La nueva sanción de Estados Unidos contra la estatal CUPET —eje del monopolio del combustible en la Isla— ha desencadenado una de las reacciones más virulentas del Gobierno cubano en los últimos años. El canciller Bruno Rodríguez calificó al secretario de Estado, Marco Rubio, como “de lo más agresivo, inculto y rabioso entre los enemigos de Cuba”, en un ataque frontal que refleja la gravedad del momento político y energético que atraviesa el país.
La medida, anunciada por el Departamento de Estado bajo la Orden Ejecutiva 14404, coloca a Unión Cuba‑Petróleo en la lista de entidades sancionadas por la OFAC. Washington sostiene que el régimen ha utilizado durante décadas el control del combustible como herramienta de represión y como fuente de enriquecimiento para la élite gobernante, desviando recursos hacia los aparatos militar, de inteligencia y seguridad mientras la población sufre apagones interminables y escasez crónica. Rubio afirmó que la energía ha sido empleada “como un arma” por el Gobierno comunista, y que la cúpula ha acaparado el combustible para su propio beneficio.
La Habana respondió con un tono inusualmente personalista. Rodríguez acusó a Rubio de actuar movido por “ambiciones de conquista” y “sentimientos vengativos”, mientras el viceministro Carlos Fernández de Cossío denunció un “castigo colectivo” contra la nación. La diplomática Johana Tablada se sumó a las críticas, acusando a Washington de mentir “con impunidad” y de arrastrar a la región hacia una confrontación innecesaria.
Mientras el Gobierno cubano denuncia un “cerco energético” y habla incluso de “genocidio económico”, los legisladores republicanos Mario Díaz‑Balart, Rick Scott y Carlos Giménez celebraron la sanción y coincidieron en que la Administración Trump continuará incrementando la presión sobre La Habana. Para ellos, el golpe a CUPET es un paso necesario para limitar la capacidad del régimen de sostener su aparato represivo y de financiarse mediante redes opacas de comercio energético.
La ofensiva diplomática de La Habana, sin embargo, no altera el rumbo marcado por Washington. La inclusión de CUPET en la lista negra no solo afecta a la empresa, sino que complica cualquier operación internacional vinculada al suministro de combustible hacia la Isla. En un país donde la energía se ha convertido en el termómetro más visible del colapso económico, el impacto político de esta sanción será profundo.
La crisis energética, que ya condiciona la vida cotidiana de millones de cubanos, entra así en una nueva fase: la de la confrontación abierta entre un régimen debilitado y una Casa Blanca decidida a cerrar todas las vías de oxígeno financiero. Y en ese pulso, CUPET —hasta ahora un actor silencioso— se convierte en el epicentro de una disputa que redefine el tablero geopolítico de Cuba.
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