Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Ucrania golpea el corazón económico de Rusia: los ataques a Wildberries abren un nuevo frente en la guerra

Aunque la empresa no forma parte formal del aparato militar, su papel como proveedor indirecto de equipamiento bélico está documentado. Organizaciones “voluntarias” rusas —muchas de ellas vinculadas a estructuras estatales— han recaudado fondos para comprar material en Wildberries y enviarlo a las tropas. Foto captura medios sociales.

Kiev. PLC / Los ataques ucranianos contra los almacenes de Wildberries, el gigante del comercio electrónico ruso, ya no pueden interpretarse como episodios aislados. En apenas dos semanas, varios centros logísticos han sido alcanzados por drones de largo alcance, y el último ataque —la noche del martes— dejó al menos cinco muertos. Lo que está ocurriendo revela un cambio estratégico profundo: Ucrania ha decidido llevar la guerra al interior de Rusia, no solo contra infraestructura militar, sino contra los pilares económicos y psicológicos que sostienen la vida cotidiana del país.

Wildberries es, en términos prácticos, el “Amazon ruso”. Fundada y controlada por Tatiana Kim, la mujer más rica del país, la empresa domina el comercio electrónico con una facturación que ha crecido más de un 1 000 % desde 2021. Su plataforma vende de todo: ropa, electrodomésticos, productos para el hogar y, hasta hace muy poco, equipamiento directamente vinculado a la guerra. Durante meses, Wildberries mantuvo una sección específica titulada “Todo para la SVO”, la abreviatura oficial de la “operación militar especial” en Ucrania. Allí se ofrecían chalecos antibalas, componentes para drones, material táctico y otros productos utilizados por soldados rusos en el frente.

Aunque la empresa no forma parte formal del aparato militar, su papel como proveedor indirecto de equipamiento bélico está documentado. Organizaciones “voluntarias” rusas —muchas de ellas vinculadas a estructuras estatales— han recaudado fondos para comprar material en Wildberries y enviarlo a las tropas. Tras los primeros ataques ucranianos, la pestaña dedicada a la guerra desapareció del sitio web, pero los productos siguen disponibles. Para Kiev, esto es suficiente para considerar a Wildberries un objetivo legítimo dentro de la lógica de la guerra moderna: golpear la infraestructura que sostiene la capacidad militar del adversario, aunque esté camuflada bajo apariencia civil.

La dimensión política es igualmente relevante. Tatiana Kim es una aliada conocida de Vladimir Putin y figura en las listas de sanciones de Ucrania y Polonia. Su fortuna, estimada en más de 8 000 millones de dólares, se ha construido en un entorno donde el éxito empresarial a gran escala suele implicar proximidad al poder. Atacar Wildberries es, por tanto, atacar a una pieza clave del ecosistema económico y político del Kremlin.

Pero hay otro elemento que explica el momento elegido por Ucrania: la venganza. Hace pocas semanas, Rusia atacó instalaciones de Nova Poshta, la mayor empresa postal privada de Ucrania, destruyendo centros logísticos y causando víctimas civiles. Golpear Wildberries es una respuesta simétrica, un mensaje claro de que la guerra ya no se librará solo en territorio ucraniano.

El impacto social en Rusia es profundo. Miles de pequeños empresarios dependen de Wildberries para vender sus productos. Muchos de ellos han vivido la guerra como un fenómeno lejano, algo que ocurre en el Donbás o en ciudades ucranianas bombardeadas, pero no en Moscú o San Petersburgo. Ahora, la guerra ha llegado a sus almacenes, a sus inversiones, a sus fuentes de ingresos. La empresaria Tatiana Mijáilova lo expresó con crudeza al saber que su depósito con 4 000 abrigos de piel había ardido por completo: “No es solo un almacén el que arde. Es todo el tiempo, todo el dinero, toda la esperanza. Ahora mismo solo siento un gran vacío”.

Ese vacío es, precisamente, parte del objetivo estratégico de Ucrania. Zelenski y su equipo buscan romper la burbuja de normalidad que ha protegido a la población rusa durante más de cuatro años de guerra. Quieren que los ciudadanos que han seguido con sus vidas como si nada —comprando en línea, viajando, consumiendo— experimenten la vulnerabilidad que los ucranianos han sufrido desde 2022. Quieren que la guerra deje de ser un espectáculo televisado y se convierta en una realidad tangible.

Los ataques a Wildberries marcan un punto de inflexión. Ucrania ha demostrado que puede golpear infraestructura civil de alto valor económico en el interior de Rusia, y que está dispuesta a hacerlo para alterar la percepción pública del conflicto. Para Moscú, esto abre un frente incómodo: proteger no solo bases militares y refinerías, sino también centros logísticos, almacenes comerciales y nodos de distribución que sostienen la vida diaria de millones de personas.

La guerra entra así en una fase donde la retaguardia rusa deja de ser un espacio seguro. Y cada almacén que arde, cada negocio que se paraliza, cada empresario que descubre que la guerra ha tocado su puerta, acerca el conflicto a la sociedad rusa de una manera que el Kremlin no puede controlar del todo.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *