Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Europa y Estados Unidos elevan la presión sobre La Habana en plena parálisis política

La Unión Europea aumenta la presión política mientras EE.UU sigue presionando al régimen. Imagen generada por PLC/IA

Estocolmo. PLC — El pulso internacional sobre Cuba se ha endurecido de forma visible en las últimas horas. La aprobación en el Parlamento Europeo de una resolución que exige la liberación inmediata de unos 1.300 presos políticos y advierte de la posible suspensión del diálogo político y de cooperación con La Habana marca un punto de inflexión en la relación entre Bruselas y el régimen cubano. El texto, aprobado por una mayoría transversal, refleja un hartazgo creciente ante la falta de avances democráticos y el deterioro acelerado de los derechos humanos en la isla.

La resolución —la más contundente desde la entrada en vigor del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación en 2017— denuncia la represión sistemática contra activistas, periodistas y ciudadanos que protestan por la crisis económica y los apagones. Bruselas sostiene que el Gobierno cubano ha incumplido los compromisos mínimos de respeto a las libertades fundamentales y que la situación actual “no permite seguir como si nada”. La amenaza de suspender el acuerdo, hasta ahora un escenario improbable, se instala por primera vez en el centro del debate europeo.

Mientras Europa eleva el tono, Estados Unidos mantiene su propia presión, aunque por vías distintas. La administración Trump ha comenzado a distribuir ayuda humanitaria “a cuentagotas”, según fuentes diplomáticas, debido a la falta de combustible y a la precariedad logística dentro de la isla. Washington evalúa nuevas provisiones, pero insiste en que la asistencia debe llegar directamente a la población, sin pasar por los canales estatales que, según denuncia, desvían recursos o los utilizan con fines políticos.

La combinación de ambos movimientos —la advertencia europea y la presión humanitaria estadounidense— coloca al Gobierno cubano en una posición incómoda. La Habana intenta proyectar normalidad, pero la crisis energética, el colapso del transporte, la inflación descontrolada y el creciente descontento social limitan su margen de maniobra. La narrativa oficial, que acusa a Occidente de librar una “guerra económica”, pierde fuerza frente a la magnitud del deterioro interno.

En Bruselas, varios eurodiputados subrayaron que la resolución no busca aislar a Cuba, sino forzar un cambio de rumbo. En Washington, la Casa Blanca insiste en que la ayuda humanitaria no sustituye la exigencia de reformas políticas. En ambos casos, el mensaje converge: la comunidad internacional no está dispuesta a seguir tolerando la deriva autoritaria del régimen.

La respuesta del Gobierno cubano, previsiblemente, será desafiante. Pero la presión externa coincide con un momento de fragilidad interna sin precedentes. Y esa combinación, por primera vez en años, empieza a alterar el equilibrio que La Habana daba por garantizado.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Los comentarios están cerrados.