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Cuba vuelve a culpar al embargo en la ONU mientras evita rendir cuentas por seis décadas de fracaso

Reducir la crisis cubana exclusivamente al embargo estadounidense significa, por tanto, borrar del análisis la responsabilidad de quienes han gobernado el país. Foto de archivo

Nueva York. PLC | Cuba vuelve este 27 y 28 de octubre a la Asamblea General de Naciones Unidas para protagonizar un ritual diplomático que se repite desde 1992: pedir a la comunidad internacional que condene el embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos. Será la trigésimo cuarta vez que La Habana presenta su resolución y todo indica que volverá a recibir un respaldo ampliamente mayoritario. Pero esta vez la votación encuentra a la Isla en una de las crisis más profundas de su historia reciente. Presiones, tensión y crisis marcan la votación en la ONU contra el embargo de EE.UU. a Cuba

Ese contraste será el verdadero telón de fondo del debate. Mientras el Gobierno cubano pretende situar nuevamente en Washington la responsabilidad fundamental por el desastre económico, millones de cubanos padecen apagones prolongados, escasez de alimentos y dificultades crecientes para acceder a servicios básicos. Presiones, tensión y crisis interna marcan la nueva votación de Cuba en la ONU

Sería un error, sin embargo, negar el impacto de las sanciones estadounidenses. Las restricciones encarecen operaciones financieras, dificultan transacciones internacionales y, según La Habana, han afectado también el acceso del país a suministros petroleros. El endurecimiento de la política estadounidense durante 2026 ha añadido presión sobre una economía cubana que ya se encontraba extremadamente debilitada. Presiones, tensión y crisis interna marcan la nueva votación de Cuba en la ONU

Pero reconocer esa realidad no significa aceptar el argumento fundamental de la propaganda oficial cubana: que el llamado “bloqueo” explica prácticamente todos los males del país.

El propio análisis recogido en las informaciones previas a la votación señala que la crisis tiene causas tanto externas como internas y que los errores de política económica y monetaria del régimen han agravado los problemas estructurales de Cuba. Buscará Cuba nuevamente ante la ONU el fin del embargo de EU

La confrontación comienza incluso en las palabras utilizadas para describir el conflicto.

Washington habla de “embargo”. La Habana emplea sistemáticamente “bloqueo”, una palabra políticamente mucho más poderosa porque transmite la imagen de una isla completamente cercada e imposibilitada de comerciar con el exterior. Naciones Unidas, por su parte, clasifica estas políticas como medidas coercitivas unilaterales. Presiones, tensión y crisis marcan la votación en la ONU contra el embargo de EE.UU. a Cuba

El origen formal de las sanciones se remonta al 3 de febrero de 1962, cuando el presidente John F. Kennedy firmó la orden ejecutiva 3447 que estableció el embargo estadounidense contra Cuba. Presiones, tensión y crisis marcan la votación en la ONU contra el embargo de EE.UU. a Cuba

Desde entonces, la política ha sufrido numerosas modificaciones, mientras La Habana ha convertido su eliminación en uno de los grandes objetivos de su diplomacia internacional.

Desde 1992, las resoluciones cubanas han obtenido entre 165 y 189 votos favorables. Estados Unidos e Israel han votado habitualmente en contra. La excepción ocurrió en 2016, en pleno acercamiento promovido por Barack Obama, cuando ambos países se abstuvieron. Presiones, tensión y crisis marcan la votación en la ONU contra el embargo de EE.UU. a Cuba

Pero existe un detalle jurídico frecuentemente relegado por la propaganda que acompaña cada votación: las resoluciones de la Asamblea General no tienen carácter vinculante. Por abrumadora que sea la mayoría obtenida por Cuba, Naciones Unidas no puede obligar mediante esta resolución a Estados Unidos a levantar las sanciones. Presiones, tensión y crisis marcan la votación en la ONU contra el embargo de EE.UU. a Cuba

