¡Que sea la última vez!
París. PLC Opinión |Este 13 de agosto, el régimen de Castro, aún en el poder desde 1959 —es decir, 67 años— celebra el centenario del nacimiento, en 1926, de su fundador, el dictador revolucionario Fidel Castro, fallecido hace 10 años, el 25 de noviembre de 2016. Esta iniciativa resulta indecente. Se lleva a cabo en una situación que Cuba jamás había experimentado, al menos no en tales proporciones apocalípticas: apagones recurrentes e interminables debido a un sistema eléctrico obsoleto que nunca ha sido reparado. Cada día, los cubanos son bombardeados con cálculos sobre la cantidad de kilovatios-hora que faltan para la producción de electricidad y que podrían aliviar su vida cotidiana, la comida se pudre en refrigeradores casi vacíos, los medios de transporte no funcionan, la distribución de agua está gravemente interrumpida, los hospitales ya no pueden realizar sus funciones, la basura se acumula en cada rincón de la capital y de otras ciudades y pueblos… Solo los grandes hoteles, construidos a toda velocidad para alojar a los innumerables turistas que ahora están prácticamente ausentes, logran sobrevivir… Ahora solo alojan a unos pocos miles de rusos o canadienses, ya que las grandes cadenas, como Meliá, han comenzado su retirada de Cuba. Esto no impide que el régimen, bajo la égida de GAESA, la principal empresa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Partido Comunista de Cuba (PCC), el partido único, claro está, siga invitando a sus simpatizantes, incluidos otros partidos comunistas, o lo que queda de ellos, de todo el mundo a celebrar una conferencia en La Habana, su Meca, así como a aquellos que siguen demostrando su “solidaridad” con él, líderes de Podemos como Pablo Iglesias o ex-líderes laboristas como Jeremy Corbyn, y otros “Insumisos” franceses. Es un insulto al pueblo cubano. Este pueblo, que vive en la miseria y la desesperación, se manifiesta cada noche en la oscuridad para evitar ser identificado por las fuerzas represivas. Golpean cacerolas vacías en sus apartamentos y en la calle, queman montones de escombros para prender hogueras libertadoras y atacan sedes del Partido y símbolos revolucionarios, como la casa-museo de uno de los “mártires” de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. La represión es brutal: la policía y las fuerzas de seguridad del Estado cuentan con importantes recursos. Sus vehículos nunca carecen de combustible, a diferencia del resto de la población. Cabe recordar que, desde el 11 de julio de 2021, fecha de una rebelión masiva, hay más de mil presos políticos en las cárceles castristas. En cuanto a la represión, los esbirros formados por la revolución saben ejecutar su cometido: desde su inicio, miles de personas han sido fusiladas, decenas de miles encarceladas, generalmente hasta por 20 años, se ha registrado un número desmesurado de muertes en el mar al intentar huir por el estrecho de Florida y otras rutas en América latina, y millones de personas han tomado la rut adel exilio. Todo esto es obra de un sistema comunista que solo conoce la delación y la represión para mantener a los cubanos bajo control dentro del país.
Los cubanos, hoy, reclaman ayuda. SOS Cuba. No se trata de la ayuda de las llamadas flotillas “humanitarias”, sino de la ayuda de los americanos y, al mismo tiempo, de la de los exiliados, representados por numerosos congresistas cubanoamericanos, así como por el secretario de Estado de Donald Trump, Marco Rubio. Todos están profundamente involucrados en las sanciones contra la cúpula del régimen, no contra el pueblo —todo lo contrario—, aunque algunas de las medidas adoptadas puedan afectar también a los cubanos dentro del país. No es el embargo (el “bloqueo”, según la propaganda gubernamental, repetida por todos los ignorantes en el extranjero) el responsable de la desgracia de Cuba, sino el castrocomunismo. Cabe señalar que Estados Unidos distribuye ayuda alimentaria a través del formidable Mike Hammer, quien funge como embajador en La Habana, mediante la organización católica Cáritas, para eludir el control y la corrupción de las agencias gubernamentales. Los líderes castristas se aferran al poder como pueden. Raúl Castro, el medio-hermano de Fidel, con 95 años, es su líder indiscutible. Actualmente, pesa sobre él una orden de arresto emitida por la justicia US por el asesinato de cuatro personas en dos avionetas pertenecientes a la organización humanitaria solidaria “Hermanos al rescate” el 24 de febrero de 1996. Además, podría ser acusado por cientos de crímenes cometidos, junto con el asesino argentino Che Guevara, desde enero de 1959.
Teme sufrir un destino similar al de su protegido venezolano, el chavista Nicolás Maduro, capturado el 3 de enero de 2026 por un comando de la Delta Force, a pesar de la guardia pretoriana de decenas de mercenarios a sueldo de la Seguridad del Estado cubana. Raúl Castro intenta asegurar su sucesión a través del entramado familiar, mucho más allá del presidente tfantoche que él mismo nombró, Miguel Díaz-Canel, despreciado por toda la población. Se puede suponer que su hijo Alejandro y su hija Mariela tienen la tarea de salvaguardar la memoria y el poder de la familia Castro. Y, curiosamente, su nieto, Raúl Guillermo, conocido como “El Cangrejo”, desempeña un papel decisivo en las conversaciones con la administración Trump. Esta extensa familia, otrora dirigida por Fidel, a quien algunos, como el ex – agente de la KGB Vladimir Putin o el déspota sandinista Daniel Ortega en Rusia y Nicaragua, siguen erigiendo monumentos, debe desaparecer del panorama cubano. Su presencia se ha prolongado demasiado. Esto es lo que los manifestantes, que gritan “¡Abajo la dictadura!” y “¡Libertad!”, exigen implícitamente, además de electricidad y alimentos.
Pero no tienen armas. Por lo tanto, cualquier ayuda -política, humanitaria, militar- sería bienvenida. Es prácticamente una súplica para evitar la muerte del pueblo cubano. Es también un clamor por la restauración de la democracia y la recuperación de la prosperidad.
¡VIVA CUBA LIBRE!
Por la Asociación europea Cuba libre
Jacobo Machover
Vocal
Laurent Muller
Presidente
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