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El éxodo hotelero se acelera: Iberostar abandona 12 hoteles y asfixia al régimen

Imagen de un edificio contemporáneo en el corazón de La Habana, Cuba, destacando su diseño arquitectónico y ubicación céntrica.

La Habana. PLC. La retirada de Iberostar de una parte sustancial de su operación en Cuba marca un punto de inflexión en la relación entre las grandes cadenas hoteleras internacionales y el sector turístico controlado por el conglomerado militar GAESA. A partir del 1 de junio de 2026, la cadena española dejará de operar y comercializar 12 hoteles en la Isla, una decisión que no solo altera el mapa turístico cubano, sino que revela hasta qué punto el endurecimiento de las sanciones estadounidenses ha empezado a fracturar alianzas que durante décadas parecían inamovibles.

La salida de Iberostar no llega por sorpresa. Desde principios de año, la cadena había iniciado una revisión silenciosa de sus operaciones en destinos considerados de “alto riesgo regulatorio”. La firma de la Orden Ejecutiva 14404 por parte del presidente Donald Trump, el pasado 1 de mayo, aceleró un proceso que ya estaba en marcha. La nueva normativa amplía la responsabilidad de empresas extranjeras que mantengan vínculos con entidades sancionadas en Cuba, y fija el 5 de junio como fecha límite para cortar relaciones con GAESA, el conglomerado militar que controla la mayor parte del turismo en la Isla. Para Iberostar, que gestionaba hoteles emblemáticos como el Grand Packard en La Habana o el Selection Ensenachos en los cayos del norte, el dilema dejó de ser estratégico para convertirse en jurídico.

La compañía ha evitado declaraciones públicas, pero intermediarios turísticos europeos y latinoamericanos confirman que la decisión es definitiva y que los hoteles afectados dejarán de operar bajo la marca Iberostar. En su web oficial, la cadena ya muestra solo seis establecimientos activos en Cuba, una reducción drástica que contrasta con la expansión que mantuvo durante dos décadas, incluso en los años de mayor aislamiento del régimen. La retirada afecta tanto a hoteles de alta gama como a complejos familiares y resorts de playa, lo que evidencia que no se trata de un ajuste comercial, sino de un repliegue estructural.

El impacto para Cuba es profundo. Iberostar era, junto a Meliá, uno de los pilares del turismo europeo en la Isla. Su salida coincide con la retirada inmediata de Blue Diamond Resorts, el segundo mayor operador extranjero, que abandonó sus 62 hoteles alegando imposibilidad de mantener estándares mínimos de servicio en un país sumido en apagones, escasez de combustible y deterioro de infraestructuras. La combinación de ambos movimientos deja a Gaviota ante un escenario inédito: recuperar la gestión directa de decenas de hoteles sin contar con la experiencia, los recursos ni la reputación internacional que aportaban sus socios extranjeros.

La decisión de Iberostar también envía un mensaje inequívoco a otras empresas europeas que aún operan en Cuba. La española Meliá, que llegó a gestionar más de 30 hoteles, ha reducido su presencia a la mitad en los últimos cinco años y enfrenta presiones similares. La alemana DER Touristik ha recortado vuelos y paquetes. Incluso operadores canadienses, tradicionalmente inmunes a los vaivenes políticos, han empezado a replegarse tras las advertencias de Ottawa y Londres sobre la inseguridad y el deterioro de servicios en la Isla.

Para el régimen cubano, la retirada de Iberostar supone un golpe simbólico y económico. El turismo, que alguna vez representó más del 10% del PIB, atraviesa su peor momento desde los años noventa. La caída de visitantes, la incapacidad de garantizar suministros básicos y la creciente militarización del sector han erosionado la confianza de los inversores. La salida de una cadena con la trayectoria y el prestigio de Iberostar confirma que la crisis ya no es coyuntural, sino sistémica.

En La Habana, la noticia ha sido recibida con una mezcla de resignación y alarma. Trabajadores del sector temen despidos masivos o reubicaciones en hoteles estatales con peores condiciones laborales. Agencias de viaje locales reconocen que la pérdida de una marca internacional dificulta aún más la venta de paquetes a mercados europeos, donde la reputación del destino Cuba se ha desplomado. Y economistas independientes advierten que el Estado cubano no tiene capacidad para asumir la gestión eficiente de tantos hoteles sin socios extranjeros.

La retirada de Iberostar no cierra una etapa: la desnuda. Durante años, el régimen cubano confió en que las cadenas hoteleras europeas serían un contrapeso frente a las sanciones estadounidenses. Hoy, esas mismas cadenas se marchan para evitar quedar atrapadas en un conflicto geopolítico que Cuba no puede controlar. La pregunta ya no es cuántas empresas más abandonarán la Isla, sino cuánto tiempo podrá el turismo cubano sostenerse sin ellas.


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