Estocolmo. PLC /Estados Unidos lanzó una ofensiva de gran escala contra Irán durante la madrugada del miércoles, alcanzando más de 80 objetivos militares en territorio iraní, incluidos sistemas de defensa aérea, centros de mando, radares costeros, capacidades de misiles antibuque y más de 60 embarcaciones de la Guardia Revolucionaria desplegadas en el estrecho de Ormuz. Washington justificó la operación como respuesta directa a los ataques iraníes contra tres buques comerciales que transitaban por la vía marítima estratégica.
La reacción de Teherán fue inmediata. La Guardia Revolucionaria reivindicó 85 ataques con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses en Baréin y Kuwait, incluidas áreas vinculadas a la Quinta Flota y la base aérea Ali Al-Salem. Las sirenas de emergencia se activaron en ambos países y se registraron explosiones, aunque sin un balance oficial de daños. Irán calificó su ofensiva como una “respuesta inicial” a lo que considera una violación clara del alto el fuego pactado hace tres semanas.
En Ankara, donde se celebra la cumbre de la OTAN, Donald Trump confirmó que para él “la tregua ha terminado”. El presidente estadounidense acusó a Irán de estar dirigido por “gente enferma” y afirmó que el memorando de entendimiento firmado en junio —que daba a ambas partes 60 días para negociar una paz definitiva— ha quedado sin efecto tras los ataques. Aun así, señaló que “aún es posible reconducir la situación”, aunque sus declaraciones reflejan un endurecimiento claro de la postura de Washington.
La escalada coincide con un momento de máxima tensión regional. Los ataques iraníes contra barcos comerciales y la respuesta estadounidense han puesto en riesgo el frágil alto el fuego y han provocado un repunte inmediato en los precios del petróleo. Qatar y Arabia Saudí responsabilizaron a Teherán de los incidentes en Ormuz, denunciando que amenazan la seguridad de la navegación internacional.
Además de los bombardeos, Estados Unidos revocó la licencia que permitía ciertas operaciones relacionadas con el petróleo iraní, eliminando el alivio temporal de sanciones concedido en junio. Para Teherán, esta decisión, sumada a los ataques, constituye una violación del acuerdo y una agresión directa contra su soberanía.
La crisis se desarrolla mientras los líderes de la OTAN intentan mantener la cohesión interna. El secretario general, Mark Rutte, ha defendido la necesidad de responder con firmeza a las agresiones iraníes, pero también ha insistido en que la Alianza debe evitar que la guerra se desborde más allá del Golfo. La combinación de ataques, represalias y declaraciones incendiarias deja claro que el conflicto entre Estados Unidos e Irán entra en una fase más peligrosa, con consecuencias imprevisibles para la seguridad regional y global.
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