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Una batalla ideológica en un país exhausto: el ALBA debate hegemonía mientras Cuba enfrenta su peor crisis

Las intervenciones del panel coincidieron en que la comunicación no puede ser secundaria. Pero la insistencia en la disputa mediática llega en un momento en que los proyectos de izquierda han sufrido derrotas electorales significativas en países donde antes fueron hegemónicos. Foto Cubadebate.

La Habana. PLC | La IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos, celebrada en La Habana, se desarrolla en un país que atraviesa una de las crisis económicas y sociales más profundas de su historia reciente. Mientras el Gobierno cubano despliega recursos para recibir delegaciones de todo el continente, garantizar hospedaje, transporte, seguridad y una puesta en escena impecable, la población vive entre apagones, precios inalcanzables, escasez crónica y un deterioro generalizado de la vida cotidiana. En ese contraste se inscribe el panel “El socialismo en la batalla ideológica y cultural”, donde Abel Prieto, Alina Duarte y Nina Fideles discutieron la importancia estratégica de la comunicación en la disputa política continental.

El énfasis en la hegemonía cultural, presentado como un frente decisivo, contrasta con la realidad del país anfitrión: un Estado que no logra garantizar alimentos básicos, que enfrenta inflación acelerada y que ha perdido capacidad para sostener servicios esenciales, pero que sí moviliza recursos para eventos internacionales destinados a reforzar su narrativa política. La batalla ideológica se libra en salones climatizados mientras afuera la población hace colas para conseguir arroz, aceite o pollo, y paga precios que superan con creces los salarios mínimos y medios. Ese desajuste entre discurso y realidad es parte del problema que atraviesa hoy a la izquierda latinoamericana.

Las intervenciones del panel coincidieron en que la comunicación no puede ser secundaria. Pero la insistencia en la disputa mediática llega en un momento en que los proyectos de izquierda han sufrido derrotas electorales significativas en países donde antes fueron hegemónicos. La concentración mediática existe, como señaló Nina Fideles al comparar la estructura de medios brasileña con la histórica concentración de la tierra. Sin embargo, esa explicación no basta para entender por qué amplios sectores sociales ya no respaldan a los gobiernos progresistas, incluso en contextos donde estos tuvieron acceso a recursos, instituciones y plataformas comunicacionales.

Abel Prieto habló de construir herramientas propias para disputar sentidos, pero el problema no es solo la falta de herramientas: es la desconexión entre los marcos ideológicos del socialismo continental y las demandas reales de sociedades que han cambiado más rápido que sus discursos. En Cuba, esa desconexión es evidente. Mientras se celebra el ALBA con delegaciones internacionales, el país enfrenta inflación superior al 18 %, precios de alimentos que superan los ingresos mensuales y un deterioro que no puede atribuirse únicamente a factores externos o mediáticos. La hegemonía cultural no se sostiene cuando la vida cotidiana se desmorona.

Alina Duarte insistió en la disputa por el sentido común, pero incluso en México, donde Morena ha logrado victorias electorales, la batalla cultural no ha evitado tensiones internas, desgaste político y fracturas entre movimientos populares y estructuras partidarias. La hegemonía cultural no garantiza continuidad ni estabilidad: solo acompaña procesos que deben sostenerse con resultados concretos.

El debate en La Habana revela una izquierda continental que se percibe asediada por poderes mediáticos y económicos, pero que evita confrontar sus propios errores estratégicos: la burocratización, la falta de renovación generacional, la incapacidad de generar políticas económicas sostenibles y la tendencia a explicar cada derrota como producto de conspiraciones externas. La batalla ideológica es real, pero no puede convertirse en refugio discursivo para no revisar los fracasos políticos.

La IV Asamblea de ALBA Movimientos insiste en que la comunicación es un frente decisivo. Pero la verdadera disputa hoy no está solo en los medios: está en la capacidad de la izquierda para ofrecer respuestas creíbles a sociedades que ya no aceptan discursos épicos sin mejoras tangibles. En Cuba, donde se celebra el evento, esa contradicción es especialmente visible: un país que intenta proyectar liderazgo continental mientras su población enfrenta una crisis que ningún panel puede ocultar.

La hegemonía cultural no se recupera denunciando a los medios privados, sino reconstruyendo la confianza social perdida. Y esa confianza solo se recupera con resultados, no con retórica.


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