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Cuba pierde médicos, acumula pacientes sin operar y desnuda el deterioro de su sistema de salud

El problema rebasa ampliamente a los médicos. El Sistema Nacional de Salud pasó de 390.279 trabajadores en 2024 a 365.515 en 2025, una reducción de 24.764 empleados en un solo año. Foto ©PLC

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La Habana. PLC | El sistema de salud pública cubano, presentado durante décadas por el régimen como uno de los principales logros de la Revolución, atraviesa un deterioro que las propias estadísticas oficiales ya no pueden ocultar. La pérdida de decenas de miles de profesionales, las carencias de medicamentos y equipos, las dificultades para realizar intervenciones quirúrgicas y los problemas en servicios esenciales como la hemodiálisis conforman una crisis que afecta directamente a los pacientes.

Las cifras más recientes del Ministerio de Salud Pública son particularmente reveladoras. Cuba cerró 2025 con 71.635 médicos registrados, frente a 75.364 en 2024 y 106.131 en 2021. En apenas cuatro años, el registro perdió 34.496 facultativos, equivalente al 32,5 por ciento. Es decir, casi uno de cada tres médicos contabilizados en 2021 ya no figura en las estadísticas de 2025.

El problema rebasa ampliamente a los médicos. El Sistema Nacional de Salud pasó de 390.279 trabajadores en 2024 a 365.515 en 2025, una reducción de 24.764 empleados en un solo año. Si la comparación se establece con 2021, la pérdida asciende a 145.266 trabajadores, el 28,4 por ciento de la fuerza laboral sanitaria registrada entonces. También disminuyeron enfermeros, estomatólogos, técnicos y otros profesionales.

Las estadísticas, sin embargo, no permiten atribuir toda esa disminución a la emigración. El propio anuario no especifica cuántos profesionales emigraron, se jubilaron, abandonaron la profesión o dejaron de figurar en los registros por otros motivos. Lo que sí puede afirmarse es que el sistema dispone sobre el papel de muchos menos recursos humanos que hace cuatro años.

La gravedad del problema adquiere otra dimensión cuando se observan sus consecuencias en los hospitales.

En Guantánamo, más de 3.000 pacientes esperan una intervención quirúrgica y entre ellos figuran más de 300 enfermos de cáncer. El director del Hospital General Docente Agostinho Neto, Roberto Javier Torres Bronfield, reconoció la falta de máquinas, mesas y lámparas quirúrgicas. La escasez de anestésicos obliga además a reservar las existencias para las urgencias y el Programa Materno Infantil.

El problema no se limita a las operaciones. A mediados de octubre, una avería en los filtros de la planta de tratamiento de agua del hospital Octavio de la Concepción y de la Pedraja, en Baracoa, dejó sin servicio local de hemodiálisis a 48 pacientes renales crónicos de Maisí, Imías y Baracoa, que tuvieron que ser trasladados al Agostinho Neto. Cuatro máquinas y otros insumos también fueron trasladados para hacer frente a la emergencia.

La dimensión del atraso quirúrgico tampoco es exclusivamente guantanamera. En julio, la lista de espera nacional superaba las 100.000 personas y alrededor de 5.152 de ellas aguardaban operaciones oncológicas, según datos citados por CiberCuba.

Como otro síntoma preocupante aparece la situación epidemiológica. Cuba registró 124 nuevos casos de lepra durante 2025. El problema tiene especial incidencia en el oriente: Santiago de Cuba notificó 40 casos y Guantánamo pasó de siete a 22 en un año. Cinco de los pacientes diagnosticados tenían menos de 15 años.

La responsable del Programa Nacional de Lepra del MINSAP, Raisa Rumbaut Castillo, ha reconocido que en Cuba se diagnostican casos todos los años y ha insistido en la importancia de acudir tempranamente al médico. La especialista aclaró también que la enfermedad no se transmite fácilmente y que requiere un contacto estrecho y prolongado con una persona enferma sin tratar.

Sería incorrecto interpretar la existencia de esos casos como prueba de una epidemia nacional de lepra. Las cifras oficiales muestran incluso que los 124 diagnósticos de 2025 fueron inferiores a los 151 de 2024. Lo preocupante es su concentración en determinadas zonas y, sobre todo, que esos datos aparecen en momentos en que la infraestructura y los recursos humanos del sistema sanitario están seriamente debilitados.

La suma de todos estos elementos dibuja un escenario difícil de conciliar con la imagen de “potencia médica” que el Gobierno cubano proyectó durante décadas. No se trata solamente de hospitales deteriorados o de la escasez puntual de un medicamento. Las estadísticas oficiales muestran una contracción considerable de la fuerza laboral, mientras las informaciones procedentes de los propios centros sanitarios revelan operaciones aplazadas, falta de anestesia y dificultades para mantener tratamientos imprescindibles.

Para el régimen cubano, la salud pública fue durante décadas algo más que un servicio del Estado: constituyó una pieza fundamental de su legitimidad política y de su propaganda internacional. Precisamente por ello, las cifras conocidas ahora tienen un significado que rebasa el ámbito sanitario.

La crisis de la salud cubana ya no puede medirse únicamente por aquello que falta en una farmacia. Se mide también en los 34.496 médicos menos registrados desde 2021, en los más de 3.000 guantanameros que esperan una operación y en los enfermos renales cuyo tratamiento depende de que funcionen equipos, plantas de agua y transportes. Son datos que proceden, en buena medida, de las propias estadísticas e instituciones del Estado.

Y quizá ese sea el dato políticamente más incómodo para La Habana: una parte importante de las evidencias del deterioro del que durante décadas presentó como uno de sus mayores éxitos ya se encuentra en sus propios números.


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