Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Trump y Cuba: el giro inesperado que plantea The Economist y que podría alterar el destino de la isla

The Economist, portada de un artículo sobre Trump y Cuba. Foto cortesía de The Economist.

Miami. ULC. Un análisis reciente de The Economist ha sacudido el debate sobre Cuba al plantear una hipótesis que, hasta hace poco, habría parecido impensable: Donald Trump podría convertirse en el presidente estadounidense con mayor capacidad para forzar un cambio real en la isla. No por convicción democrática ni por afinidad ideológica, sino por un pragmatismo crudo que rompe con setenta años de certezas políticas. El artículo sostiene que, en un momento en que Cuba atraviesa su peor crisis desde el Periodo Especial, el cinismo trumpiano podría lograr lo que ni la presión moral ni la rigidez ideológica han conseguido.

El texto describe una Cuba exhausta, donde casi once millones de personas se levantan cada día para enfrentar la escasez de alimentos, medicinas, electricidad y agua potable. El régimen, atrapado en su propio miedo a perder el control, se aferra a una postura de resistencia que ya no convence ni a sus aliados. Pero The Economist señala que la responsabilidad del estancamiento no recae solo en La Habana. También apunta a la influencia histórica de los sectores más duros del exilio cubano, cuya insistencia en mantener el embargo ha contribuido a un aislamiento que no ha debilitado al régimen, pero sí ha castigado a la población.

En este escenario, Trump aparece como un actor inesperado. Su administración ha impuesto sanciones de una severidad inédita, ha cortado el suministro de petróleo procedente de Venezuela y Rusia, ha espantado a inversores extranjeros y ha enviado fuerzas especiales para capturar a Nicolás Maduro, un aliado clave de La Habana. También ha amenazado a los líderes cubanos con una “toma de control amistosa”. Sin embargo, detrás de esa retórica agresiva, The Economist detecta un enfoque menos ideológico y más transaccional. Trump no está obsesionado con “Cuba como Cuba”, según antiguos funcionarios citados por la revista, pero sí con la idea de ser “el hombre que derrocó al gobierno de Castro”.

La parte más sorprendente del análisis es la que involucra a Joe García, excongresista demócrata por Florida y una de las voces más influyentes en la política hacia Cuba. García sostiene que Trump es, paradójicamente, el presidente con mayor capacidad para levantar el embargo. Su argumento desafía décadas de ortodoxia: los cubanoamericanos de línea dura no se rebelarían si el giro viniera de Trump. “Si Trump dice: ‘Vamos a acabar con ellos con el capitalismo’, y Marco Rubio añade que habrá elecciones en tres años, los cubanoamericanos lo aceptarán”, afirma. En el Congreso, añade, habría suficientes demócratas dispuestos a votar con Trump por razones humanitarias, incluso si algunos republicanos se opusieran.

El artículo también recoge el temor de algunos sectores del exilio a que Cuba siga el modelo venezolano tras la captura de Maduro, donde un relevo interno dejó intacto el sistema. Otros, como Orlando Gutiérrez-Boronat, creen que el régimen está más cerca del colapso que nunca y celebran la presión de Washington. Pero The Economist subraya que el poder en Cuba no funciona como en Caracas: no existe una figura equivalente a Delcy Rodríguez que pueda ser reclutada como transición. La cúpula cubana opera como un consorcio militar cohesionado por la voluntad de conservar el poder y por el temor a las consecuencias de perderlo.

Mientras tanto, en Hialeah, los cubanoamericanos recién llegados hacen cola para enviar paneles solares, lámparas recargables y comida enlatada a sus familias en la isla. Muchos de ellos, lejos de la retórica de Miami, ven en Trump un pragmatismo que podría abrir una puerta que la ideología ha mantenido cerrada durante décadas. “Rubio quiere un cambio de régimen, pero la forma en que lo quiere conducirá al caos”, dice un profesor cubano citado por la revista. Para él, la pureza ideológica ha fracasado; tal vez sea hora de probar algo distinto.

El artículo concluye con una reflexión que rompe con la narrativa tradicional: la rigidez moral no ha derribado al castrismo, que ha sobrevivido a doce presidentes estadounidenses. Si Trump logra forzar una negociación que abra espacios reales de cambio —y si el régimen cubano responde—, podría reclamar para sí un lugar inesperado en la historia de la isla. No por convicción democrática, sino por la lógica implacable de un pragmatismo que, en ocasiones, consigue lo que la moral no puede.

https://www.economist.com/international/2026/06/02/donald-trump-could-be-the-man-to-save-cuba?


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Los comentarios están cerrados.