EE.UU-CABILDEO
Miami. PLC | La ruptura entre Continental Strategy y Vima World no es un simple desacuerdo contractual, sino el síntoma de un reacomodo profundo en la política estadounidense hacia Cuba y de la creciente incomodidad de las firmas vinculadas al trumpismo ante cualquier asociación con el conglomerado militar Gaesa. La aventura de Vima en Washington, concebida como un movimiento de autoprotección frente al endurecimiento regulatorio, terminó convertida en un episodio breve, costoso y políticamente tóxico. Cinco semanas después de haber sido contratada, la firma de lobby con conexiones directas con Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio decidió cortar la relación y notificarlo al Congreso el 2 de septiembre, dejando a Vima sin la cobertura política que buscaba desesperadamente.
El acuerdo, efectivo desde el 24 de julio y registrado oficialmente el 7 de agosto, había supuesto para Vima un desembolso de 37.742 dólares en el tercer trimestre. La misión declarada por Continental Strategy era la búsqueda de “oportunidades de proyectos en América Latina”, una fórmula diplomática que evitaba mencionar explícitamente a Cuba, pese a que el mercado cubano representa casi la mitad de los ingresos del grupo. El documento presentado ante el Congreso identifica contactos con el Departamento de Estado, lo que confirma que la firma intentó abrir puertas en el entorno político más sensible para los intereses de Vima: aquel que controla la política de sanciones.
La composición de Continental Strategy explica por qué Vima la eligió. Su fundador, Carlos Trujillo, fue embajador ante la OEA durante la primera administración Trump y posteriormente nominado como subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental. Entre sus socios figuran Alberto Martínez, asesor de Rubio durante más de una década, y John Barsa, exadministrador interino de USAID con historial de trabajo en Cuba, Venezuela y Nicaragua. También participa Katie Wiles, hija de Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca desde 2025. En otras palabras, Vima buscó acceso directo al núcleo duro de la política republicana hacia América Latina.
Pero el contexto jugó en contra. El 1 de mayo de 2026, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404, que introdujo sanciones secundarias para empresas extranjeras que mantuvieran relaciones con entidades cubanas bloqueadas. El 7 de mayo, Gaesa fue oficialmente designada, y el 6 de agosto se sancionaron dos de sus filiales, Tecnoimport y Tecnotex. La inscripción del contrato de Vima con Continental Strategy se produjo apenas un día después de estas sanciones adicionales, lo que revela la urgencia y el nerviosismo de la empresa española ante la posibilidad de quedar atrapada en el nuevo marco sancionador.
La exposición de Vima es doble. Por un lado, mantiene negocios directos con Tiendas Caribe, una entidad controlada por los militares cubanos. Por otro, exporta alimentos desde Estados Unidos hacia Cuba mediante sus filiales Vima USA Ltd en Nueva York y Miami, operaciones amparadas por la TSREEA de 2000, que permite exportaciones agrícolas a Cuba siempre en transacciones en efectivo. Esta combinación convierte a Vima en una empresa simultáneamente dependiente del mercado cubano y vulnerable a la jurisdicción estadounidense, justo en el momento en que Washington ha decidido elevar la presión sobre cualquier actor que mantenga vínculos con Gaesa.
La decisión de Continental Strategy de romper el acuerdo sugiere que la firma evaluó que los riesgos reputacionales y regulatorios superaban cualquier beneficio potencial. En el entorno trumpista, donde la política hacia Cuba se ha convertido en un instrumento de identidad ideológica, representar a una empresa asociada al conglomerado militar cubano es una carga difícil de justificar. La ruptura deja a Vima aislada en un escenario donde su principal socio en Cuba está bajo sanciones crecientes y donde cualquier vínculo con Gaesa se ha convertido en un factor de riesgo para empresas con operaciones en Estados Unidos.
El intento de Vima de blindarse políticamente en Washington terminó siendo un fracaso rotundo. La empresa buscó protección en el corazón del trumpismo y encontró una puerta cerrada. Ahora deberá enfrentar sola un entorno regulatorio cada vez más hostil, en el que su modelo de negocios —dependiente de Cuba y conectado a Estados Unidos— se ha convertido en una ecuación explosiva.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.













Sé el primero en comentar