Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Glencore entra en escena: la batalla por Sherritt redefine el futuro del níquel cubano

La propuesta, entregada el 26 de junio y revelada el 10 de agosto, incluye una inyección inmediata de capital a 12 centavos por acción, sin depender de deuda externa. Foto Escambray.

Washington. PLC | La crisis de Sherritt International, la minera canadiense que durante más de tres décadas fue el socio extranjero más estable del régimen cubano, ha entrado en una fase decisiva. La suspensión de sus operaciones en Moa, Holguín, anunciada en mayo tras el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, dejó a la empresa al borde de la insolvencia y abrió una carrera internacional por hacerse con su control. Ahora, un consorcio de inversores encabezado por Glencore —uno de los gigantes globales del sector minero y de materias primas— ha presentado una oferta que podría cambiar por completo el mapa geopolítico del níquel y el cobalto en el Caribe.

La propuesta, entregada el 26 de junio y revelada el 10 de agosto, incluye una inyección inmediata de capital a 12 centavos por acción, sin depender de deuda externa. El grupo está formado por Glencore, Kyma Capital, el cofundador de Brevan Howard, Trifon Natsis, y un inversor estadounidense no identificado que actúa como ancla financiera. La oferta permite además que los accionistas actuales participen en la recapitalización en igualdad de condiciones, un gesto calculado para ganar apoyo interno en la junta de Sherritt.

El consorcio insiste en que su propuesta es “financiada, inclusiva y sin descuento”, y subraya que ya mantiene conversaciones constructivas con Washington. Este detalle es crucial: las empresas conjuntas de Sherritt en Cuba fueron sancionadas por Estados Unidos, y cualquier operación que implique activos vinculados al régimen cubano requiere un delicado equilibrio diplomático. Que Washington no se oponga a las negociaciones es, en sí mismo, un mensaje político. La administración Trump parece dispuesta a permitir que actores estadounidenses —o aliados cercanos— tomen el control de una empresa que durante décadas operó en el corazón del sector estratégico cubano.

La crisis de Sherritt no es solo financiera. El cierre de su refinería de níquel y cobalto en Fort Saskatchewan, Alberta, y la paralización de la producción en Moa han dejado a la compañía sin flujo de caja y sin capacidad operativa. La empresa conjunta cubana era su principal fuente de ingresos y su razón de ser. Sin ella, Sherritt se enfrenta a una liquidez crítica y a la posibilidad real de no sobrevivir sin una recapitalización profunda. Financial Times ha descrito la situación como “existencial”.

La entrada de Glencore añade una dimensión geopolítica que trasciende la crisis empresarial. El níquel y el cobalto son minerales esenciales para baterías, energías renovables y tecnologías estratégicas. Controlar su producción en el Caribe significa influir en cadenas globales de suministro en un momento en que Estados Unidos y China compiten por recursos críticos. Si Glencore —con fuerte presencia en mercados occidentales— toma el control de Sherritt, Cuba perdería a su socio histórico y quedaría expuesta a una reconfiguración del sector minero que podría reducir su autonomía económica.

Para el régimen cubano, la situación es alarmante. La salida de Sherritt ya debilitó uno de los pocos sectores rentables del país. Si la empresa cae en manos de un consorcio alineado con intereses occidentales, La Habana podría enfrentar presiones adicionales para renegociar contratos, aceptar nuevas condiciones o incluso perder capacidad de decisión sobre la producción en Moa. La minería, que durante décadas fue un salvavidas económico, podría convertirse en un campo de disputa internacional donde Cuba tiene cada vez menos margen.

El consorcio liderado por Glencore pide a la junta de Sherritt que compare todas las ofertas y permita que “la mejor transacción gane por sus méritos”. Pero detrás de esa frase hay una realidad más compleja: esta operación no solo definirá el futuro de la empresa, sino también el papel de Cuba en el mercado global de minerales críticos. La crisis de Sherritt ha abierto una ventana que actores internacionales están aprovechando para reposicionarse en un sector estratégico que el régimen cubano ya no puede controlar como antes.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *