CUBA-CRISIS ENERGÉTICA
Estocolmo. PLC Análisis / Las declaraciones del analista ruso Igor Yushkov, profesor de la Universidad Financiera del Gobierno de Rusia y una de las figuras emergentes del nuevo círculo tecnocrático de Vladimir Putin, han puesto en evidencia algo que La Habana intenta ocultar: Cuba no solo tiene un sistema energético colapsado, sino que carece de la capacidad financiera mínima para reconstruirlo. Yushkov afirmó que Rusia es técnicamente capaz de ayudar a modernizar el sector eléctrico cubano, pero que cualquier cooperación debe estar justificada comercialmente. Su frase —“Cuba es insolvente. Que encuentren con qué pagarnos”— no es una provocación, sino un diagnóstico que desmonta la narrativa oficial de “alianzas estratégicas” y “cooperación ejemplar”.
El experto ruso detalló que Moscú podría construir nuevas plantas termoeléctricas, suministrar gas o carbón e incluso considerar una central nuclear. Pero todas esas opciones chocan con un obstáculo insalvable: Cuba no tiene cómo pagar. Yushkov mencionó fórmulas hipotéticas de compensación que revelan la magnitud del problema: intercambiar infraestructura por servicios turísticos, comprar armamento ruso o incluso permitir la instalación de una base militar con misiles en territorio cubano. Que un analista del entorno del Kremlin mencione estas alternativas muestra hasta qué punto la insolvencia cubana obliga a pensar en pagos no monetarios, políticamente sensibles y estratégicamente arriesgados.
Pero el problema energético cubano no se reduce a la reconstrucción de un parque industrial soviético envejecido. Las termoeléctricas cubanas funcionan con petróleo, y el país no tiene petróleo. La crisis actual no es solo tecnológica: es estructural. Sin combustible, ninguna modernización sirve. Y aquí aparece la pregunta que Yushkov deja flotando, pero que nadie en La Habana se atreve a formular: ¿quién va a pagar ese petróleo? Rusia podría suministrarlo, pero solo si obtiene garantías de pago. Y Cuba, atrapada en una crisis de liquidez, con deudas reestructuradas y compromisos incumplidos, no puede ofrecerlas. Entre 2006 y 2019, Moscú concedió a La Habana unos 2.300 millones de dólares en créditos; desde 2020 Cuba dejó de pagar regularmente y Rusia tuvo que aplazar los vencimientos hasta 2027.
La situación es tan grave que 106 centrales de generación distribuida están paralizadas por falta de combustible, junto con las patanas de Regla y Melones y las plantas de fueloil de Mariel y Moa. La Unión Eléctrica reporta apagones durante las 24 horas, déficits superiores a los 2.200 MW y desconexiones nacionales repetidas. El sistema no colapsa por viejo: colapsa porque no tiene qué quemar.
La Habana insiste en hablar de “modernización”, pero modernizar sin combustible es como reparar un automóvil sin gasolina. El régimen necesita inversiones extranjeras, tecnología moderna y un suministro estable de petróleo. Ninguno de esos tres elementos está disponible. Los inversores occidentales han abandonado la isla; los socios tradicionales como Venezuela ya no pueden sostenerla; y Rusia, que podría hacerlo, exige garantías que Cuba no puede ofrecer. La insolvencia no es un detalle contable: es el núcleo del problema.
La advertencia de Yushkov también incluye un elemento geopolítico: Moscú teme que un eventual acercamiento entre La Habana y Washington deje a Rusia sin capacidad de recuperar sus inversiones. En otras palabras, el Kremlin no está dispuesto a financiar un sistema energético que podría terminar beneficiando a un régimen que cambie de alineamiento político. La ayuda rusa no es automática ni ideológica: es transaccional. Y Cuba no tiene nada con qué transar.
La crisis energética cubana es más profunda que la obsolescencia de sus termoeléctricas. Es una crisis de modelo, de financiamiento, de combustible y de credibilidad. Ningún país puede reconstruir su sistema eléctrico sin dinero, sin petróleo y sin socios confiables. Y Cuba no tiene ninguno de los tres. Rusia lo ha dicho con una franqueza que desmonta décadas de retórica: la isla es insolvente. Y mientras no encuentre cómo pagar, seguirá a oscuras.
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