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Crímenes bancarios de lesa humanidad en Cuba

En muchas sucursales, pese a las nuevas disposiciones, solo se permite retirar hasta mil pesos, y en ocasiones cinco mil, las menos. Foto Frank Abel

 Por Frank Abel

La Habana. PLC / En los bancos cubanos se cometen a diario abusos que solo pueden describirse como crímenes brutales contra la población. La palabra es esa, aunque parezca extrema. Bajo la mirada indiferente de las autoridades del Partido Comunista y del Gobierno, ancianos, mujeres con niños en brazos, padres de familia, personas con discapacidad y ciudadanos en general pasan días enteros en colas interminables para poder extraer dinero en efectivo. Mientras tanto, los gerentes y directivos de las entidades bancarias aplican medidas que parecen diseñadas para llevar a la población al límite de la supervivencia.

En muchas sucursales, pese a las nuevas disposiciones, solo se permite retirar hasta mil pesos, y en ocasiones cinco mil, las menos. El problema es que, después de esperar durante varios días, quienes logran extraer cinco mil pesos —si su salario o pensión llega a esa cifra— ven cómo se esfuman en un instante: apenas alcanzan para comprar un cartón de huevos y un pomo de aceite. Si queda dinero en la cuenta, hay que volver a empezar, volver a la cola, volver a esperar quién sabe cuántos días. No es exageración: son muchas las personas que han pasado semanas intentando retirar su propio dinero sin éxito.

Para entender la magnitud del desastre, basta mirar el contexto. La mayoría de los cajeros automáticos en Cuba están fuera de servicio, lo que obliga a la población a acudir directamente a los bancos. Bajo el sol tropical, incluso en invierno, los usuarios esperan de pie a que llegue la corriente eléctrica, a que funcione la conexión con la red bancaria o, simplemente, a que haya efectivo disponible, porque hasta eso escasea. El proceso de bancarización impuesto por el Gobierno es otro fracaso: la mayoría de los negocios privados se niegan a aceptar pagos por transferencia. En la práctica, alguien puede tener 50 mil pesos en su tarjeta y, sin efectivo, es como si no tuviera nada. Los comercios estatales, donde sí se aceptan transferencias, están desabastecidos o venden en dólares.

En medio de esta realidad, es común ver personas desmayarse en las colas, jóvenes y ancianos por igual. También es habitual que muchos se vean obligados a recurrir al mercado negro para obtener efectivo, perdiendo entre un 20 y un 40 % de su dinero. Otros, simplemente, no pueden comprar nada y sobreviven día a día con lo que logran resolver para comer en casa.

Mientras tanto, el Gobierno continúa inventando soluciones fantasma que no resuelven nada. El pueblo sigue pagando el precio de políticas fallidas que, lejos de aliviar la crisis, profundizan el sufrimiento de millones de cubanos.


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