CUBA-ECONOMÍA-REPRESIÓN
Redacción Central
3 minutos de tiempo de lectura.
Estocolmo. Análisis | La nueva etapa económica que vive Cuba no es una transición hacia la apertura ni un viraje hacia la modernización. Es, más bien, la redistribución controlada de la poca riqueza que queda en el país entre los acólitos del poder. La llamada “actualización del modelo” se parece cada vez más a una piñata administrada desde arriba, donde las MIPYMES que florecen no son expresión de un mercado libre, sino instrumentos de un capitalismo catrista diseñado para beneficiar a quienes orbitan alrededor del régimen. Cambiarlo todo para no cambiar nada, como en El Gatopardo de Lampedusa: la dictadura cambia de piel, pero no de esencia.
Las cifras oficiales hablan de más de 16.000 MIPYMES registradas. Sin embargo, un análisis de sus propietarios revela un patrón evidente: una parte significativa de estas empresas está en manos de antiguos cuadros estatales, familiares de funcionarios, militares retirados o empresarios que operan bajo protección política. Las MIPYMES con conexiones oficiales acceden a licencias, permisos, divisas y canales de importación con una facilidad que el resto de los emprendedores no tiene. Las demás enfrentan trabas, inspecciones, demoras y un entorno jurídico incierto. El mercado privado crece, sí, pero reproduce las jerarquías del Estado. No es una apertura económica: es una redistribución interna del botín.
Este fenómeno se observa en sectores estratégicos como la importación de alimentos, la logística, la construcción y el comercio minorista. Empresas privadas vinculadas a exfuncionarios han obtenido permisos para importar contenedores completos de mercancías mientras pequeños emprendedores esperan meses por una autorización. En la práctica, el Estado ha creado una élite económica paralela, dependiente y funcional al poder político. La piñata cubana ya comenzó, y los invitados son siempre los mismos.
A la par de esta privatización selectiva, el Gobierno ha endurecido la represión. En las últimas semanas, varios activistas han sido condenados en juicios sumarios. Entre ellos, Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, sentenciadas a dos años de limitación de libertad por grabar a un agente de la Seguridad del Estado. Manifestantes del 11J como Yandier García han sido devueltos a prisión sin explicación oficial. El pastor Rolando, conocido como “El Pregonero de Cristo”, fue detenido violentamente cuando acompañaba a familiares de Bensi. La periodista independiente Camila Acosta vive bajo vigilancia constante. La represión no es un fenómeno aislado: es el mecanismo que garantiza que la piñata se mantenga en manos de los mismos.
Mientras el régimen reparte privilegios económicos entre sus aliados, la población sigue atrapada en la pobreza. Las colas en los bancos, los apagones, la escasez de combustible y la inflación descontrolada forman parte de una vida cotidiana marcada por la precariedad. El país se mueve hacia un modelo híbrido donde el mercado existe, pero solo para algunos; donde la iniciativa privada es tolerada, pero vigilada; donde la riqueza se distribuye, pero no hacia la ciudadanía. Es un capitalismo sin libertades, un postcomunismo sin democracia, una transición sin rumbo.
La distancia entre la narrativa oficial y la realidad se ensancha cada día. El discurso sobre modernización contrasta con la evidencia de que la nueva economía cubana es, en esencia, una economía de acólitos. La represión reciente confirma que el Estado no está dispuesto a ceder en lo esencial: el control absoluto. Cuba cambia de piel, como la serpiente, pero conserva intacto el veneno del autoritarismo. La piñata cubana ya está en marcha, y el pueblo, una vez más, queda fuera de la fiesta.
Descubre más desde Prensa Libre Cuba
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.





















Sé el primero en comentar