicacional, funciona de otra manera: transmite incertidumbre estratégica y busca proyectar capacidad de disuasión.
Es una declaración política, no una demostración militar.
11. El concepto de democracia
Díaz-Canel rechaza que la ausencia de elecciones presidenciales competitivas y multipartidistas implique que Cuba no sea democrática.
Aquí nuevamente es necesario separar conceptos.
Cuba posee instituciones electorales y procesos de votación. Pero la cuestión es qué características tiene ese sistema electoral y qué alternativas políticas están disponibles para el ciudadano.
La Constitución establece explícitamente el papel dirigente superior del Partido Comunista y declara irrevocable el sistema socialista.
Por tanto, una discusión rigurosa sobre la democracia cubana debería analizar, entre otros elementos:
pluralismo político, competencia electoral, alternancia, libertad de asociación, libertad de expresión, independencia institucional y capacidad efectiva del ciudadano para cambiar a sus gobernantes.
Comparar solamente procedimientos electorales con otros países europeos no resuelve por sí mismo esas preguntas.
12. La paradoja central de la entrevista
La entrevista contiene una paradoja política:
Díaz-Canel habla constantemente en nombre del pueblo, pero las afirmaciones sobre lo que quiere el pueblo no aparecen acompañadas de una medición independiente de esa voluntad.
“El pueblo no permitiría el capitalismo.”
“El pueblo confía en el Partido.”
“Millones defenderían la Revolución.”
“No se reprime.”
Son afirmaciones que pueden ser sometidas a investigación.
Y aquí está precisamente la propuesta que podría convertir esta discusión en algo diferente:
PREGUNTÉMOSLE AL PUEBLO CUBANO
En lugar de que Gobierno hable permanentemente en nombre de los cubanos, habría que conocer directamente qué piensa la población.
Conclusión
El elemento más importante de esta entrevista no está necesariamente en una frase aislada.
Está en una cuestión mucho más profunda:
¿Quién tiene derecho a hablar en nombre del pueblo cubano?
El Gobierno sostiene que conoce lo que piensa la mayoría.
Pero conocer la opinión de una sociedad no debería depender únicamente de lo que diga su gobernante.
Debe medirse.
Y debe medirse mediante procedimientos transparentes, metodología científica y preguntas que permitan a los ciudadanos expresar tanto apoyo como rechazo.
La Constitución cubana afirma que la soberanía reside en el pueblo.
Precisamente por eso, la pregunta final debería ser sencilla:
Si el Gobierno está convencido de que la mayoría de los cubanos respalda su sistema, ¿por qué no preguntarles directamente y permitir que los resultados de una medición independiente hablen por sí mismos?
Porque en política existe una diferencia fundamental entre decir que se tiene el respaldo del pueblo y demostrarlo.

La Habana. Periodista independiente, integrante del equipo editorial de Prensa Libre Cuba.
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