MÉXICO-CUBA
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Ciudad de México. PLC | La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, se sumó a la campaña “Un litro de gasolina para Cuba”, promovida por la Liga Cultural Antifascista con el propósito de recaudar fondos para adquirir y enviar 40.000 litros de combustible a la Isla. La mandataria compró una estampa coleccionable de 25 pesos mexicanos, cantidad que los organizadores equiparan al precio de un litro de gasolina.
La organización difundió una fotografía en la que Sheinbaum aparece mostrando la estampa junto al escritor Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica. La Embajada de Cuba en México reprodujo posteriormente el anuncio y destacó la aportación de la presidenta.
La campaña, lanzada el 18 de octubre durante la Feria Internacional del Libro del Zócalo, prevé vender 40.000 estampas creadas por artistas cubanos. Sus promotores han señalado que pretenden comprar el combustible y encontrar un buque tanque que lo traslade a Cuba en nombre de la sociedad civil mexicana.
Entre los convocantes de la organización figuran, además de Taibo II, el cineasta Sergio Arau, los actores Damián Alcázar y Jesús Ochoa, y la escritora Elena Poniatowska. Las estampas se distribuyen en librerías del Fondo de Cultura Económica en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
La iniciativa presenta la escasez energética cubana únicamente como consecuencia de las sanciones estadounidenses. La Liga Cultural Antifascista acusa a Estados Unidos de intentar “asfixiar” al pueblo cubano y sostiene que cada litro aportado sirve para defender “la vida y la soberanía de los pueblos”.
Pero esa explicación elimina de la escena al Gobierno cubano y silencia su responsabilidad en el deterioro del sistema energético. La campaña tampoco ha explicado públicamente, en la información consultada, qué institución recibirá el combustible, cómo será distribuido ni qué mecanismos independientes permitirán comprobar que llegue a hospitales, sistemas de bombeo de agua o servicios esenciales, en lugar de quedar bajo el control discrecional del Estado.
El respaldo de Sheinbaum posee además un evidente valor político. Aunque su aportación individual fue de apenas 25 pesos, la fotografía de una jefa de Estado participando en la colecta concede visibilidad y legitimidad institucional a una campaña cuya narrativa coincide con la del régimen cubano: todas las responsabilidades recaen sobre Washington y ninguna sobre La Habana.
La solidaridad con los cubanos no debería confundirse con la solidaridad política hacia quienes los gobiernan. Ayudar a hospitales, ancianos y familias atrapadas por los apagones es una causa defendible. Entregar combustible sin transparencia, sin supervisión independiente y sin exigir cuentas a las autoridades cubanas corre el riesgo de convertirse en otra operación propagandística que utiliza las necesidades de la población para absolver al poder.
El problema no es que México quiera ayudar a Cuba. El problema es que una iniciativa presentada como humanitaria omita exigir garantías sobre el destino de la ayuda y no pronuncie una sola palabra sobre la responsabilidad del régimen en la ruina energética del país.
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