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Cuba ante la ONU: bloqueo, combustible y una pregunta que La Habana debe responder

Mientras el Gobierno cubano denuncia una política de “bloqueo”, “asfixia económica” y persecución financiera por parte de Estados Unidos, los registros comerciales muestran una realidad más compleja: Cuba continúa comprando alimentos, productos humanitarios y combustible a empresas estadounidenses Imagen generada por inteligencia artificial/ASF©

Por Antonio Suárez Fonticiella – Prensa Libre Cuba 

La Habana. PLC Opinión | La discusión sobre Cuba volvió a ocupar un espacio relevante en Naciones Unidas. Esta vez, sin embargo, el debate internacional ofrece una oportunidad para mirar más allá de los discursos oficiales.

Mientras el Gobierno cubano denuncia una política de “bloqueo”, “asfixia económica” y persecución financiera por parte de Estados Unidos, los registros comerciales muestran una realidad más compleja: Cuba continúa comprando alimentos, productos humanitarios y combustible a empresas estadounidenses, al tiempo que recibe petróleo de otros países.

Por tanto, la pregunta no debería limitarse a si existe o no un embargo estadounidense. La cuestión incómoda es otra:

¿Qué parte de la crisis cubana puede atribuirse a las restricciones estadounidenses y qué parte corresponde a la administración económica, financiera y energética del propio Gobierno cubano?

Y existe una segunda pregunta, aún más decisiva:

¿Qué ocurre con el dinero y los recursos que sí consiguen entrar al país?

Comercio entre Cuba y Estados Unidos: existe, aunque exista embargo

Los datos oficiales del Gobierno estadounidense son claros.

Según la Oficina del Censo, durante los primeros siete meses de 2026 las exportaciones de bienes a Cuba alcanzaron 674 millones de dólares. Las cifras mensuales muestran un flujo constante:

  • enero: 64,9 millones
  • febrero: 61,7 millones
  • marzo: 73,5 millones
  • abril: 91,4 millones
  • mayo: 116 millones
  • junio: 117,6 millones
  • julio: 148,9 millones

En todo 2025, las exportaciones estadounidenses a Cuba sumaron 809,6 millones de dólares.

Hablar de Cuba como si estuviera completamente aislada del mercado estadounidense es, por tanto, incorrecto. Existen restricciones, sí, pero no una prohibición absoluta de todo intercambio comercial.

La legislación estadounidense contempla excepciones, especialmente para alimentos y productos agrícolas. El Departamento de Agricultura registró 431,2 millones de dólares en exportaciones agrícolas a Cuba durante 2024.

Mientras La Habana denuncia las sanciones, barcos y empresas estadounidenses continúan enviando productos a la isla.

El dato más difícil de ignorar: el combustible

Aquí el debate adquiere otra dimensión.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos reportó que, durante los primeros seis meses de 2026, llegaron a Cuba 1,674 millones de barriles de petróleo y productos petroleros. La secuencia mensual es reveladora:

  • enero: 1.000 barriles
  • febrero: 19.000
  • marzo: 190.000
  • abril: 210.000
  • mayo: 476.000
  • junio: 778.000

La mayor parte correspondió a productos refinados.

Decir que Cuba enfrenta restricciones estadounidenses es una cosa. Afirmar que Estados Unidos no vende absolutamente nada a Cuba es otra muy distinta. Los datos oficiales demuestran que ambas realidades no pueden confundirse.

Cuba tampoco depende únicamente de Estados Unidos

El panorama se complica aún más al observar el origen del resto del combustible.

En 2025, Venezuela siguió siendo uno de los principales proveedores. Reuters estimó envíos de 26.500 barriles diarios, aproximadamente un tercio de las necesidades cubanas de ese momento.

México también desempeñó un papel relevante. Pemex suministró a Cuba 496 millones de dólares en petróleo crudo y productos petroleros en 2025, bajo un acuerdo iniciado en 2023. Hacia septiembre de 2025, los envíos mexicanos rondaban 17.200 barriles diarios de crudo y 2.000 barriles diarios de productos refinados.

Cuba, por tanto, ha tenido acceso a combustible desde diversas fuentes internacionales. La explicación de la crisis energética no puede reducirse a una sola variable.

Entonces, ¿existe bloqueo?

Sí, existe un embargo estadounidense y persisten restricciones comerciales y financieras. Pero el concepto de “bloqueo total” puede inducir a error si se interpreta como una prohibición absoluta de comprar cualquier producto estadounidense.

Los números muestran que eso no ocurre.

Cuba ha comprado cientos de millones de dólares en productos estadounidenses y ha recibido cantidades significativas de combustible desde Estados Unidos en 2026.

Al mismo tiempo, Naciones Unidas y expertos internacionales advierten sobre el impacto humanitario de las restricciones estadounidenses, especialmente en áreas como combustible, electricidad, agua, transporte y servicios esenciales.

Ambas afirmaciones pueden coexistir: hay restricciones que afectan la economía cubana y, simultáneamente, existe comercio legal entre ambos países.

El verdadero debate comienza al preguntar cuál es el peso concreto de cada factor.

La pregunta que falta: ¿dónde están los recursos?

