La Habana. PLC/ Cuba recibió apenas 359.491 turistas entre enero y mayo, una caída del 58% respecto al mismo periodo del año anterior que confirma el derrumbe de uno de los pilares históricos de la economía nacional. La cifra, muy por debajo de cualquier proyección oficial, refleja un sector paralizado por la salida de grandes cadenas hoteleras, la escasez de combustible y la incapacidad del Estado para sostener operaciones básicas en aeropuertos y polos turísticos.
La retirada de Meliá, Iberostar, Blue Diamond y Archipiélago, que han dejado de operar o comercializar decenas de hoteles, ha provocado un vacío sin precedentes en la oferta internacional de la isla. La pérdida de estas marcas, que durante años sostuvieron la imagen turística de Cuba en Europa y Canadá, ha reducido la visibilidad del destino en los principales mercados emisores y ha debilitado la confianza de los operadores extranjeros. A ello se suma la crisis energética, que ha obligado a cancelar vuelos, limitar servicios y cerrar instalaciones por falta de combustible.
El impacto laboral es severo. Entre 20.000 y 30.000 trabajadores del sector turístico —desde camareros y cocineros hasta guías, recepcionistas y personal técnico— se encuentran afectados por cierres, reducciones de jornada o reubicaciones forzosas. En varias provincias, empleados han denunciado que pasan semanas sin recibir asignaciones de trabajo, mientras hoteles parcialmente operativos funcionan con plantillas mínimas y servicios recortados.
La caída del turismo golpea directamente la economía doméstica, ya debilitada por la inflación, los apagones y la escasez de alimentos. El sector, que durante años aportó divisas esenciales para sostener importaciones y programas sociales, atraviesa su momento más crítico desde los años noventa. La combinación de crisis energética, aislamiento internacional y pérdida de socios estratégicos coloca a Cuba en un escenario de difícil recuperación, con efectos que se extenderán más allá de la temporada alta.
El régimen insiste en que se trata de un ciclo temporal y que nuevas alianzas permitirán relanzar el sector, pero los datos de los primeros cinco meses del año muestran una tendencia estructural que no se revierte con campañas de promoción ni con ajustes administrativos. El turismo, durante décadas presentado como motor de desarrollo, se ha convertido en el termómetro más visible del deterioro económico del país.
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