Fuente: Svenska Dagbladet (Suecia), 7 de junio de 2026
Foto: Whatsapp image.
San Petesburgo. PLC — Vladimir Putin aseguró en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo que la economía rusa “se mantiene fuerte”, con un crecimiento del PIB del 1,3 %, un desempleo del 2,2 % y salarios que —según cifras oficiales— habrían aumentado más de un 30 % en cinco años. Pero detrás del discurso triunfalista, varios de los empresarios más influyentes del país dejaron entrever una realidad muy distinta: una economía fatigada por la guerra, las sanciones y la falta de inversión.
El diario sueco Svenska Dagbladet recoge testimonios que contradicen la narrativa del Kremlin. Kirill Dmitriev, director del fondo estatal RDIF, admitió que los tipos de interés “son un poco altos”, una frase que en cualquier otro contexto pasaría desapercibida, pero que en el “Davos ruso” sonó como una grieta en el relato oficial. La BBC, presente en el evento, subraya que dentro del foro casi nadie mencionó la guerra, pese a que los ataques ucranianos con drones sobre San Petersburgo marcaron la agenda internacional del encuentro.
El contraste más llamativo lo ofreció Aleksey Mordashov, el hombre más rico de Rusia y presidente del gigante siderúrgico Severstal. En una mesa redonda a puerta cerrada, reconoció que su empresa —duramente golpeada por las sanciones y la caída de las exportaciones de acero— ha entrado en “flujo de caja negativo”. “Antes éramos el fabricante de acero más rentable del mundo”, recordó, antes de admitir que Severstal ha recortado su cartera de inversiones en un 24 %.
Otro multimillonario, Roman Trotsenko, fue aún más directo: “La economía rusa está pasando por un mal momento”. Atribuyó la fragilidad del país a la demografía —una población envejecida y un mínimo histórico de nacimientos— y a un “modelo antiguo que ya no funciona”. Su diagnóstico fue contundente: “El motor se ha parado”.
Incluso desde el propio Kremlin llegó un mensaje poco habitual. Maxim Oreshkin, jefe de gabinete del Gobierno ruso, afirmó que Rusia debe asumir que las sanciones occidentales “no se levantarán” y que el país no volverá a la normalidad previa a la invasión de Ucrania. Según Oreshkin, Moscú ya se orienta hacia un nuevo paradigma económico basado en alianzas con países de África y Asia.
La economía de guerra, que durante los primeros años del conflicto impulsó artificialmente la producción industrial, muestra signos de agotamiento. La previsión de crecimiento para 2026 se ha reducido del 1,3 % al 0,4 %, y pequeños empresarios de zonas rurales —según la BBC— describen un panorama de escasez, costos crecientes y dificultades para mantener sus negocios.
Aun así, algunos ven oportunidades en el repliegue forzado de la población. Un empresario citado por la BBC asegura que las sanciones y el deterioro de la imagen internacional de Rusia han reducido drásticamente los viajes al extranjero, lo que abre espacio para desarrollar nuevos centros turísticos dentro del país.
El foro terminó con aplausos para Putin y con nuevos ataques de drones sobre San Petersburgo menos de 24 horas después. Entre el discurso oficial y las advertencias de los magnates, el mensaje que deja el “Davos ruso” es claro: la economía rusa sigue funcionando, pero cada vez más a contracorriente.
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