CUBA-ESTADOS UNIDOS MIGRACIÓN
Redacción Central
La Habana. PLC | Enrique René Reyes Martínez, el cubano de 38 años que sobrevivió cuatro días en el mar sobre una rudimentaria estructura de bloques de poliestireno, madera y cuerdas, ya se encuentra con su familia en La Habana después de ser repatriado por Estados Unidos.
Su regreso ha dejado un aspecto especialmente polémico del caso. Según informó el periodista Javier Díaz, Reyes Martínez llegó a Cuba “seriamente afectado de salud y bastante quemado” y nunca fue trasladado a un hospital estadounidense. “Nunca estuvo en un hospital. Lo atendieron siempre en el buque de la Guardia Costera hasta que finalmente fue regresado a la Isla”, señaló el periodista.
Otros reportes, basados en fuentes familiares, coinciden en que el cubano nunca pisó territorio estadounidense y fue trasladado de una embarcación a otra hasta su devolución. Según una versión difundida por el periodista Yosmany Mayeta Labrada, el propio Reyes Martínez aseguró que recibió buen trato durante el procedimiento.
Las autoridades estadounidenses habían dispuesto una evaluación inicial por paramédicos de Miami-Dade Fire Rescue, quienes determinaron que no requería atención de emergencia. Después fue transferido al guardacostas USCGC Melvin Bell para el procesamiento migratorio.
Pero esa explicación no elimina las interrogantes. Que un hombre rescatado después de cuatro días a la deriva, expuesto al sol y al mar en una embarcación extremadamente precaria, termine siendo devuelto a Cuba sin haber sido llevado a un centro hospitalario resulta, como mínimo, un tratamiento cuestionable desde el punto de vista humanitario.
La familia ha reaccionado con indignación. Gema Castillo Reyes, prima del balsero, resumió el sentimiento con crudeza: “Esto a mí me ha matado porque, en verdad, lo que han hecho con ese muchacho ahora mismo es duro y triste”.
La paradoja resulta particularmente amarga. Estados Unidos consiguió salvar a Reyes Martínez del mar, pero después de rescatarlo lo mantuvo a bordo, procesó su devolución y lo regresó al mismo país del que había intentado escapar, sin que llegara a pisar suelo estadounidense ni fuera hospitalizado.
Ya en La Habana, quemado por el sol y nuevamente junto a su familia, el propio sobreviviente ha resumido su odisea de otra manera: dice que está vivo gracias a la Virgen de la Caridad del Cobre.
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