Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Trump abre la puerta a un acuerdo con Cuba mientras aumenta la presión y se redefine el tablero hemisférico

El mensaje de Trump parece combinar dos elementos: la amenaza implícita de una presión sostenida y la oferta de una apertura negociada que permitiría a Cuba aliviar su crisis sin recurrir a un enfrentamiento militar. Foto archivo

Redacción Central

Washington. PLC |  Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, asegurando que Estados Unidos y Cuba “harán un trato” y que no será necesaria una acción militar, marcan un giro inesperado en una política que, hasta ahora, se había caracterizado por una presión creciente sobre La Habana. El mensaje, pronunciado el sábado en la Casa Blanca, llega en un momento en que el embargo petrolero impuesto por Washington ha colocado a Cuba bajo una tensión económica extrema, con apagones y escasez agravados por infraestructuras deterioradas.

Trump afirmó que su administración quiere “ayudar a Cuba” y “abrir Cuba” al pueblo estadounidense, una formulación que contrasta con su discurso ante la Asamblea General de la ONU días antes, donde calificó a la isla como “estado fallido” y prometió que “la libertad llegará” a la nación caribeña. La delegación cubana abandonó el salón durante ese discurso, en señal de protesta.

La respuesta oficial de La Habana llegó más tarde, también desde la ONU. El canciller Bruno Rodríguez declaró que Cuba está abierta al diálogo y a relaciones comerciales con empresas estadounidenses, aunque condenó con firmeza el embargo que pesa sobre el país desde hace más de seis décadas. No mencionó directamente las palabras de Trump, pero sí subrayó que Cuba defenderá su soberanía frente a cualquier intento de presión externa.

El contexto regional añade más complejidad. La política de Washington hacia Cuba está estrechamente vinculada a su estrategia en Venezuela, donde la captura de Nicolás Maduro en enero y la instalación del gobierno interino de Delcy Rodríguez han reconfigurado las relaciones hemisféricas. La propia Rodríguez se reunió con Trump en Nueva York esta semana, en su primer viaje a Estados Unidos desde que asumió el cargo. Ambos discutieron energía, minería y seguridad, en un encuentro que la presidenta interina calificó como “histórico” y orientado a “resultados concretos”.

En su discurso ante la ONU, Trump sostuvo que “cientos de presos políticos” han sido liberados en Venezuela desde la captura de Maduro, y presentó el reciente acuerdo petrolero con Caracas como “quizás el mayor acuerdo jamás firmado”. La administración estadounidense ha dejado claro que su objetivo es transformar el mapa político del Caribe y Sudamérica, y que Cuba —histórico antagonista desde 1959— es parte central de esa estrategia.

La predicción de un acuerdo entre Washington y La Habana, por tanto, no puede leerse de manera aislada. Se inscribe en una política de presión máxima que busca simultáneamente debilitar al régimen cubano, reordenar el flujo energético regional y consolidar la influencia estadounidense en un momento de transición en Venezuela. El mensaje de Trump parece combinar dos elementos: la amenaza implícita de una presión sostenida y la oferta de una apertura negociada que permitiría a Cuba aliviar su crisis sin recurrir a un enfrentamiento militar.

Para Cuba, aceptar un acuerdo con Estados Unidos implicaría navegar entre la necesidad urgente de aliviar la crisis energética y el riesgo político de ceder ante un adversario que ha declarado abiertamente su intención de cambiar el gobierno de la isla. Para Estados Unidos, un pacto con La Habana podría consolidar la estrategia regional sin recurrir a una intervención militar que Trump, al menos por ahora, descarta.

El escenario sigue siendo incierto. Las declaraciones de Trump abren una puerta, pero no definen el contenido del posible acuerdo ni las condiciones que Washington exigiría. La Habana, por su parte, insiste en el diálogo, pero rechaza cualquier negociación que implique renunciar a su soberanía. En medio de esta tensión, el futuro de Cuba se juega entre la presión económica, la diplomacia forzada y la posibilidad —todavía difusa— de un cambio histórico en las relaciones bilaterales.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *