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El peso cubano se hunde: el dólar alcanza los 900 y el euro acaricia los 1.000

La velocidad del deterioro resulta especialmente reveladora. El 2 de octubre, exactamente un mes antes, se situaba el dólar en 770 pesos y el euro en 870. Este lunes las referencias son de 900 y 990 respectivamente. Imagen generada por IA| ©PLC

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La Habana. PLC | La caída del peso cubano ha cruzado otra frontera que hasta hace poco parecía extrema. Este lunes 2 de noviembre, el dólar estadounidense alcanzó los 900 pesos cubanos en la tasa representativa del mercado informal, mientras el euro llegó a 990 pesos, quedando a las puertas de la barrera psicológica de los 1.000 CUP.

No se trata solamente de dos nuevos números en la larga escalada de las divisas. El movimiento vuelve a poner en evidencia uno de los problemas más profundos de la economía cubana: la creciente pérdida de capacidad del peso para funcionar como reserva de valor y la dificultad de las autoridades para estabilizar precios, ingresos y expectativas.

El dólar subió diez pesos con respecto a la jornada anterior y el euro veinte. Según el análisis de varios medios la moneda europea acumuló ocho jornadas consecutivas de ascenso. El propio Observatorio de Monedas y Finanzas de Cuba considera que las presiones estructurales sobre el peso difícilmente desaparecerán a corto plazo.

La velocidad del deterioro resulta especialmente reveladora. El 2 de octubre, exactamente un mes antes, se situaba el dólar en 770 pesos y el euro en 870. Este lunes las referencias son de 900 y 990 respectivamente.

La situación resulta aún más significativa cuando se compara con el sistema cambiario oficial. Un despacho de EFE señala que el dólar se situaba este lunes en 770 CUP en el segmento oficial destinado a personas naturales, mientras permanecen otros segmentos a 24 y 120 CUP. La coexistencia de diferentes valores oficiales y de un mercado informal más caro refleja la profundidad de la distorsión monetaria cubana.

El problema tampoco nació esta semana. Un análisis del Observatorio de Monedas y Finanzas de Cuba vincula el auge del mercado informal desde la Tarea Ordenamiento de 2021 con los controles cambiarios, las tasas oficiales situadas por debajo del nivel de equilibrio del mercado, la inflación y los desequilibrios financieros del Estado. En ese contexto, explica el estudio, los cubanos recurren a monedas más estables para cubrir necesidades de importación, viajes, consumo o ahorro.

Es aquí donde la depreciación del peso deja de ser una cuestión exclusivamente monetaria y se convierte en un problema social. Cuando buena parte de los ingresos de la población continúa denominada en pesos, pero alimentos, mercancías importadas y numerosos servicios incorporan directa o indirectamente el valor de las divisas, cada salto del dólar termina ejerciendo una presión adicional sobre el poder adquisitivo.

Los datos oficiales tampoco permiten hablar de estabilidad. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información señalan que la inflación interanual alcanzó el 28,44% en septiembre y la acumulada desde enero llegó al 24,85%, frente al 10,88% registrado durante los primeros nueve meses de 2025.

Hay otro indicador especialmente gráfico de lo ocurrido con la moneda nacional. El Banco Central de Cuba puso en circulación el pasado 16 de septiembre billetes de 10.000 y 20.000 pesos. La institución justificó expresamente las nuevas denominaciones por la demanda de efectivo, las grandes cantidades de dinero que requiere la economía y “los momentos actuales de inflación”.

La decisión adquiere ahora una dimensión distinta. Al cambio informal representativo de este lunes, un billete de 20.000 pesos equivale a poco más de 22 dólares. No es que la aparición de billetes mayores genere inflación por sí misma. Lo que sí muestra es hasta qué punto el sistema monetario ha tenido que adaptarse a precios nominalmente mucho más altos.

Para millones de cubanos que cobran salarios y pensiones en moneda nacional, la respuesta no se mide en estadísticas ni en paquetes de 176 medidas. Se mide cada día en algo mucho más elemental: cuánto pueden comprar realmente con los pesos que tienen en el bolsillo.


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