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Washington cierra el círculo: el endurecimiento bancario y de viajes marca un nuevo nivel de presión sobre Cuba

El cambio más sensible recae sobre los emprendedores privados cubanos (Mipymes). Foto archivo

Redacción Central

Washington. PLC | Estados Unidos ha dado un paso decisivo en la reconfiguración de su política de sanciones hacia Cuba con la entrada en vigor, este 30 de septiembre, de un paquete regulatorio que afecta simultáneamente al Estado, al sector privado emergente y a ciudadanos cubanos y estadounidenses. Las nuevas disposiciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) no son un ajuste técnico: constituyen una ampliación sustantiva del cerco financiero y de movilidad que Washington considera necesario para enfrentar lo que define como una “amenaza persistente” del régimen cubano para su seguridad nacional.

El cambio más sensible recae sobre los emprendedores privados cubanos (Mipymes). Desde 2024, una autorización permitía a bancos estadounidenses abrir y mantener cuentas para determinados empresarios independientes, facilitando pagos por servicios o ventas autorizadas. Esa vía queda ahora clausurada: las cuentas deberán ser bloqueadas y solo podrán ser recuperadas mediante licencias específicas. Para un sector privado que ya opera en condiciones de asfixia interna, la medida elimina una de las pocas conexiones financieras seguras con el exterior.

La ofensiva financiera se extiende también a las operaciones “U-turn”, un mecanismo que permitía procesar transferencias relacionadas con Cuba cuando el dinero se originaba y terminaba fuera de Estados Unidos. OFAC elimina esa excepción, cerrando una ruta que, aunque indirecta, permitía a empresas y ciudadanos sortear parcialmente el aislamiento bancario. A partir de ahora, los bancos estadounidenses podrán rechazar cualquier operación en la que Cuba tenga interés, incluso si ninguna de las partes está bajo jurisdicción estadounidense.

El alcance de las prohibiciones se amplía además a las transacciones indirectas con entidades incluidas en la Cuba Restricted List (CRL), especialmente aquellas vinculadas a las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia y el aparato de seguridad. Washington busca impedir que cualquier operación —directa o mediada por terceros— genere beneficios económicos para las estructuras que sostienen el poder político en la Isla. La OFAC advierte que instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones significativas para individuos sancionados podrían enfrentar medidas restrictivas.

El endurecimiento no se limita al ámbito financiero. En materia de viajes, Estados Unidos elimina la autorización general para asistir u organizar reuniones y conferencias profesionales en Cuba, una categoría restablecida en 2022 y utilizada para intercambios académicos, tecnológicos y de capacitación. También desaparecen los viajes educativos grupales “people-to-people”, uno de los instrumentos más conocidos de interacción cultural entre ambos países. Las actividades académicas que aún se permiten deberán realizarse bajo el auspicio de instituciones estadounidenses y con acompañamiento obligatorio de un representante de la organización patrocinadora, salvo excepciones para universidades acreditadas y sus estudiantes.

El paquete regulatorio implementa la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Donald Trump en mayo, que amplió las herramientas para sancionar a cubanos y extranjeros vinculados a la represión y a actividades consideradas una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. La nueva arquitectura de sanciones refuerza esa línea: más control sobre las operaciones financieras, más restricciones a la movilidad, más presión sobre las estructuras estatales y menos espacio para el sector privado.

La reacción de La Habana ha sido inmediata. El canciller Bruno Rodríguez acusó a Washington de intentar obstaculizar las transformaciones económicas en curso y de atacar simultáneamente al sector público y al privado, pese a que —según dijo— funcionarios estadounidenses afirman querer apoyar a los emprendedores cubanos. La crítica se inscribe en un discurso ya conocido, pero la realidad es que las nuevas medidas reducen aún más el margen de maniobra del Gobierno en un contexto de crisis energética, escasez y aislamiento financiero creciente.

Con este paquete, Estados Unidos consolida una estrategia de presión acumulativa que combina sanciones directas, restricciones regulatorias y limitaciones a la movilidad. El impacto será inmediato en bancos, operadores turísticos, instituciones académicas y en la incipiente economía privada cubana. Para el régimen, supone un golpe adicional a su capacidad de gestionar recursos y mantener redes de apoyo internacional. Para la población, anticipa un escenario de mayor incertidumbre y contracción económica.

La ofensiva de Washington no es un gesto simbólico: es un rediseño profundo del marco de sanciones que marcará la relación bilateral en los próximos meses. Antes de tomar decisiones basadas en esta información, conviene contrastarla con fuentes oficiales y actualizadas.


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