Pulsa «Intro» para saltar al contenido

UCRANIA Y LA NUEVA REALIDAD GEOPOLÍTICA

Portrait of four armed Ukrainian soldiers looking in the camera

Por Pedro Valdés Madán

Estocolmo. PLC Análisis — Hace poco más de un año, el 28 de febrero de 2025, ocurrió un inusitado desencuentro diplomático en la Casa Blanca. La reunión programada entre el presidente ucraniano Vladimir Zelensky y Donald Trump terminó abruptamente, pues Zelensky expresó abiertamente que Vladimir Putin era un criminal que había invadido a su país y solicitó apoyo y garantías de Estados Unidos antes de ratificar el acuerdo de las “tierras raras”.

A Donald Trump no le gustó esa actitud del ucraniano y exigió entonces que Zelensky declarara que deseaba la paz bajo las condiciones que imponía Rusia, en lugar de estar diciendo cosas negativas sobre Putin.

Trump, que en su campaña electoral prometió decenas de veces que terminaría la guerra en 24 horas y con solo una llamada telefónica, declaró literalmente:

“Sólo quiero llegar a un acuerdo, y si se llega a un acuerdo, bien. Pero no se puede envalentonar a alguien que no tiene las cartas para hacerlo y que, de repente, esa persona diga: “Bueno, ahora puedo seguir luchando”.

Los norteamericanos no vamos a seguir participando. Vamos a terminar la guerra o los dejaremos a los ucranianos y veremos qué pasa, los dejaremos luchar solos”.

Lo que ocurrió posteriormente a ese desafortunado incidente es conocido.

Trump decidió hacer negocio con la guerra de Ucrania y a partir de ahí, todo el armamento que Estados Unidos envía a ese país debe ser pagado por la Unión Europea.

“Yo prometí, dijo Trump, sacar a mi país de las guerras en otras regiones y lo cumplo.

La guerra de Ucrania es un problema de Europa. El inmenso océano Atlántico nos separa y protege de esas realidades”.

Como colofón de la visión de Trump de la guerra y sus prioridades y simpatías, Putin fue invitado y recibido con alfombra roja en los Estados Unidos.

La cumbre “Alaska 2025”, también conocida como cumbre Trump-Putin, fue una reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladímir Putin realizada el 15 de agosto de 2025 en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson, en Anchorage, Alaska, Estados Unidos.

A pasado más de un año de esos acontecimientos y mucho a variado en la geopolítica mundial. Ucrania no ha cedido a la voluntad invasora de Putin, ha resistido y ahora es Rusia la que está siendo atacada dentro de su territorio en sectores estratégicos.

Ucrania ha destruido con sus variados drones las fábricas de producción de gasolina y diésel situadas en la parte europea de Rusia, lo que ha provocado que este país, que vive de exportar hidrocarburos, se vea obligado a comenzar a importar gasolina desde la India.

Debe tenerse en cuenta que el verano ruso es corto y debe proveer los cereales y hortalizas que la población rusa necesita para su alimentación durante el largo invierno ruso. Sin combustible, la producción agrícola comienza a colapsar, lo que provoca críticas y protestas en la población.

Los drones ucranianos han entrado y golpeado a miles de kilómetros dentro de la Federación Rusa y aparece un nuevo escenario que cambia radicalmente la realidad geopolítica.

Resulta que quien tiene techo de cristal, no debe lanzar piedras al tejado de sus vecinos.

Putin ha amenazado innumerablemente con usar el arma nuclear contra Ucrania y los países democráticos que la apoyan.

Ahora, debido al desarrollo tecnológico que le posibilita a Ucrania atacar a Rusia dentro de su territorio con drones y misiles de largo alcance, de tipo “Flamingo”, y la incapacidad manifiesta que muestra la defensa antiaérea rusa, ha surgido una amenaza real para Putin.

Las dos ciudades más importantes de Rusia, Moscú y Sankt Petersburg han recibido múltiples ataques con drones ucranianos, y los medios de defensa antiaérea rusos son ineficaces e insuficientes.

Ucrania ha resistido al coste de más destrucción y muerte de sus ciudadanos, pero esa indomable capacidad, sumado a la innegable inteligencia tecnológica que posee, le da la posibilidad de, sin tener armas nucleares, dar un golpe nuclear a Rusia.

Suena increíble, pero es completamente cierto.

¿Alguien recuerda Chernobyl?

En el extenso territorio de la Federación Rusa funcionan 11 inmensas centrales atómicas, que poseen 36 bloques de producción de energía nuclear, que en su conjunto manipulan 5 500 toneladas de uranio radiactivo.

Existen además innumerables empresas militares dedicadas al desarrollo de armas nucleares que también poseen cantidades considerables de material radiactivo.

Todos esas industrias atómicas se han convertido en vulnerables objetivos estratégicos, que pueden ser alcanzadas por los nuevos y variados drones y cohetes Flamingo ucranianos, lo que provocaría una inmensa catástrofe nuclear.

Ante esa nueva realidad se encuentra hoy Vladimir Putin y el resto del mundo.

Ucrania es cada vez menos dependiente de la ayuda militar norteamericana, Europa ha consolidado su apoyo y colaboración militar con Kiev y Zelensky ha demostrado en la práctica que sí ha tenido y tiene cartas, quizás catastróficas cartas para enfrentar al invasor ruso.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Los comentarios están cerrados.