Estocolmo. PLC. La delegación de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) en Suecia, encabezada por su representante en Estocolmo, Luis Valdés, difundió una declaración pública en respuesta a la reacción del Gobierno cubano ante la suspensión de operaciones de las tarjetas Visa y Mastercard en la isla. La organización opositora, presidida por José Daniel Ferrer García, rechaza la narrativa oficial que intenta presentar la medida estadounidense como una agresión directa contra el pueblo cubano y sostiene que los verdaderos responsables del impacto económico son las estructuras financieras controladas por el conglomerado militar GAESA.
La declaración cuestiona la estrategia comunicativa del régimen, que ha atribuido la interrupción de los servicios de pago a una supuesta hostilidad de Washington hacia la población. Para UNPACU, esa interpretación oculta deliberadamente el papel de Fincimex y de las empresas militares que gestionan sectores estratégicos de la economía cubana. La organización subraya que la suspensión de operaciones no afecta a la ciudadanía común, sino a los circuitos financieros que sostienen a la élite gobernante. “El pueblo cubano no vive de tarjetas internacionales ni de privilegios financieros. Vive entre apagones, escasez, salarios miserables, falta de alimentos, ausencia de libertades y una economía secuestrada por una casta que controla los recursos nacionales mientras culpa siempre al exterior”, señala el texto difundido desde Estocolmo.
La declaración insiste en que la crisis que atraviesa el país no es consecuencia de decisiones externas, sino del modelo económico y político impuesto por el Estado. En un contexto marcado por apagones prolongados, inflación descontrolada y un deterioro acelerado de los servicios básicos, UNPACU considera que el Gobierno intenta desviar la atención hacia factores externos para evitar asumir responsabilidades internas. La organización recuerda que las tarjetas internacionales son utilizadas fundamentalmente por el sector turístico, por empresas estatales y por las redes comerciales vinculadas a GAESA, no por la mayoría de los ciudadanos, que sobreviven con salarios insuficientes y sin acceso a divisas.
El comunicado también aborda el clima político y social de la isla, donde las protestas intermitentes, los cacerolazos y la creciente frustración ciudadana han puesto en evidencia el desgaste del modelo. En ese marco, UNPACU rechaza tanto la narrativa oficial que acusa a la oposición de promover una intervención extranjera como la idea de que la población deba resignarse indefinidamente a la precariedad. “Nadie desea una intervención militar en Cuba, pero tampoco se puede pedir al pueblo que siga eternamente sometido y empobrecido”, afirma la organización.
La declaración difundida desde Estocolmo se inscribe en un momento de creciente presión internacional sobre el Gobierno cubano y de un deterioro económico sin precedentes en la isla. Para UNPACU, la suspensión de Visa y Mastercard no es un ataque contra la ciudadanía, sino un síntoma más de la fragilidad de un sistema que ha concentrado el poder económico en manos de estructuras militares opacas y que ahora enfrenta las consecuencias de esa dependencia. En un país donde la población vive al límite y donde la élite intenta blindarse frente a la crisis, la disputa por el relato se ha convertido en un terreno central de la confrontación política.
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