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Las FAR ante el espejo: el deterioro militar que Cuba ya no puede ocultar

Las FAR exhibe equipos militares obsoletos tratando de hacer propaganda que están preparados para una confrontación con los Estados Unidos. Foto Facebook

La maquinaria militar que durante décadas fue presentada como uno de los pilares del poder revolucionario aparece hoy, ante los ojos del mundo, como una estructura envejecida, reducida y atrapada en su propia narrativa. Un análisis reciente de CNN, basado en cientos de imágenes y videos difundidos por el propio régimen, ha colocado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en el centro de un escrutinio internacional que La Habana no esperaba.

Las imágenes, concebidas para proyectar disciplina y preparación combativa, han terminado revelando lo contrario: un aparato militar que opera con equipos soviéticos de hace medio siglo, vehículos deteriorados y sistemas antiaéreos que, en algunos casos, deben ser remolcados por bueyes. El ejemplo más citado —un ZU‑23 trasladado de esa manera durante maniobras en abril— se ha convertido en símbolo involuntario de la precariedad logística de las FAR.

CNN subraya que esta exhibición de hardware obsoleto no es accidental. Según el experto Frank Mora, los materiales buscan transmitir desafío, no fuerza: una continuidad del viejo discurso de resistencia que Fidel Castro utilizó tras la caída de la URSS, cuando la Isla perdió su principal sostén económico y militar. La narrativa pretende mostrar que Cuba “resistirá” cualquier agresión, aunque ya no pueda presumir de capacidades reales.

La comparación histórica es contundente. A inicios de los años noventa, las FAR superaban los 235.000 efectivos y disponían de tanques, aviones y sistemas de defensa antiaérea modernos para la época, financiados por Moscú. Hoy, según los expertos consultados por CNN, la cifra de militares activos ronda los 50.000, menos de una cuarta parte de su tamaño original. El arsenal, sin renovación sostenida durante décadas, muestra un desgaste evidente: camiones militares de los años setenta, lanzacohetes BM‑21 Grad, blindados de generaciones pasadas y sistemas antiaéreos que ya no responden a los estándares contemporáneos.

El deterioro no es solo material. Las imágenes revisadas por CNN revelan una fuerza que intenta compensar su debilidad tecnológica con ejercicios de estilo guerrillero, entrenamientos de tropas especiales y maniobras simbólicas cerca de la costa. La intención es clara: proyectar que Cuba mantiene capacidad de respuesta, aunque sea mínima, ante un eventual conflicto. Pero el resultado es ambiguo. Para los analistas, lo que se exhibe es una institución que ha perdido masa crítica, recursos y modernización, atrapada entre la propaganda y la realidad.

La exposición internacional ha sido inevitable. En un contexto de crisis económica profunda, apagones prolongados y deterioro institucional, la imagen de unas fuerzas armadas debilitadas erosiona uno de los últimos pilares simbólicos del régimen. La FAR fue durante décadas el garante de estabilidad interna y el instrumento de proyección exterior de Cuba. Hoy, su estado refleja el colapso más amplio del país.

El análisis de CNN no afirma que Cuba busque confrontación. De hecho, los propios funcionarios cubanos insisten en que no pretenden amenazar a Estados Unidos ni a la Base Naval de Guantánamo. Pero sí reiteran que “responderán” si son atacados. La paradoja es evidente: el discurso de resistencia se sostiene sobre imágenes que muestran, precisamente, la incapacidad de sostener un conflicto moderno.

La publicación del material ha abierto un debate incómodo para La Habana. ¿Hasta qué punto la insistencia en mostrar ejercicios militares —aunque revelen obsolescencia— responde a una estrategia comunicativa, y hasta qué punto es simplemente la evidencia de que ya no queda nada más que mostrar? Lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, la narrativa oficial sobre la fortaleza militar cubana se enfrenta a un espejo que no puede controlar.


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