Bruselas- PLC. La tensión entre Cuba y la Unión Europea volvió a escalar después de que Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, expresara preocupación por el deterioro de la situación interna en la isla. Kallas señaló el agravamiento de la crisis económica, los apagones prolongados y la falta de libertades civiles como señales de un deterioro que Europa ya no puede ignorar.
La reacción del Gobierno cubano fue inmediata. La Habana acusó a la UE de actuar con “falta de objetividad” y de emitir juicios políticos que —según el canciller Bruno Rodríguez— ignoran el impacto del embargo estadounidense y las presiones externas. El régimen reclamó “respeto al Derecho Internacional” y denunció que Bruselas se alinea con una narrativa que busca aumentar la presión sobre la isla en un momento de extrema vulnerabilidad.
El cruce diplomático se produce en medio de una crisis multidimensional que afecta a todos los sectores del país y que ha incrementado el escrutinio internacional. Para la UE, la situación exige transparencia y reformas. Para Cuba, las críticas son una injerencia. Entre ambas posiciones se abre un nuevo capítulo de fricción que confirma la fragilidad del diálogo político entre La Habana y Bruselas.
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