CUBA-REPRESIÓN-DERECHO HUMANOS
Redacción Central
La Habana. PLC | A los 73 años, enfermo de diabetes y cumpliendo una condena de nueve años por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, el opositor cubano Félix Navarro Rodríguez llevaba 66 días solo en una celda de la enfermería de la prisión de Agüica, en Matanzas, según la denuncia realizada por su esposa, Sonia Álvarez, tras visitarlo.
El caso resultaría grave por sí mismo. Pero deja de parecer excepcional cuando se coloca junto a los datos recopilados por Cubalex: la organización registra 18 incidentes relacionados con celdas de castigo o aislamiento durante los primeros 26 días de octubre. En todo 2026 ha identificado a 95 personas involucradas en al menos uno de estos episodios. Octubre aparece ya como el tercer mes con más registros de este tipo, por detrás de julio, con 26, y abril, con 23.
Es decir, la denuncia sobre Navarro plantea una cuestión que trasciende su situación personal: hasta qué punto el aislamiento se utiliza dentro del sistema penitenciario cubano como mecanismo disciplinario y, particularmente, contra presos políticos.
Navarro contó a su esposa durante una visita que llevaba 66 días solo. Sonia Álvarez aseguró que su presencia en la enfermería no responde a un tratamiento especializado que requiera mantenerlo separado del resto de los presos. Según su testimonio, recibe la medicación para la diabetes, pero no le controlan regularmente la enfermedad ni recibe una atención médica que justifique su reclusión en ese lugar.
La ubicación en una enfermería podría sugerir protección médica. La denuncia familiar describe justamente lo contrario: aislamiento sin la atención sanitaria correspondiente.
La situación resulta especialmente delicada considerando la edad de Navarro y su diabetes. Su esposa también denunció que durante una visita un funcionario penitenciario retiró parte de los alimentos que llevaba para él y explicó que su marido necesita alimentarse regularmente debido a su enfermedad.
La preocupación médica tiene otro antecedente. Infobae, citando a Amnistía Internacional, informó que en enero de este año se realizaron exámenes a Navarro ante posibles síntomas de tuberculosis y que ni él ni sus familiares obtuvieron oportunamente información sobre los resultados. La misma fuente señala que Amnistía Internacional reiteró el 23 de octubre su exigencia de liberación para Navarro y su hija, Saylí Navarro Álvarez, reconocidos por la organización como presos de conciencia desde 2024.
Padre e hija cumplen condenas de nueve y ocho años respectivamente en relación con su participación en las protestas del 11J. Navarro también presenta problemas de salud, de acuerdo con la denuncia de su madre recogida por Martí Noticias. [martinoticias.com]
La duración del aislamiento de Navarro adquiere especial relevancia al compararla con los estándares penitenciarios internacionales.
Las Reglas Nelson Mandela establecen que las personas privadas de libertad deben ser tratadas respetando su dignidad y no pueden ser sometidas a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. También estipulan que la prestación de servicios médicos a los presos es responsabilidad del Estado y que estos deben disponer de estándares de atención sanitaria equivalentes a los disponibles para el resto de la comunidad. [unodc.org]
La denuncia tampoco termina en Navarro.
Los datos recopilados por Cubalex y reproducidos este martes muestran reincidencia de episodios de aislamiento sobre determinados presos políticos. Entre los casos documentados aparecen Danisbel Labrada Morales y Fausto René Ramos Ramírez, con nueve registros cada uno; Ediolvis Marín Mora, con siete; Virgilio Mantilla Arango y Pedro Carlos Camacho Ochoa, con seis cada uno; Aliesky Calderín Acosta y Alexander Fábregas Milanés, con cinco; y Carlos Alain Abrahantes Valdés, con cuatro.
Particularmente inquietante es el expediente de Ediolvis Marín Mora. Cubalex afirma haber registrado durante 2026 un total de 19 incidentes represivos en su contra en distintas cárceles de Camagüey, entre ellos aislamiento, incomunicación, amenazas de muerte, dificultades para acceder a atención médica y traslados penitenciarios. La organización informó el 23 de octubre que permanecía en una celda de castigo en la prisión de Kilo 8.
Los dos casos ayudan a dibujar un panorama que exige más atención internacional. No basta con contar cuántos presos políticos existen en Cuba. Es necesario observar también qué sucede con ellos después de cerrarse las puertas de las cárceles.
El aislamiento tiene precisamente esa característica: hace invisible al preso.
Reduce su contacto con otros reclusos, dificulta la observación externa de su estado y aumenta su dependencia de funcionarios penitenciarios para obtener alimentos, medicamentos, comunicación y atención sanitaria.
En el caso de Navarro, existe además una historia política que vuelve particularmente sensible su encarcelamiento. No es la primera vez que conoce las prisiones del régimen. Martí Noticias recuerda que fue también uno de los condenados durante la Primavera Negra. Actualmente cumple nueve años de prisión por cargos de desórdenes públicos y atentado tras su detención durante las manifestaciones del 11 de julio de 2021.
Lo que las fuentes consultadas no permiten establecer de manera independiente es la justificación oficial concreta para mantenerlo apartado del resto de la población penal durante ese período. La afirmación de que se trata de un castigo deliberado procede fundamentalmente del testimonio de su esposa. Tampoco disponemos en estas fuentes de una evaluación médica independiente reciente que determine su estado clínico exacto.
Es importante hacer esas precisiones. Pero la ausencia de información oficial no disminuye la gravedad de las preguntas, sino que hace más necesaria una explicación de las autoridades penitenciarias.
¿Por qué un hombre de 73 años permanece durante semanas solo en una enfermería si, según su familia, no está recibiendo allí un tratamiento que requiera aislamiento? ¿Qué seguimiento recibe su diabetes? ¿Cuál es la justificación penitenciaria o médica para mantenerlo separado de los demás presos?
El problema de fondo va más allá de Navarro.
Cuando una organización de derechos humanos documenta 18 incidentes de aislamiento en apenas 26 días y 95 personas afectadas durante un mismo año, ya no basta con considerar cada expediente de forma completamente separada. Los números exigen investigar si existe un patrón institucional y qué salvaguardias reales poseen los presos para denunciar abusos.
La responsabilidad es particularmente clara en materia sanitaria. Las Reglas Nelson Mandela establecen expresamente que la atención médica de los reclusos es responsabilidad del Estado.
El régimen cubano puede encarcelar a Navarro, pero desde el momento en que lo priva de libertad asume también la responsabilidad directa de proteger su salud, su integridad física y su dignidad.
Y ahí está precisamente la dimensión política del caso.
Un Estado demuestra también su naturaleza por la manera en que trata a quienes ha derrotado, condenado y encerrado. Un preso anciano, enfermo y aislado no representa una amenaza que justifique la opacidad. Representa, por el contrario, una prueba elemental de hasta dónde está dispuesto a llegar un sistema penitenciario cuando desaparecen los testigos.
Los 66 días denunciados de aislamiento de Navarro deberían bastar para reclamar una explicación pública, una evaluación médica independiente y una revisión inmediata de sus condiciones de reclusión.
Porque en Cuba el drama de los presos políticos no termina cuando reciben una condena. Para muchos, es precisamente detrás de los muros de la prisión donde comienza la parte que el régimen preferiría que nadie pudiera ver.
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