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La Mafia Cubana en Quintana Roo: un engranaje criminal que unió Cuba, México y EE UU durante más de una década

La caída de la red no fue inmediata. La Operación Sísifo, ejecutada por el FBI y HSI, tardó más de una década en reunir pruebas suficientes para desmantelar la organización y obtener más de 30 condenas. Foto © PLC/IA

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Ciudad de México. PLC | Durante años, Quintana Roo fue algo más que un destino turístico: se convirtió en el punto neurálgico de una red criminal cubano‑americana que transformó la migración en un negocio multimillonario y brutal. Las investigaciones del FBI, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y reportajes de The New York Times han permitido reconstruir el funcionamiento de esta organización, conocida como la Mafia Cubana de Quintana Roo, cuyos tentáculos conectaban La Habana, Cancún, Florida y la frontera estadounidense.

La estructura operaba con una lógica implacable. Embarcaciones robadas en Florida —incluyendo lanchas de lujo y motores náuticos sustraídos en Sarasota, Nápoles o Isla Marco— eran utilizadas para trasladar clandestinamente a migrantes cubanos hacia las costas de Quintana Roo, en zonas como Holbox, Cancún o Puerto Morelos. Una vez en México, muchos eran llevados a casas de seguridad donde permanecían retenidos hasta que sus familias reunieran los 10.000 dólares exigidos por el traslado. Quienes no podían pagar sufrían torturas con pistolas eléctricas, golpes con tablas de madera y, en el caso de algunas mujeres, eran obligadas a trabajar en clubes de striptease o nudistas.

Los expedientes judiciales estadounidenses documentan al menos 25 muertes vinculadas a estos viajes, además de episodios de extrema violencia como secuestros, desapariciones y asesinatos relacionados con disputas internas y con otros grupos criminales, incluidos los Zetas. La red también se dedicó al contrabando, al robo sistemático de embarcaciones y al traslado clandestino de peloteros cubanos de alto rendimiento, entre ellos Yasiel Puig y Adeiny Hechavarría, quienes buscaban llegar a Estados Unidos para firmar contratos profesionales.

La investigación internacional también ha puesto el foco en figuras de alto perfil. José Miguel González Vidal, uno de los condenados, declaró que había regalado una embarcación a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”, nieto del expresidente Raúl Castro y exjefe de la escolta personal de su abuelo. Según testimonios recogidos por The New York Times, “El Cangrejo” habría facilitado desde Cuba el paso de embarcaciones sin interferencia de la Guardia Costera ni de las autoridades aduaneras, actuando como un engranaje clave para la operación. El gobierno cubano ha rechazado todas las acusaciones, calificándolas de calumnias.

La caída de la red no fue inmediata. La Operación Sísifo, ejecutada por el FBI y HSI, tardó más de una década en reunir pruebas suficientes para desmantelar la organización y obtener más de 30 condenas. Uno de los golpes más recientes ocurrió en abril de 2026, cuando fue detenido en Cancún Remigio “El Milo”, señalado como coordinador operativo y financiero de la mafia. Su captura volvió a colocar a Quintana Roo en el centro del mapa criminal internacional, evidenciando cómo un territorio turístico puede convertirse en plataforma logística para redes transnacionales que aprovechan su conectividad marítima y su flujo constante de viajeros.

El caso sigue abierto. Aunque la estructura principal ha sido desarticulada, las investigaciones continúan y las autoridades mexicanas y estadounidenses mantienen activa la vigilancia sobre posibles ramificaciones. La Mafia Cubana de Quintana Roo dejó al descubierto un fenómeno más profundo: la convergencia entre migración desesperada, corrupción institucional, crimen organizado y actores políticos de alto nivel. Un recordatorio de que, en el Caribe contemporáneo, las rutas del turismo y las del tráfico humano pueden cruzarse peligrosamente bajo la superficie.


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