ESTADOS UNIDOS-ELECCIONES DE MEDIO TÉRMINO
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Washington. PLC Análisis | Las elecciones de medio término han alterado profundamente el equilibrio político de Estados Unidos. Los demócratas han logrado arrebatar el Senado a los republicanos y las proyecciones apuntan también a un cambio de control en la Cámara de Representantes. El resultado supone un serio revés para Trump, que hasta ahora contaba con un Congreso bajo control republicano.
Pero una derrota en el Congreso no significa que Trump pierda el control de la política exterior. La Casa Blanca conserva amplias facultades diplomáticas y militares, mientras el Congreso puede influir mediante presupuestos, legislación, investigaciones y, en el caso del Senado, decisiones sobre nombramientos y tratados.
Para Cuba, esta nueva realidad resulta especialmente importante. La Administración Trump había endurecido considerablemente su política hacia La Habana. El secretario de Estado Rubio advirtió en septiembre que quienes dentro del régimen cubano pensaran que podían simplemente esperar el final de la Administración estaban equivocados, mientras Washington intensificaba la presión sobre la Isla.
Un Congreso demócrata puede intentar poner límites a esa estrategia, pero no necesariamente detenerla. Ahí aparece la gran paradoja del resultado electoral: un Trump con menos capacidad para impulsar su programa doméstico podría concentrar mayor atención en asuntos internacionales, donde el presidente dispone de mayor margen de maniobra. Esa posibilidad ya había sido señalada antes de las elecciones por analistas de política exterior.
Cuba podría convertirse así en uno de los escenarios de esa nueva confrontación entre la Casa Blanca y el Congreso. No debe descartarse tampoco una combinación de presión y negociación. Trump había afirmado que consideraba posible alcanzar un acuerdo con Cuba y que no creía necesaria una acción militar, mientras el Gobierno cubano había manifestado públicamente su disposición al diálogo.
El resultado también será observado con atención desde Europa. Un Congreso demócrata puede convertirse en un contrapeso frente a determinadas decisiones de la Casa Blanca y en un interlocutor importante para los gobiernos europeos. Sin embargo, tampoco garantiza el regreso a una relación transatlántica más previsible.
Antes de las elecciones, diplomáticos de la OTAN expresaron precisamente el temor de que una derrota republicana pudiera empujar a Trump a concentrarse todavía más en política exterior. Entre las preocupaciones mencionadas figuraban una posible reducción adicional de tropas estadounidenses en Europa y nuevas tensiones respecto al financiamiento de la Alianza.
Ese puede ser el verdadero significado internacional de estas elecciones. Los demócratas han debilitado el poder político de Trump dentro de Estados Unidos, pero no necesariamente su capacidad de actuar fuera de sus fronteras.
Para Cuba comienza, por tanto, una etapa particularmente incierta. La política de presión de Washington no desaparece, pero deberá convivir con un Congreso dispuesto a ejercer mayor control sobre la Casa Blanca. Para la Unión Europea y la OTAN, el resultado ofrece un nuevo contrapeso en Washington, aunque no elimina las profundas diferencias acumuladas durante estos dos primeros años del mandato de Trump.
Estados Unidos entra así en dos años de poder dividido. Y desde La Habana hasta Bruselas, la pregunta ya no es solamente qué hará Trump, sino hasta dónde podrá llegar con un Congreso controlado por sus adversarios políticos.
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