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La violencia del narco irrumpe en internet: México enfrenta la era de los asesinatos en directo

En un país donde el crimen organizado ha adaptado sus métodos al entorno digital, cada transmisión puede convertirse en una ventana para localizar a un objetivo. La muerte en directo de Gastélum y Márquez evidencia cómo la frontera entre la vida pública y la vulnerabilidad se ha vuelto difusa para quienes construyen audiencias masivas. Foto del influenser César Gastélum en medios sociales

Ciudad de México. PLC | La ejecución de César Gastélum durante una retransmisión en vivo en Culiacán no es un hecho aislado, sino el síntoma más reciente de un fenómeno que ha ido tomando forma en México desde 2024: la conversión de los influencers en objetivos del crimen organizado. La muerte de Gastélum, ocurrida el 4 de agosto de 2026 frente a miles de espectadores, se suma a una cadena de asesinatos que ha colocado a los creadores de contenido en el centro de una disputa criminal que se libra tanto en las calles como en las pantallas.

Gastélum, conocido como “Cesarín”, acumulaba más de medio millón de seguidores en TikTok y una presencia creciente en Instagram y YouTube. Su estilo —mezcla de humor, música regional y una estética que en ocasiones coqueteaba con lo “bélico”— lo había convertido en una figura popular en Sinaloa. La noche de su asesinato, dos hombres en motocicleta se acercaron al estacionamiento del restaurante donde transmitía y uno de ellos le disparó en la cabeza. El ataque quedó registrado en la emisión y en las cámaras de seguridad del local. La Fiscalía estatal abrió una investigación sin detenidos y sin línea oficial divulgada.

El caso resonó de inmediato con otro crimen que había conmocionado al país: el feminicidio de Valeria Márquez, una influencer de belleza asesinada en mayo de 2025 mientras transmitía desde un salón de belleza en Zapopan, Jalisco. En su caso, los agresores también utilizaron una motocicleta para facilitar la huida. La Fiscalía de Jalisco detuvo a un sospechoso meses después, pero el móvil sigue bajo investigación.

La muerte de Leovardo Aispuro, “El Gordo Peruci”, en 2024 —quien había aparecido en un video junto a Gastélum— reforzó la percepción de que estos crímenes no son hechos aislados, sino parte de un patrón que se repite en estados donde el narco tiene fuerte presencia. Sinaloa, Jalisco y Guerrero concentran la mayoría de los casos. Desde 2024, al menos 19 influencers han sido asesinados en México, ocho de ellos en Sinaloa, un estado marcado por la disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa, particularmente Los Chapitos y La Mayiza.

Las autoridades mexicanas investigan si algunos de estos creadores de contenido mantenían vínculos —reales o percibidos— con grupos criminales. En enero de 2025, un panfleto arrojado desde avionetas en Culiacán señalaba a 25 influencers y músicos como presuntos colaboradores de Los Chapitos, aunque sin pruebas verificadas. Al menos seis de los diez influencers asesinados en Sinaloa desde 2024 aparecían en ese documento. Otros, como Gastélum, no figuraban en la lista, pero fueron ejecutados en el mismo clima de violencia.

Más allá de los posibles vínculos, los expertos coinciden en que la exposición constante en redes sociales —ubicaciones en tiempo real, rutinas, amistades, estilo de vida— se ha convertido en un factor de riesgo. En un país donde el crimen organizado ha adaptado sus métodos al entorno digital, cada transmisión puede convertirse en una ventana para localizar a un objetivo. La muerte en directo de Gastélum y Márquez evidencia cómo la frontera entre la vida pública y la vulnerabilidad se ha vuelto difusa para quienes construyen audiencias masivas.

El fenómeno también revela una transformación en la relación entre el narco y la cultura digital. Los grupos criminales han entendido el poder de las audiencias y buscan influir en ellas, ya sea mediante intimidación, reclutamiento simbólico o control territorial de la narrativa. Algunos influencers adoptan estéticas asociadas al mundo criminal para ganar seguidores; otros simplemente viven en zonas dominadas por cárteles y se convierten en objetivos por proximidad. En ambos casos, la línea entre entretenimiento y riesgo se ha vuelto peligrosamente delgada.

La violencia contra influencers plantea un desafío urgente para México. Los creadores de contenido se han convertido en actores visibles en el espacio público, pero carecen de los protocolos de protección que existen para periodistas o defensores de derechos humanos. La cifra de asesinatos desde 2024 —19 casos documentados, con picos en 2025— muestra que el fenómeno no es coyuntural, sino estructural.

La muerte de César Gastélum, transmitida en tiempo real, es un recordatorio brutal de que el crimen organizado ha ampliado sus fronteras y ahora opera también en el ecosistema digital. Mientras las autoridades investigan si estos asesinatos forman parte de una estrategia criminal más amplia, miles de jóvenes mexicanos siguen construyendo audiencias en redes sin saber que, en algunos territorios, la fama puede convertirse en una sentencia.


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