CUBA-MIAMI-SOCIEDAD
Por Carlos Cabrera Pérez – Prensa Libre Cuba
Madrid. PLC Análisis – Sátira política / La infladera es uno de los principales pecados de cubanos expertos en construir realidades paralelas a su imagen y conveniencia, fanes de hombres pródigos por encima de reglas e instituciones democráticas y la tendencia a la sobreestimación de méritos propios; reales o inventados, y la subestimación de tesis contrarias a las suyas.
Los pueblos inmaduros suelen protagonizar notables esfuerzos baldíos, que siempre conducen a la melancolía, como ocurre ahora en muchos hogares de La Florida, decepcionados porque el León de la Metro no haya cazado aún al venado verde oliva; es decir, que no nos haya resuelto la papeleta.
Un buen ejemplo del Narciso que llevamos dentro es la firme creencia de que el voto cubanoamericano es decisivo para llegar a la Casa Blanca e inclinar la balanza en las elecciones de midterm, que están a la vuelta de la esquina y se antojan decisivas; cuando son un trámite más del calendario electoral de Estados Unidos.
El voto cubicheyuma tiene una notable influencia política en Florida, pero conviene distinguir que esa capacidad no es extensible al conjunto de los dos principales contendientes y muchos menos al ámbito de Estados Unidos; donde no todos los emigrados con derecho a sufragio votan igual y muchos no están siquiera registrados electoralmente.
Entre contiendas por la Casa Blanca y las elecciones de medio término hay diferencias importantes porque, en las primeras, el voto cubano puede desempatar una competencia reñida, en Florida; mientras que en la segundas su capacidad decisiva se limita distritos concretos de ese estado.
La principal ventaja cubanoamericana es su alta participación en los comicios, en 2024, la Universidad Internacional de la Florida (efayú para jodedores bilingües) determinó que el 89% de los encuestados aseguró que votaría, con seguridad; y este matiz es clave porque Estados Unidos no elige presidente con la suma nacional de sufragios, sino al candidato que acapara los votos electorales de los principales estados.
Refrescando la Memoria RAM: En 2016, Trump ganó La Florida con una ventaja de 113 mil votos; en 2020, por 372 mil sufragios más que Joe Biden y, en 2024, con 1,43 millones de papeletas más que Kamala Harris.
Siguiendo esa curva ascendente, podríamos inferir que la preferencia cubana ha significado un claro respaldo al Partido Republicano en Florida, donde el gobernador es de ese partido y su relevo va por delante en los surveys, pero en el estado no todo es rojo elefante, también abunda el bicolor demócrata.
La clave para entender electoralmente a Florida es que el mandato de un gobernador republicano no significa que los principales centros urbanos del estado estén gobernados por sus correligionarios. El estado más cubano de Estados Unidos tiene grandes diferencias políticas entre el sur metropolitano, la costa central y las zonas suburbanas y rurales.
La fotografía electoral de Florida es clara: en el sur, Miami-Dade tiene una alcaldesa demócrata, Broward tiene un gobierno condal de predominio demócrata; Palm Beach no es un bastión demócrata uniforme. Su alcaldesa condal es la republicana Sara Baxter, pero la comisión combina políticos de su partido y demócratas. Tampa y Orlando tampoco se parecen, políticamente, a sus condados.
Tampa tiene como alcaldesa a Jane Castor; una ex republicana conversa a demócrata en 2015; en Orange County, el alcalde condal es el demócrata Jerry Demings, mientras que Hillsborough está gobernado por una comisión presidida por Ken Hagan, un líder republicano nato. Por tanto, Florida puede votar republicano en las presidenciales y tener, al mismo tiempo, gobiernos locales demócratas o mixtos en varios de sus principales núcleos urbanos.
El cambio de palo pa rumba más significativo fue el de Miami Dade en 2024, cuando sus electores dieron una victoria incontestable a Donald Trump, mientras que cuatro años antes, habían favorecido a Biden. El viraje no es exclusivamente atribuible al voto cubano porque allí también votan venezolanos, colombianos, nicaragüenses, puertorriqueños y hasta electores no hispanos.
En 2022, Ron DeSantis fue reelegido y Marco Rubio -con todas las papeletas para ser tildado de traidor por el CDR de Miami y adyacentes- renovó su mandato como senador; siendo promovido después por el compañero Trump; con quien estamos muy bravitos, a secretario de Estado y de Seguridad Nacional. DeSantis ganó por unos 19,4 puntos porcentuales y Rubio por 16,4 puntos. Fueron victorias holgadas, en las que el voto cubano contribuyó a la coalición republicana, pero no debemos atribuirnos la victoria en exclusiva.
LOS TRES VILLALOBOS
Pero donde los votantes cubiches pueden llevarse el agua al gato que mejor baile en el pozo, es en la renovación de la Cámara de Representantes; especialmente en los distritos de los tres Villalobos: María Elvira, Díaz-Balart y Giménez; que no es primo de Ignacio Giménez Cuba; ¡malpensados!
