Estocolmo. PLC / A pesar de la propaganda del Kremlin y de las afirmaciones de que sus fuerzas avanzan de manera sostenida en Ucrania, los análisis independientes y los datos verificados sobre el terreno muestran un panorama muy distinto: las tropas rusas están pasando apuros, pierden posiciones en varios sectores del frente y sus intentos de lograr un avance decisivo han terminado en fracasos costosos. El episodio más reciente es revelador. Moscú lanzó una operación con blindados pesados para romper el punto muerto en el eje oriental, una maniobra que buscaba abrir una brecha en las defensas ucranianas y recuperar la iniciativa estratégica. La misión no solo no logró su objetivo: terminó convertida en un ejemplo más de la erosión operativa del ejército ruso.
Según el Estado Mayor ucraniano, las fuerzas de Putin fueron empujadas hacia atrás en varios tramos de la línea de contacto, especialmente en zonas donde Rusia intentó concentrar blindados para un avance rápido. Las imágenes satelitales y los informes de campo coinciden en que la operación terminó con decenas de vehículos destruidos o abandonados, incluidos tanques de última generación que Moscú había presentado como prueba de su superioridad tecnológica. La ofensiva, concebida para romper el equilibrio, terminó reforzando la percepción de que Rusia enfrenta limitaciones estructurales que ya no puede ocultar.
El fracaso del ataque con blindados se suma a una serie de problemas acumulados: escasez de munición, desgaste de unidades de élite, dificultades logísticas y una moral de combate deteriorada. Las fuerzas rusas han intentado compensar estas debilidades con ataques masivos de artillería y drones, pero Ucrania ha logrado adaptarse con rapidez, utilizando inteligencia occidental, sistemas de precisión y una movilidad táctica que ha sorprendido incluso a analistas militares experimentados. La guerra, lejos de inclinarse hacia Moscú, se ha convertido en un escenario donde cada intento ruso de avanzar termina revelando nuevas vulnerabilidades.
En paralelo, Ucrania ha intensificado sus ataques en profundidad contra depósitos de combustible, centros logísticos y bases aéreas en territorio ruso y ocupado. Estos golpes han obligado al Kremlin a redistribuir recursos y a reforzar defensas en zonas que antes consideraba seguras, debilitando aún más su capacidad de sostener operaciones ofensivas. La presión interna también crece: los informes de inteligencia europeos señalan que la economía rusa está bajo tensión extrema, con un sistema financiero sostenido artificialmente por deuda y con un creciente número de ciudadanos incapaces de pagar sus préstamos.
El Kremlin insiste en que la guerra avanza según lo previsto, pero la realidad sobre el terreno contradice esa narrativa. La operación fallida con blindados pesados es solo el último capítulo de una campaña militar que se ha vuelto cada vez más costosa y menos efectiva. Rusia buscaba un golpe decisivo; lo que obtuvo fue otra demostración de que su capacidad de romper el frente ucraniano se reduce con cada intento fallido.
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