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Cinco poetas cubanas de Nueva York reunidas en “Indómitas al sol”

Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas e Iraida Iturralde, cinco escritoras que hicieron de la distancia, la memoria, el cuerpo y la transformación personal materias de una poesía que forma parte indiscutible de la literatura cubana. Imagen creada por IA| © PLC

Por Humberto López y Guerra -Prensa Libre Cuba – Reseña

Estocolmo. PLC | Hay libros que reúnen poemas y otros que reconstruyen un territorio literario. Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York, antología crítica preparada por Felipe Lázaro, pertenece a esta segunda categoría. Sus páginas reúnen a Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas e Iraida Iturralde, cinco escritoras que hicieron de la distancia, la memoria, el cuerpo y la transformación personal materias de una poesía que forma parte indiscutible de la literatura cubana.

Publicada originalmente por Editorial Betania y el Centro Cultural Cubano de Nueva York en 2011, la obra regresó en una segunda edición fechada el 24 de febrero de 2025. La nueva publicación conserva un prólogo de Odette Alonso Yodú, ensayos críticos de Elena M. Martínez y Perla Rozencvaig, y un estudio epilogal de Mabel Cuesta. Los textos críticos tuvieron su origen en la conferencia Poetas cubanas de Nueva York: A veinte años de una antología, celebrada en Baruch College, City University of New York, el 12 de marzo de 2010.

Pero el interés de Indómitas al sol va mucho más allá de su condición de antología. El libro obliga a preguntarnos dónde termina una literatura nacional. ¿En las fronteras de un país? ¿En la lengua? ¿En la memoria? ¿Puede excluirse de la historia de la literatura cubana una poesía simplemente porque fue escrita en Nueva York, Madrid, Miami o México?

En el caso cubano, la pregunta tiene un peso particular. El destierro no constituye una anomalía reciente de su literatura. Odette Alonso establece en el prólogo una genealogía que se remonta a Gertrudis Gómez de Avellaneda y alcanza también a José María Heredia y José Martí. Es decir, algunas de las figuras fundamentales del canon cubano escribieron parte importante de su obra lejos de Cuba.

De ahí una de las ideas centrales del volumen: el mapa de la poesía cubana desborda inevitablemente el mapa físico de la isla.

Pero existe además una dimensión especialmente incómoda para la historia cultural oficial cubana. Odette Alonso recuerda que, aun después de haber estudiado Filología en la Universidad de Oriente, desconocía buena parte de la literatura cubana producida fuera del país, y que fue después de emigrar a México cuando descubrió la amplitud de esa creación. Su testimonio pone de relieve el efecto que ha tenido la exclusión de numerosos escritores emigrados sobre la comprensión dentro de Cuba de su propia literatura.

En este punto Indómitas al sol adquiere una significación que supera la estrictamente literaria. Recuperar a estas escritoras significa también recomponer una cultura cubana fragmentada durante décadas entre la isla y la diáspora.

Las cinco autoras comparten Cuba, el desplazamiento y la relación con Nueva York, pero sus poesías siguen caminos notablemente distintos. Una reseña aparecida en Insularis Magazine recuerda además que las cinco pertenecen a una misma generación, salieron jóvenes de Cuba, se formaron literariamente y publicaron inicialmente en Estados Unidos, escribieron en español y estuvieron vinculadas al área metropolitana neoyorquina.

Magali Alabau lleva al poema las fracturas de la identidad y el enfrentamiento con el propio yo. El espejo, el cuerpo y el desdoblamiento adquieren en su escritura una inquietante dimensión psicológica. No se trata únicamente de hallarse lejos de Cuba, sino de descubrir que la distancia puede instalarse dentro de uno mismo.

En Alina Galliano el cuerpo femenino ocupa, en cambio, un territorio central. Deseo, autonomía y transformación convierten a la mujer en sujeto de su propia experiencia. La naturaleza y la geografía acompañan esa búsqueda, pero ya no como decorado, sino como extensión del mundo íntimo.

Lourdes Gil, fallecida en 2023, construye otra zona de la memoria. En su poesía aparecen la casa, los patios, los vitrales, los jardines y el diálogo con las artes plásticas. La ausencia no es simplemente aquello que quedó atrás: continúa modificándose en la conciencia de quien recuerda.

Maya Islas se desplaza hacia un universo donde imaginación y experiencia se contaminan mutuamente. Sombras, pájaros, cavernas y objetos cotidianos sufren metamorfosis, y su vínculo con las artes visuales se percibe en la elaboración plástica de muchas de sus imágenes.

En Iraida Iturralde adquiere especial importancia la memoria familiar. La infancia y las figuras de los antepasados permiten reconstruir una continuidad afectiva que la distancia física no consigue destruir. El recuerdo deja entonces de ser simple nostalgia para convertirse en una manera de conservar lo desaparecido.

La arquitectura crítica del volumen refuerza esa diversidad. Elena M. Martínez estudia la poética del espacio en las cinco escritoras; Perla Rozencvaig propone una revaloración de esas poéticas en cinco movimientos; y Mabel Cuesta cierra la reflexión con Poetas cubanas de Nueva York: pasajeras indómitas en el carro del sol.

Hay asimismo una continuidad histórica detrás de esta antología. Insularis Magazine señala la existencia de una publicación conjunta anterior, de 1991, también dedicada a estas escritoras, y recuerda que aquella edición fue bilingüe en español e inglés.

Todo ello permite leer Indómitas al sol desde una perspectiva más amplia: no como cinco testimonios de una misma experiencia, sino como cinco maneras diferentes de continuar perteneciendo a una tradición cultural mientras se modifica esa tradición desde fuera.

Ese es quizás el aspecto más valioso del libro para el lector cubano de hoy.

Durante demasiado tiempo las categorías de “literatura de la isla” y “literatura del exilio” funcionaron como territorios enfrentados, cuando la historia de nuestras letras demuestra precisamente lo contrario. Desde Heredia, Avellaneda y Martí hasta las sucesivas generaciones de escritores dispersadas por el mundo, Cuba se ha escrito también desde lejos.

Y el exilio no puede convertirse tampoco en una camisa de fuerza crítica. Las cinco poetas reunidas por Felipe Lázaro hablan de Cuba y de la pérdida, pero hablan igualmente del deseo, la muerte, la familia, la sexualidad, el arte, la imaginación, la identidad y las contradicciones del individuo. Su importancia no reside solamente en haber escrito fuera de la isla, sino en la literatura que fueron capaces de crear desde esa experiencia y más allá de ella.

Indómitas al sol devuelve así cinco nombres a un espacio que nunca debieron abandonar: el de la literatura cubana, sin adjetivos geográficos.

Porque una literatura nacional no está formada exclusivamente por quienes permanecen dentro de sus fronteras. También pertenece a quienes se marcharon llevando consigo la lengua, los recuerdos y las preguntas de su país. Estas cinco poetas demuestran que una isla puede abandonarse físicamente y, sin embargo, continuar habitando la palabra.

Fuentes consultadas: la segunda edición digital de Indómitas al sol publicada por Editorial Betania, la ficha bibliográfica de Yale University Library, y las reseñas de Alas Tensas, Insularis Magazine y El Copo y la Rueca. [zoepost.com], [search.lib…y.yale.edu], [alastensas.com], [insularism…gazine.com], [elcopoylarueca.com]


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