Estados Unidos negó este miércoles haber autorizado a la empresa estadounidense Vanguard Energy a enviar combustible a Cuba, desmintiendo así los reportes que, desde el martes, daban por hecho el mayor suministro de gasolina y diésel hacia la isla en más de seis décadas. La aclaración, emitida por el Departamento de Estado y difundida por la periodista Nora Gámez Torres, introduce un giro inesperado en una operación que La Habana daba prácticamente por confirmada.
Según la declaración oficial, “Vanguard Energy no ha recibido ninguna licencia de EE UU para esta transacción”, y las sanciones de la Administración Trump continúan plenamente vigentes mientras no exista una autorización específica en sentido contrario. La precisión desmonta la narrativa que había circulado horas antes, cuando medios como Miami Herald y Bloomberg informaron que la compañía, con sede en Coral Gables, había firmado un acuerdo para utilizar instalaciones de almacenamiento de CUPET, la empresa estatal cubana, y enviar cargamentos de más de 250.000 barriles por viaje, destinados supuestamente al sector privado, organizaciones humanitarias y embajadas.
La operación, descrita por Bloomberg como el mayor envío de combustible estadounidense a Cuba desde la era Eisenhower, quedaría ahora en suspenso. Washington subraya que, sin una licencia o guía aplicable, ninguna empresa puede presentar la operación como autorizada, especialmente si implica infraestructura estatal cubana, un punto que eleva el nivel de escrutinio y riesgo regulatorio.
La contradicción entre agencias estadounidenses añade complejidad al escenario. Mientras el Departamento de Comercio abrió en febrero una vía regulatoria para exportaciones de combustible al sector privado cubano bajo la excepción “Apoyo al Pueblo Cubano”, el Departamento de Estado insiste en que las sanciones siguen intactas. Vanguard Energy sostiene que no necesita una licencia individual; Washington, por ahora, dice lo contrario.
El desmentido llega en plena crisis energética en Cuba, marcada por apagones prolongados, caída del suministro venezolano y un deterioro acelerado de los servicios básicos. La posibilidad de un flujo estable de combustible desde Estados Unidos había generado expectativas entre actores privados y diplomáticos en La Habana. La aclaración de Washington devuelve la situación al punto de partida: ningún envío está autorizado y cualquier operación futura dependerá de una decisión política que, por ahora, no parece inminente.
Como siempre en asuntos sensibles de política internacional, conviene contrastar esta información con fuentes oficiales y medios de referencia.
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