CHINA-EE.UU
Redacción Central
Washington. PLC | La llegada del presidente chino Xi Jinping a Estados Unidos, recibido personalmente por Donald Trump, marca un gesto diplomático inusualmente cordial por parte del mandatario estadounidense. Cuando Trump visitó Pekín en mayo, solo el vicepresidente chino acudió al aeropuerto. Ahora, con Xi descendiendo del avión en Washington y con una agenda cargada de asuntos estratégicos, la imagen busca transmitir una voluntad de diálogo en un momento en que ambos países afrontan presiones internas y externas.
Trump ha declarado que piensa hablar “de casi todo” con Xi. Ese “todo” abarca una lista de fricciones que se han acumulado durante meses: la guerra comercial sin un acuerdo duradero, la amenaza de una confrontación militar por Taiwán, la presión estadounidense para que China deje de comerciar con Irán y la creciente competencia tecnológica y energética entre ambas potencias. La visita se produce, además, en un contexto en el que China llega con una influencia reforzada en los mercados energéticos globales, un factor que reduce los incentivos de Pekín para ceder ante las demandas de Washington.
Según un análisis publicado por POLITICO, la guerra en Irán ha disparado los precios globales de la energía y ha generado un peso político para Trump, mientras que China ha aprovechado la crisis para consolidar su papel como superpotencia energética emergente. El país asiático ha incrementado sus exportaciones de tecnologías de energía limpia, ha utilizado sus enormes reservas de petróleo para estabilizar su posición y se ha presentado como un socio más fiable para países vulnerables que dependen del crudo de Oriente Medio. “China ha sido, sin duda, una gran ganadora”, afirmó Erica Downs, exanalista energética de la CIA y hoy investigadora en la Universidad de Columbia. Downs sostiene que Xi no siente presión alguna para responder a las exigencias de Estados Unidos.
La Casa Blanca insiste en que “continuar haciendo negocios con Irán es inaceptable y tendrá consecuencias”, pero los analistas del sector energético no esperan avances significativos. La guerra ha absorbido la atención de los funcionarios estadounidenses, dificultando la preparación de la visita de Xi. Philip Luck, analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, lo resumió con una metáfora: “Cuando bebes de la manguera, solo puedes ver a cinco centímetros de tu cara”.
La reunión se produce mientras Trump ha reducido dos fuentes clave de petróleo barato para China: el crudo iraní y el venezolano. El presidente estadounidense ha llegado incluso a afirmar ante la ONU que Estados Unidos tiene ahora una “reclamación principal” sobre el petróleo venezolano. “Al vencedor pertenecen los botines”, dijo. Al mismo tiempo, Washington intenta alejar a China del petróleo y gas rusos y atraerla de vuelta al mercado estadounidense, aunque los aranceles impuestos por Trump han frenado las compras chinas de gas natural y crudo de Estados Unidos.
A pesar de ser el mayor importador mundial de petróleo, China ha acumulado enormes reservas y se ha convertido en un proveedor clave de productos petrolíferos en Asia. Su capacidad para entrar o salir de los mercados energéticos globales influye directamente en los precios y en la seguridad energética de otros países. Además, Pekín está ofreciendo una nueva forma de seguridad energética basada en tecnología, no en recursos físicos. Paneles solares, vehículos eléctricos y baterías chinas están inundando mercados en desarrollo, desde África subsahariana hasta el sudeste asiático. “La base de la seguridad energética está cambiando del control de los recursos al control de la tecnología”, explicó Downs. Y China domina la fabricación de tecnologías limpias.
Ethan Zindler, analista de BloombergNEF, señaló que la guerra ha sido “un favor” para el sector chino de tecnología limpia, permitiendo a sus fabricantes ampliar su ventaja sobre las empresas occidentales y extender su alcance a nuevos mercados. En regiones que aún buscan electrificarse, un panel solar chino es una solución más inmediata que un barril de petróleo estadounidense.
La visita de Xi a Washington se desarrolla, por tanto, en un escenario en el que China llega fortalecida y Estados Unidos intenta recuperar terreno. Trump busca presionar, pero Pekín tiene menos motivos que nunca para ceder. La reunión entre ambos líderes será observada de cerca, no solo por su impacto bilateral, sino por las implicaciones que puede tener para la economía global, la seguridad energética y el equilibrio geopolítico en un momento de crisis internacional.
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