La Habana llegará además a Nueva York con cifras extraordinariamente altas. Su informe estima en 8.056 millones de dólares los daños provocados por las sanciones entre marzo de 2025 y febrero de 2026, la cifra anual más elevada de sus propios registros, y eleva las pérdidas acumuladas durante más de seis décadas por encima de los 178.700 millones de dólares. Son cálculos del Gobierno cubano, no estimaciones independientes, una distinción importante a la hora de presentarlos. Presiones, tensión y crisis interna marcan la nueva votación de Cuba en la ONU

Pero este año La Habana no solamente denuncia las sanciones. Acusa a la Administración de Donald Trump de intentar reducir activamente el tradicional respaldo que recibe Cuba en Naciones Unidas.

El canciller Bruno Rodríguez ha denunciado “presiones extremas e inéditas” de Washington sobre otros países para modificar su voto. Según el Gobierno cubano, esas presiones incluirían amenazas relacionadas con aranceles, visados, sanciones y programas de cooperación. Son acusaciones de La Habana que deben ser presentadas como tales mientras no exista confirmación independiente de todos sus extremos. Cuba acusa a Trump de presionar votos en la ONU

Washington puede mantener sanciones, endurecerlas y tratar de aislar políticamente a la dictadura cubana. Pero cada vez que la Asamblea General vota por mayoría contra el embargo, La Habana recibe una victoria diplomática que utiliza para reforzar su principal narrativa: Cuba sería la víctima de Estados Unidos y no de las políticas aplicadas durante más de seis décadas por su propio sistema.

Ahí reside el problema de fondo que la votación de Naciones Unidas difícilmente resolverá.

El embargo existe y tiene consecuencias económicas. Pero también existe un sistema político y económico cubano que concentra las principales decisiones en el Estado, restringe las libertades políticas y económicas y ha sido incapaz durante décadas de generar suficiente productividad y prosperidad. Las informaciones previas a la votación reconocen explícitamente que las fallidas políticas económicas y monetarias nacionales agravaron los problemas estructurales de la economía cubana. Buscará Cuba nuevamente ante la ONU el fin del embargo de EU

Reducir la crisis cubana exclusivamente al embargo estadounidense significa, por tanto, borrar del análisis la responsabilidad de quienes han gobernado el país.

Pero tampoco debería confundirse la crítica al régimen con la defensa automática de cualquier política estadounidense. Si Washington pretende que su estrategia contribuya realmente a una transformación democrática de Cuba, tendrá que demostrar que las medidas adoptadas presionan a las estructuras de poder y no terminan simplemente agravando las condiciones de vida de una población que carece de capacidad para decidir la política de su Gobierno.

Ese es precisamente el dilema que vuelve a aparecer este martes en Naciones Unidas.

La Habana intentará conseguir otra gran mayoría diplomática contra el embargo. Probablemente la obtendrá. Washington defenderá una política que considera instrumento legítimo de presión contra el régimen. Y después de la votación cada Gobierno proclamará sus propios argumentos.

Sin embargo, probablemente nada cambiará al día siguiente para el ciudadano cubano.

La resolución de Naciones Unidas no obligará a Washington a retirar el embargo. Las sanciones tampoco corregirán por sí mismas los errores estructurales del modelo cubano. Y una nueva victoria diplomática de La Habana no devolverá la electricidad, los alimentos ni la prosperidad perdida.

Ese es el dato político que ninguna votación puede ocultar: Cuba necesita algo mucho más profundo que la desaparición del embargo. Necesita recuperar libertades, reconstruir sus instituciones y transformar un modelo económico y político que lleva décadas demostrando su incapacidad para ofrecer a los cubanos un país en el que puedan vivir con dignidad.

La revisión refuerza deliberadamente dos ideas: distinguir los efectos reales de las sanciones de la utilización propagandística que hace La Habana de ellas, y dejar claro que las cifras de pérdidas son estimaciones oficiales cubanas, no hechos económicos comprobados independientemente.


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