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Los CDR llevan la campaña política contra Estados Unidos hasta las puertas de un preuniversitario de La Habana

Eso puede definirse como concentración política, acto antiimperialista o campaña contra el embargo. Llamarlo “debate” resulta mucho más difícil cuando ninguna alternativa al discurso gubernamental aparece representada. Foto Radio Rebelde

Redacción Central

La Habana. PLC | Mientras los apagones, la falta de agua y la escasez de medicamentos golpean diariamente a la población cubana, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) han vuelto a movilizar su estructura territorial para difundir el discurso político del Gobierno. Esta vez, el escenario escogido fue particularmente significativo: las inmediaciones de un instituto preuniversitario de La Habana.

El llamado “Barrio Debate” tuvo lugar frente al Instituto Preuniversitario Saúl Delgado, en el municipio Plaza de la Revolución, como parte de una jornada definida oficialmente como “antiimperialista”. El acto estuvo dedicado a denunciar el embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos y las actuales restricciones energéticas.

No fue simplemente una reunión vecinal para discutir los problemas que padecen los habitantes del barrio.

De acuerdo con la propia descripción de Radio Rebelde, el encuentro comenzó con la proyección de un audiovisual sobre los efectos de la política estadounidense y continuó con la lectura de un fragmento de Nuestra América, de José Martí. El contenido político del acto estaba, por tanto, definido desde su comienzo.

La escuela convertida en escenario político

La elección de un preuniversitario para una movilización explícitamente antiestadounidense merece atención.

Una institución educativa debería ser, ante todo, un lugar para enseñar a los jóvenes a adquirir conocimientos, contrastar ideas y desarrollar su capacidad crítica. Cuando una organización vinculada al sistema político organiza junto a una escuela una actividad cuyo contenido ideológico está establecido de antemano, la frontera entre educación, movilización política y adoctrinamiento se vuelve particularmente preocupante.

La crónica oficial consultada habla de “vecinos participantes” y sitúa el acto frente al Instituto Preuniversitario Saúl Delgado, pero no especifica si alumnos del centro asistieron, cuántos participaron ni en qué condiciones. Tampoco dice que su asistencia fuera obligatoria.

Esa distinción es importante.

Un “debate” en el que solamente aparece una posición

También resulta discutible la propia utilización de la palabra “debate”.

Un debate requiere, por definición, la posibilidad de contrastar argumentos y posiciones diferentes. En la información divulgada por Radio Rebelde no aparece ninguna opinión discrepante, ninguna discusión sobre las responsabilidades internas del Gobierno cubano en la crisis ni ningún cuestionamiento a la gestión económica de las autoridades.

El acto presentó las dificultades derivadas del llamado “cerco energético”, los prolongados apagones, los problemas con el abastecimiento de agua y las limitaciones del sistema sanitario para conseguir medicamentos y equipamiento. Todos son problemas reales que afectan gravemente a los cubanos. Pero fueron enmarcados en una narrativa esencialmente dirigida hacia un único responsable exterior: Estados Unidos.

De acuerdo con la información oficial, los asistentes también destacaron la solidaridad internacional con Cuba, denunciaron supuestas presiones estadounidenses sobre otros gobiernos y cuestionaron que Washington mantenga a Cuba en su lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

Eso puede definirse como concentración política, acto antiimperialista o campaña contra el embargo. Llamarlo “debate” resulta mucho más difícil cuando ninguna alternativa al discurso gubernamental aparece representada.

Los CDR y la movilización política del barrio

El episodio tampoco es aislado. Los CDR continúan utilizando los llamados “barrios debate” como instrumento de movilización social.

En septiembre, por ejemplo, otro “Barrio Debate” de los CDR en Camagüey fue organizado conjuntamente con integrantes del Consejo Electoral Provincial. La información oficial destacó allí el vínculo entre los CDR y el sistema electoral cubano y presentó la actividad como expresión de “unidad y compromiso ciudadano”.

Los CDR aparecen así mucho más allá de su supuesta función comunitaria: como una estructura capaz de trasladar campañas políticas y prioridades gubernamentales hasta la escala más pequeña de la sociedad cubana, el barrio.

La proximidad de la votación de Naciones Unidas no es casual

El acto celebrado ante el preuniversitario tuvo lugar el 22 de octubre, cuando faltaban pocos días para que Cuba llevara nuevamente ante la Asamblea General de Naciones Unidas su resolución contra el embargo.

La propia Radio Rebelde vincula expresamente el “Barrio Debate” con ese contexto y señala que la presentación y posterior votación de la resolución cubana están previstas para los días 27 y 28 de octubre.

La movilización interna acompaña así a la ofensiva diplomática exterior.

El Gobierno cubano tiene pleno derecho a denunciar internacionalmente las sanciones que considera injustas, del mismo modo que cualquier ciudadano debería tener derecho a compartir esa posición. El problema comienza cuando el discurso político del Estado penetra espacios educativos y organizaciones sociales donde resulta difícil determinar dónde termina la participación espontánea y dónde comienza la movilización institucional.

Educar no significa enseñar qué debe pensarse

El verdadero problema de fondo no es que en Cuba se critique el embargo estadounidense. Las sanciones pueden y deben ser objeto de discusión, incluida una valoración de sus consecuencias económicas y humanas.

El problema es otro: una enseñanza verdaderamente crítica debería permitir que un joven analizara simultáneamente las sanciones estadounidenses y la responsabilidad del Gobierno cubano; la falta de combustible y el deterioro de las termoeléctricas; las restricciones financieras externas y los errores económicos internos; las políticas de Washington y las decisiones de La Habana.

Eso sí sería un debate.

Proyectar un audiovisual con una interpretación previamente establecida, acompañarlo de una jornada “antiimperialista” y colocar toda la actividad bajo la organización política de los CDR responde a una lógica diferente.

La imagen resulta especialmente contradictoria en un momento en que el propio Gobierno acaba de aprobar medidas para intentar reincorporar al estudio y al trabajo a jóvenes desvinculados. La juventud cubana necesita escuelas, profesores, electricidad, acceso a información plural y perspectivas de futuro.

Necesita, sobre todo, aprender a pensar.

Porque cuando a un estudiante no se le ofrecen posiciones diferentes para que llegue a sus propias conclusiones, ya no se le está enseñando a debatir. Se le está diciendo cuál debe ser su conclusión.

Y eso no es educación política. Es adoctrinamiento.


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