CUBA-CRISIS SOCIAL
Por Antonio Suárez Fonticiella – Prensa Libre Cuba
6 minutos de tiempo de lectura.
La Habana. PLC, Opinión | Durante décadas, la salud pública fue presentada como uno de los principales logros del sistema cubano. La extensa red de hospitales, policlínicos, consultorios y profesionales permitió construir la imagen de una cobertura sanitaria universal que aún forma parte del discurso oficial. Pero hoy resulta inevitable formular una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando un sistema sanitario conserva médicos y hospitales, pero pierde medicamentos, insumos, equipos, mantenimiento, combustible y capacidad de respuesta?
La realidad está a la vista: farmacias vacías, hospitales con equipos fuera de servicio, pacientes obligados a conseguir por su cuenta medicamentos e insumos, y profesionales trabajando en condiciones cada vez más precarias. La OPS/OMS describe la situación como una combinación de crisis económica, escasez de suministros y migración creciente del personal sanitario, además de la falta de reactivos, materiales de laboratorio y antibióticos necesarios para enfrentar enfermedades transmisibles.
“La respuesta se observa hoy en las farmacias vacías, en hospitales con equipos fuera de servicio…”
Enfermar en una Cuba con menos recursos
El problema no es la ausencia de una pastilla específica. Cuba enfrenta simultáneamente enfermedades crónicas, respiratorias y transmitidas por vectores. En 2025 se registraron más de 30.000 casos sospechosos de dengue y 19 muertes, mientras el chikungunya produjo 51.000 casos sospechosos y 46 fallecimientos, según la OPS. A ello se suma la transmisión de Oropouche, que en 2024 dejó 626 casos confirmados y 119 con manifestaciones neurológicas, incluidos síndrome de Guillain-Barré y meningoencefalitis.
A la carga de enfermedades transmisibles se añaden las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las respiratorias crónicas, todas dependientes de tratamientos continuos que se vuelven inviables cuando la cadena de suministro se rompe.
El hospital que ya no tiene todo lo necesario
La crisis no se limita a las farmacias. En 2026, Human Rights Watch documentó hospitales con infraestructura deteriorada, falta de agua corriente, pacientes llevando sus propias sábanas y ventiladores, y equipos esenciales fuera de servicio. En un hospital pediátrico faltaban ultrasonido, rayos X y electrocardiograma; incluso un analizador de gases sanguíneos estaba roto.
Reuters confirmó en marzo de 2026 la presión sobre los hospitales: apagones, escasez de recursos y una reducción drástica de la actividad quirúrgica. Las operaciones anuales pasaron de 1,2 millones a 700.000, mientras el combustible se convertía en un obstáculo adicional.
Un hospital no funciona solo con médicos. Requiere enfermeros, técnicos, anestesiólogos, laboratoristas, ingenieros, mantenimiento, electricidad, agua, transporte, reactivos y piezas de repuesto. Sin esa cadena logística, la infraestructura se convierte en un cascarón.
COVID-19: el oxígeno como síntoma de fragilidad
La pandemia dejó una imagen reveladora. En agosto de 2021, en pleno auge de la variante Delta, la principal planta cubana de oxígeno medicinal sufrió una avería. OxiCuba concentraba el 95 % de la producción nacional. La falla dejó al país dependiendo de reservas y de una planta menor, justo cuando miles de pacientes necesitaban oxígeno simultáneamente.
UNICEF gestionó en septiembre de 2021 la adquisición de una nueva planta generadora de oxígeno de 50 m³/h para apoyar la respuesta cubana. La lección es clara: no basta con haber construido infraestructura décadas atrás; hay que mantenerla, modernizarla y garantizar tecnología, combustible y piezas de repuesto.
¿Falta de medicamentos o falta de capacidad para conseguirlos?
El debate suele reducirse a una palabra: bloqueo. Ignorar el impacto de las sanciones estadounidenses sería incorrecto, pero explicarlo todo por ellas también lo es.
Las regulaciones de EE. UU. incluyen excepciones para exportar medicamentos y dispositivos médicos a Cuba. OFAC mantiene un marco específico para ello, y el Departamento de Estado reconoce exportaciones humanitarias históricas.
“Las propias regulaciones estadounidenses establecen excepciones… OFAC mantiene un marco específico…”
Sin embargo, las restricciones financieras, las condiciones de pago, las dificultades bancarias y el temor de empresas a operar con Cuba complican las compras. Incluso cuando un medicamento está autorizado, conseguirlo, financiarlo y transportarlo puede ser otra historia.
Una explicación seria debe evitar los extremos: ni negar los efectos del embargo, ni convertirlo en la explicación automática de cada carencia.
El dato que no se puede ignorar
En 2026, el propio Gobierno reconoció que solo 30 % del cuadro básico de medicamentos esenciales estaba disponible. Human Rights Watch encontró farmacias prácticamente vacías en La Habana.
La escasez ha generado un fenómeno impensable hace pocos años: un mercado paralelo de medicamentos. Los cubanos buscan antibióticos y tratamientos para enfermedades crónicas a través de particulares, redes sociales y vendedores informales. La prensa estatal ha reconocido esta expansión.
Ese mismo año, las autoridades comenzaron a permitir que formas privadas de gestión administraran farmacias e importaran medicamentos, aunque bajo control estatal. EFE informó que se evaluaban decenas de proyectos y que las importaciones debían realizarse mediante empresas estatales autorizadas.
La pregunta es inevitable: Si los medicamentos pueden llegar por vías privadas o informales, ¿por qué no están disponibles de manera regular en el sistema público?
La respuesta no puede ser solo “el bloqueo”. También hay que hablar de divisas, producción nacional, materias primas, gestión, distribución, centralización, mantenimiento industrial e infraestructura.
Dos verdades que pueden coexistir
Primera: las sanciones estadounidenses generan obstáculos reales. Segunda: Cuba enfrenta problemas internos que no comenzaron ayer.
La OPS señala la crisis económica, la escasez de suministros y la migración del personal sanitario como factores que presionan al sistema. Incluso en áreas donde Cuba conserva fortalezas, los indicadores muestran tensiones: en 2025 la mortalidad infantil subió a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos, frente a 7,1 en 2024.
La pregunta es más profunda: ¿Puede sostenerse indefinidamente un sistema sanitario cuyos hospitales envejecen, cuyos equipos se deterioran, cuyos medicamentos faltan y cuyos profesionales emigran o abandonan la profesión?
La salud no puede convertirse en una discusión ideológica
Un enfermo de cáncer no necesita una explicación política. Un niño con fiebre tampoco. Un diabético necesita insulina. Un hipertenso necesita su tratamiento. Un paciente grave necesita oxígeno. Un hospital necesita agua, electricidad, anestesia y equipos funcionando.
Detrás de cada cifra hay una persona. Detrás de cada medicamento que falta hay un paciente que espera.
La crisis sanitaria cubana exige un análisis más profundo que repetir consignas. El embargo forma parte de la ecuación, pero también las decisiones económicas internas, el modelo de gestión, la inversión en infraestructura, el mantenimiento, la producción nacional, la distribución y la retención del personal médico.
La verdadera pregunta no es quién gana la discusión política. La pregunta es quién está pagando el precio de que el sistema sanitario no consiga garantizar lo más básico: el medicamento, el diagnóstico, el tratamiento y los recursos necesarios para sobrevivir.
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