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Pío Serrano, 85 octubres de un raro cubano

Foto de Pío E. Serrano cortesia de CCP

Por Carlos Cabrera Pérez

Madrid. PLC | Aviso para navegantes: esta nota carece de objetividad  porque está contaminada por el cariño y admiración que siento por Pío E. Serrano Castellanos, un raro cubano que vive en el goce de la discrepancia desde que el castrismo lo desterró y ha hecho de su cultura ciclópea una seña de identidad bondadosa, que provoca sin herir y conquista sonrisas con ese humor de oriental empecinado en cuatro pilares: la cultura sin fronteras, la pelota, los chicharrones y los libros.

Pío nació en San Luis, Oriente, el 27 de octubre de 1941, luego se mudó a Güines por un traslado laboral de su padre y entre ambos ganaron un concurso de conocimientos en televisión, que les valió una casa en San José de las Lajas; escalas intermedias de un viaje vital que lo llevó a la Literatura, el Derecho, el Vedado, Marianao y al destierro a Madrid, en 1974; tras ser devuelto desde el aeropuerto en dos ocasiones, pese a haber cumplido cuatro años de castigo, cortando caña en la zona de Limonar.

Para un currículum de eventos, bastaría poner que es exiliado, poeta, editor y promotor cultural; pero sería un retrato inexacto porque Pío vive -desde chiquitico- en la patria de las palabras; un territorio que -en su serena convicción- no admite etiquetas ideológicas ni límites geográficos.

En 1990 fundó, junto con Aurora Calviño; su Ángel de la guarda, la editorial Verbum, desde la que contribuyó a difundir literatura, ensayo y teatro y a mantener en circulación la obra de numerosos autores cubanos repartidos por la plural geografía exiliada; privados de sus lectores naturales e ignorados por editoriales eclipsada por la fantasía de la Revolución carismática y -en fecunda madurez- bateó un jonrón con las bases llenas al ser el primer editor de la mejor literatura coreana en español; hasta ese momento, víctima de malas traducciones del inglés.

A sus 56 años, se puso a estudiar coreano, el único idioma del Lejano Oriente con alfabeto propio (hangeul) y que data del siglo XV, y su excelencia fue premiada oficialmente por Seúl y reconocida por la prestigiosa Fundación Lotte, en 2019; viaje que aprovechó para hacer una excursión de dos días al manicomio Corea del Norte.

Pío ha conjugado su inmensa labor cultural con un compromiso irrenunciable con la libertad de Cuba y la solidaridad -siempre discreta- con cubanos de todas las edades llegados a Madrid, antes, durante y después de la caída del Muro de Berlín; ciudad que planeó recorrer para un retrato de los años 30 que nunca concretó, como tampoco viajó a Alaska a ganar la plata necesaria para crear una gran editorial en Madrid, junto al desaparecido Agenor Martí quien -junto con José Catalán y otros pocos amigos- permaneció a su lado, cuando rompió con el castrismo y pidió irse.

Como editor, sabe que un buen libro sobrevive a las rupturas, los desafíos, la fealdad, la amargura y hasta las malas mañas de quienes pretenden decidir qué voces merecen ser escuchadas, qué letras deben ser leídas y esa certeza la ha llevado hasta las últimas consecuencias, sin caer en la trampa decadente de las dos orillas. Pío ha construido un espacio insoslayable para la cultura cubana, aún atrapada en sus contradicciones, sensibilidades distintas y debates pendientes.

Ochenta y cinco otoños invitan a celebrar una vocación sostenida por la vanguardia auténtica, la que se reconoce como parte de un corpus inseparable de la nación porque la cultura no es patrimonio exclusivo de unos ni de otros, sino espacio de abrigo y encuentro.

Feliz cumpleaños, hermanito grande. Que la poesía siga siendo casa, cháchara y libertad; sin perder la mala costumbre de adentrarnos por la campiña castellana en busca de una pagoda de chicharrones humeantes, que es la mejor síntesis entre tu apetito de guajiro con polainas y machetín que cruje y tu pasión por todo lo oriental; incluido El Vedado, ese barrio que te deslumbró por su trazado octogonal; salpicado de mansiones y rascacielos que siguen la rutina del abecedario D H K O… y la cábala de la charada 17 23 4 12…

Y como postal de felicitación, tan del reino de la poesía, como proclamaba tu amigo Gastón Baquero; otro transterrado luminoso y jodedor, dejo aquí estos versos tuyos porque si difícil es conseguir un lead que atrape, más peor, es cerrar sin fatiga, así que me aprovecho de tu lírica para abrazarte.

Calladamente renunció

a reproches y ademanes,

tal como sí hacen

los exiliados habituales.

Y aunque en el calendario

se borró la fecha del viaje,

su voz sigue despierta en el talle

 vegetal de los anhelos.

Pero no esperéis

su vuelta del todo, porque

ya en ningún lugar se ve.

De tanto estar fuera, es un ser

que avanza marcando

su destino en la rota claridad

de todas partes.


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