CUBA-ÉXODO
Estocolmo. PLC | La salida de cubanos hacia Sudamérica se inscribe en un fenómeno mayor: el éxodo total de la Isla. Aunque Cuba no publica estadísticas oficiales, los datos de países receptores y de la Organización Internacional para las Migraciones permiten reconstruir el volumen del desplazamiento. En los últimos 18 meses, al menos entre 120.000 y 150.000 cubanos han abandonado el país. La cifra surge de la consolidación de tres grandes rutas. La primera, hacia Estados Unidos, registró 33.056 llegadas en el año fiscal 2025, mientras que ICE detuvo a 42.000 cubanos dentro del país entre enero de 2025 y abril de 2026, muchos de ellos recién llegados. La segunda, a través de Centroamérica, muestra una caída en el tránsito por Honduras —de 64.000 entradas irregulares en 2024 a 17.000 en 2025 y apenas 1.500 en los primeros meses de 2026—, pero mantiene un flujo constante hacia Guatemala y Costa Rica. La tercera, Sudamérica, es la que más crece: Brasil triplicó su migración regular neta de 2.100 en 2024 a 6.400 en 2025, mientras Uruguay pasó de un promedio mensual de 500 migrantes cubanos en 2024 a 1.246 en 2025.
Brasil se ha convertido este año en una vía de escape inesperada para miles de cubanos que buscan salir de la Isla en medio del deterioro económico y la falta de perspectivas. Entre enero y junio, 20.372 migrantes cubanos presentaron solicitudes de refugio en ese país, según cifras del Observatorio de Migraciones Internacionales y la Policía Federal. La tendencia confirma un giro regional: Sudamérica ya no es solo un corredor hacia Estados Unidos, sino un destino en sí mismo.
A estas cifras se suman rutas menores, como México, Guyana y Nicaragua, que funcionan como puntos de partida o tránsito y cuyos datos no se reportan de manera sistemática. La ausencia de estadísticas oficiales cubanas obliga a trabajar con estimaciones, pero todas coinciden en un patrón: el éxodo no se detiene y se diversifica. La migración cubana ya no depende exclusivamente de la frontera estadounidense; se expande hacia países que ofrecen procesos de refugio más accesibles, oportunidades laborales y políticas migratorias menos restrictivas.
El resultado es un mapa migratorio fragmentado, pero inequívoco. Miles de cubanos continúan abandonando la Isla cada mes, impulsados por la crisis económica, la inseguridad alimentaria, la falta de servicios básicos y la ausencia de reformas estructurales. Brasil, Uruguay y otros países de la región se han convertido en destinos inesperados de un éxodo que, lejos de disminuir, parece consolidarse como uno de los más intensos de América Latina en la última década.
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