Por Pedro Valdés Madam
Estocolmo. PLC — En 1898, la Guerra de Independencia (1895-1898) de los mambises cubanos contra el ejército colonial español se encontraba en un punto muerto de desgaste mutuo, la economía de la isla estaba completamente destruida y ninguno de los dos bandos lograba vencer al contrario.
La población de Cuba era de 1.572.797 habitantes y solo el 3% de esa cantidad, alrededor de 60 000 cubanos, participaron como guerrilleros mambises contra el ejército colonial.
Existieron diversos factores que condicionaron esa realidad, pero la causa principal se debió al inmenso valor económico que la Isla de Cuba, primera exportadora de azúcar del mundo, representaba para la metrópoli española.
España concentró un inmenso ejército en Cuba, pues excepto Puerto Rico y la lejana Filipinas, había perdido el resto de sus otrora vastos territorios coloniales en todos los continentes del planeta.
Para evitar perder Cuba, el Gobierno de España impuso en la isla el “Sistema de Reconcentración”, una brutal política militar aplicada por el capitán general español Valeriano Weyler a partir de 1896. Su objetivo era aislar a los insurgentes mambises, cortándoles el apoyo logístico y humano que recibían de los campesinos.
Weyler emitió un bando obligando a los campesinos y residentes rurales a abandonar sus hogares y trasladarse a zonas controladas por el ejército español. Quienes no lo hicieran eran considerados rebeldes y exterminados.
Las poblaciones designadas carecían de infraestructura adecuada, por lo que los “reconcentrados” sufrieron hacinamiento extremo, falta de alimentos, condiciones insalubres y nula atención médica.
Se estima que esta estrategia provocó la muerte de más de 200.000 cubanos civiles, marcando una de las crisis humanitarias más graves en la historia de la isla.
En esas terribles circunstancias, la esperanza de lograr la independencia y la soberanía del yugo colonial español se depositó en un poderoso factor externo: los Estados Unidos de América.
El 9 de febrero de 1897, Máximo Gómez Báez, General en Jefe del Ejército Libertador, firmó una carta dirigida al presidente de los Estados Unidos de América, Stephen Grover Cleveland, solicitando la intervención norteamericana, bajo la explícita invocación de la doctrina Monroe.
Estas fueron sus palabras:
“Corone su honorable trayectoria de estadista con un noble acto de caridad cristiana. Dígale a España que el asesinato debe cesar, que la crueldad debe cesar, y ponga su sello de autoridad en lo que diga. Miles de corazones invocarán bendiciones eternas en tu memoria, y Dios, el misericordioso, verá en ella la obra más meritoria de toda su vida”.
Cuba vive hoy un “déjà vu” histórico.
Han pasado 128 años desde la Guerra de Independencia y la isla vuelve a estar completamente arruinada.
El fracaso irreversible del sistema totalitario socialista, que durante 67 años han impuesto los hermanos Castro y el Partido Comunista, ha provocado la total destrucción de la economía y las infraestructuras vitales de la sociedad.
El sistema energético, de salud y educación ha colapsado y el Gobierno comunista no ofrece ningún tipo de solución a esta desastrosa situación.
Cuba está a las puertas de una profunda crisis humanitaria, de consecuencias inimaginables.
Ante esa realidad, es una minoría la cantidad de cubanos que se atreven dentro de la isla a unirse a la oposición y enfrentar activa y decididamente a la tiranía totalitaria comunista.
El miedo a la represión de la todopoderosa Seguridad del Estado domina la actitud y paraliza a la mayoría de los cubanos.
Ese miedo está condicionado por una realidad insoslayable: el Castrismo Totalitario ha aplicado en la isla las diversas directivas de control y terror social que fueron diseñados mediante métodos científicos por los servicios de la policía política, KGB, en la ex-Unión Soviética.
El valor geopolítico que Cuba representó para los jerarcas comunistas del Kremlin, debido a su cercanía geográfica-estratégica a los Estados Unidos, hizo que se emplearan inmensos recursos materiales y humanos en garantizar la permanencia de los peones de Moscú, los hermanos Castro, en el poder en Cuba.
El comunismo es el único sistema que necesita construir muros para que la población no huya del país, y la única esfera de la sociedad donde el comunismo es verdaderamente efectivo es en la represión de la población.
Hoy la historia se repite en Cuba.
Las condiciones creadas han llevado a la sociedad cubana a un callejón sin salida, en que el despótico sistema totalitario comunista no puede dar respuesta a las necesidades del pueblo, pero se niega tercamente a ceder el Poder, reprime sin piedad, y los cubanos vuelven a poner sus últimas esperanzas en una solución que venga desde Estados Unidos, en este caso, en dependencia de la visión y la voluntad de Donald Trump.
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