CUBA-ESTADOS UNIDOS
Washington. PLC / Estados Unidos ha intensificado su ofensiva discursiva contra el régimen cubano con la publicación de un informe de cien páginas que describe a la Isla como “la capital del comunismo del siglo XXI”, un documento que profundiza la línea marcada días antes por el secretario de Estado, Marco Rubio. El texto, divulgado este lunes, sostiene que Cuba ha liderado durante casi siete décadas una campaña de espionaje, infiltración y subversión ideológica dirigida contra Estados Unidos y Occidente, una narrativa que retoma elementos de la Guerra Fría y los amplifica en el contexto político actual.
El informe afirma que el enfrentamiento entre La Habana y Washington “nunca fue una disputa sobre política económica o soberanía”, sino “una revolución contra la civilización occidental misma”, librada mediante un “método novedoso y malicioso”: persuadir a generaciones de jóvenes occidentales para rebelarse contra su propia herencia cultural. Según el documento, Cuba habría perfeccionado un modelo de “guerra de desgaste prolongada” basado en espionaje, sabotaje, redes de agentes encubiertos y operaciones ideológicas destinadas a enfrentar a Estados Unidos consigo mismo.
La retórica del informe coincide con las declaraciones recientes de Rubio, quien aseguró que el régimen cubano ha sido “el principal patrocinador del izquierdismo radical” en Estados Unidos y el hemisferio, y que sus redes de inteligencia e influencia han logrado infiltrarse en “las más altas esferas del Gobierno estadounidense”. Estas acusaciones, recogidas también por medios internacionales, describen una supuesta estructura de penetración ideológica y operativa que habría respaldado “una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense”.
La reacción de La Habana no se hizo esperar. El canciller Bruno Rodríguez calificó el informe de “falacia” y acusó a Rubio de intentar construir un pretexto para justificar una futura agresión militar contra Cuba. Según Rodríguez, el documento forma parte de un “macabro plan” que busca sostener la “guerra económica cruel y criminal” contra la población cubana y obtener apoyo interno en Estados Unidos para una escalada mayor.
El informe llega en un momento de máxima tensión bilateral. Washington mantiene una política de presión que combina sanciones, restricciones financieras y denuncias públicas, mientras acusa al régimen cubano de albergar instalaciones de inteligencia operadas por China y Rusia, y de apoyar redes subversivas dentro de Estados Unidos. La narrativa oficial estadounidense sostiene que, pese al deterioro del Estado cubano en casi todos los ámbitos, su aparato de inteligencia y propaganda ha sido “notablemente exitoso”.
Para Cuba, este nuevo documento refuerza la percepción de que Washington intenta reinstalar un clima de confrontación ideológica total, en el que la Isla vuelve a ser presentada como epicentro de una amenaza global. Para Estados Unidos, el informe busca justificar una política más dura y advertir sobre la supuesta persistencia de un modelo de influencia que, según Washington, sigue activo y adaptado al siglo XXI.
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