En esos fueros, el voto cubano puede tener un efecto mucho más visible que en el resultado presidencial nacional. Una diferencia de pocos miles de votos puede decidir un escaño, mientras que en una presidencial el mismo número de sufragios puede quedar diluido en el resultado estatal.
El trío Matamoros del Versailles acumula antigüedad y trayectoria, puestos en comisiones parlamentarias con capacidad de regar con dinero a sus vecinos, guara con Melania; que es la primera secretaria del partido en Mar-a-Lago y capacidad para recaudar dólares decisivos de contribuyentes macetas que luego pasarán la cuenta, con disimulo.
Pero como Caballo viejo, el límite al exacerbado poderío del voto cubano está en la cerca que delimita las fronteras de Florida con Georgia y Alabama; las otras dos no cuentan porque son el antiguo Golfo de México y el Océano Atlántico.
En 2024, vivían en Estados Unidos, 2.948.426 personas de origen cubano; de ellos, 1.800.279 afincados en Florida y 1.148.147, en otros estados, y de los floridanos, 706.565 estaban inscritos para votar. No tengo datos de otras regiones ni más actualizados.
Por tanto, en el Colegio Electoral, su influencia nacional es indirecta y depende de que Florida sea o no decisiva. Los cubanoamericanos no constituyen un bloque capaz de decidir por sí solo una presidencial en todo el país; circunstancia que garantiza tranquilidad al inquilino de la Casa Blanca que pretenda reelegirse, que no es el caso de Trump porque la ley lo impide. Y Estados Unidos es un país de leyes
Sin embargo, en las primarias republicanas, los cubanos pueden tener impacto directo en Florida porque las elecciones internas suelen movilizar menos y a una cantidad menor de militantes y/o votantes y suelen premiar a los grupos organizados, fieles y activos. Esta es una de las razones por las que los candidatos republicanos prestan tanta atención a Miami y a los mensajes sobre Cuba, Venezuela, el comunismo y la política exterior.
CUBA QUE LINDA ES CUBA
El peso cubanoamericano no se mide solo por los escaños que ayuda a ganar. También se mide por la capacidad de mantener determinados asuntos en la agenda política de Washington, donde la política hacia La Habana tiene una dimensión electoral especialmente visible en Florida. Para una parte importante de la comunidad, las sanciones, el embargo, las relaciones diplomáticas y el apoyo a la oposición cubana son asuntos centrales.
En 2024, el 55% de los cubanoamericanos encuestados en el sur de Florida apoyaba mantener el embargo pero, al mismo tiempo, el 61% apoyaba la venta de alimentos a Cuba y el 69% la de medicamentos, según la encuesta de FIU, que habrá alegrado a los gobernantes jineteros de La Habana.
Más de trece quinquenios y medio dan para mucho y FIU constató entonces que las preferencias electorales de hijos de cubanos nacidos en Estados Unidos son más plurales: el 38% se declaró republicano, el 33% demócrata y el 26% independiente. En Cuba, ha ocurrido algo parecido, pero más disparejo, la desaprobación al tardocastrismo es récord, sus apoyos minoritarios, pero hay al menos dos bloques definidos, el de ñámpiti gorrión y la alianza socialdemócrata-cristiano-evangelista-woke. (Ver encuestas del Observatorio Cubano de Derechos Humanos).
Por tanto, la influencia política no consiste en que todos los cubanos piensen igual, sino en que existe una plataforma no formal; a ambos lados del estrecho de La Florida que repudia al castrismo, y en Miami y su entorno, el partido republicano lleva la voz cantante, pero con las limitaciones geográficas y políticas ya señaladas.
El voto cubanoamericano no controla la política estadounidense, pero sí dispone de una capacidad de influencia excepcional para una comunidad de su tamaño. Su poder procede menos del número absoluto de electores que de tres factores combinados: concentración territorial, participación electoral y afinidad con Partido Republicano que ha sabido convertir esa base en representación política; aunque en ningún caso es un cheque en blanco y en noviembre se verá cómo votan los cantantes decepcionados con el Pío tai del Colorao.
En cualquier caso, no os asombréis de nada, es Cuba, donde un magnate recién vuelto de París, contaba su asombro al descubrir el cubismo, que no vinculó a Picasso, sino a la raspadura jacarandosa; un cronista social, estimulado por un cheque sabroso, contó el cumpleaños de una niña de siete años que hablaba ya seis idiomas y tocaba violín y piano y luego entramos en la infladera revolucionaria con la textilera, el hospital y la zafra más grandes de América Latina.
El drama shakesperiano atormenta a Hialeah y el Doral, que deberán elegir -siempre es angustioso- entre un partido traicionero y otro comunista; siempre según la clasificación totalitaria que nos acompaña: o simplemente no votar para no seguir sufriendo desengaño cruel, con la postergación de María Corina Machado y el retraso de la libertad de Cuba.

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