Si Cuba puede adquirir cientos de millones de dólares en mercancías estadounidenses, si recibe alimentos, productos agrícolas y combustible, y si además obtiene petróleo de México, Venezuela y otros proveedores, resulta legítimo preguntar:

¿cómo se administran esos recursos una vez que llegan a la isla?

No todo el dinero de esas operaciones va directamente al Gobierno. Parte corresponde a empresas privadas, distribuidores u operadores autorizados. Precisamente por eso sería importante que las autoridades cubanas ofrecieran mayor transparencia sobre toda la cadena:

  • ¿Quién compra?
  • ¿Quién paga?
  • ¿Quién importa?
  • ¿Quién distribuye?
  • ¿Quién recibe los ingresos?
  • ¿A qué precio se venden los productos?
  • ¿Cuánto combustible llega realmente al sistema eléctrico?
  • ¿Cuánto de los alimentos importados llega a los hogares cubanos?

Estas preguntas son cruciales cuando el Gobierno atribuye el deterioro de los servicios públicos fundamentalmente a factores externos.

El problema no es solo cuánto entra, sino qué se hace con lo que entra

Una economía puede recibir recursos y seguir en crisis. Las causas pueden ser corrupción, ineficiencia, endeudamiento, mala administración, infraestructura deteriorada, pérdidas en la distribución, falta de divisas, controles cambiarios, problemas productivos o una combinación de varios factores.

Por eso, el simple hecho de que entren alimentos o combustible no demuestra por sí solo que el embargo carezca de consecuencias. Pero tampoco permite concluir que todas las carencias internas sean provocadas por las sanciones.

Los datos obligan a una discusión más seria.

En 2025, México suministró petróleo por 496 millones de dólares, mientras Estados Unidos exportó 809,6 millones en bienes. Son cifras suficientemente importantes para formular una pregunta básica:

¿Dónde está el resultado económico y social de esos recursos?

La crisis eléctrica vuelve a colocar la pregunta sobre la mesa

La gravedad de la situación energética cubana es indiscutible.

El 18 de septiembre de 2026, Cuba sufrió otro colapso nacional del sistema eléctrico. Reuters informó que millones de personas quedaron sin electricidad y que el país había experimentado varios colapsos durante el año, vinculados a problemas estructurales de infraestructura y falta de combustible, en un contexto agravado por las restricciones estadounidenses.

Precisamente porque la crisis es tan profunda, la explicación debería ser igualmente profunda. No basta con decir “es el bloqueo”. Tampoco basta con decir “es culpa del Gobierno”. Hay que determinar cuánto pesa cada factor.

Lo que Cuba debería explicar

Si el Gobierno cubano sostiene que las sanciones estadounidenses son responsables de una parte fundamental de la crisis, tiene una oportunidad para demostrarlo con cifras:

  • cuánto dinero necesita anualmente para operar las termoeléctricas
  • cuánto combustible recibe
  • cuánto compra
  • a qué precio
  • cuánto paga por transporte
  • cuánto pierde por restricciones financieras
  • cuánto deja de recibir por dificultades bancarias
  • y, sobre todo, qué parte de esas limitaciones se atribuye directamente a las sanciones

Pero también debería explicar qué ocurre con los recursos que sí consigue.

Si cientos de millones de dólares en mercancías entran al país y continúan los apagones, la escasez y el deterioro de los servicios, la población tiene derecho a preguntar qué sucede entre el puerto y su hogar.

Una discusión que no debería reducirse a consignas

Estados Unidos sostiene que sus medidas apuntan al sistema cubano y que La Habana utiliza el embargo como explicación para problemas internos. El Gobierno cubano sostiene lo contrario: que las sanciones constituyen una política de presión económica que limita sus posibilidades de importar y financiarse. Naciones Unidas, mientras tanto, alerta sobre las consecuencias humanitarias de la crisis.

Pero la realidad cubana no cabe completamente en ninguno de esos discursos.

Los datos muestran comercio con Estados Unidos. Los registros energéticos muestran combustible estadounidense. México y Venezuela también han enviado petróleo. Y la población enfrenta una crisis energética extraordinariamente grave.

Todo ello exige una discusión basada en cifras y transparencia, no en consignas.

La pregunta final

Después de décadas de enfrentamiento entre Washington y La Habana, quizás ha llegado el momento de formular la pregunta de otra manera. No solo:

¿Hay bloqueo?

Sino también:

¿Qué restricciones concretas existen? ¿Cuánto cuestan? ¿Cuánto comercio está permitido? ¿Cuánto combustible y alimentos entran? ¿Quién los compra? ¿Quién los administra? ¿Y qué resultados obtiene la población?

Si Cuba denuncia una política de asfixia económica, tiene derecho a exponer sus argumentos. Pero también tiene la responsabilidad de mostrar qué ocurre con los recursos que logra obtener a pesar de esas restricciones.

Los números muestran que Cuba no está aislada del mercado estadounidense ni del internacional. La realidad muestra que las restricciones siguen teniendo efectos y que la crisis energética es real.

Entre ambas verdades existe un espacio enorme que merece ser investigado.

Y ahí surge la pregunta que ningún discurso ante Naciones Unidas puede responder por sí solo:

Si existen recursos que entran a Cuba, ¿por qué no se traducen en una mejoría proporcional para los cubanos?

La respuesta requiere cuentas claras, datos verificables y transparencia. No consignas.


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