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Los aliados conservadores de Trump se rebelan: advierten contra un “nuevo Yalta” con Putin y Xi

La controversia gira alrededor de una iniciativa impulsada por Putin: reunir a los presidentes de Rusia, Estados Unidos y China durante la próxima cumbre de APEC. Foto captada de redes sociales.

Redacción Central

Washington. PLC | Algo poco habitual está ocurriendo en el entorno político de Donald Trump. Dos de los periódicos conservadores más influyentes de Estados Unidos, habitualmente cercanos a buena parte de su agenda, han lanzado una severa advertencia al presidente: sentarse con Vladimir Putin y Xi Jinping en una cumbre tripartita podría perjudicar las alianzas estadounidenses y conceder a Rusia y China una victoria diplomática de enorme valor.

La controversia gira alrededor de una iniciativa impulsada por Putin: reunir a los presidentes de Rusia, Estados Unidos y China durante la próxima cumbre de APEC, prevista para los días 18 y 19 de noviembre en Shenzhen. Desde el Kremlin se ha confirmado que la posibilidad está siendo discutida.

La idea provoca ahora rechazo precisamente donde Trump podría haber esperado mayor comprensión.

La junta editorial de The Wall Street Journal publicó el 20 de octubre una editorial titulada Trump’s New Global Triumvirate?, cuyo subtítulo constituye por sí mismo una alarma: su aproximación a Putin y Xi en un “Yalta 2” podría hacer saltar por los aires alianzas dentro y fuera de Estados Unidos.

New York Post fue igualmente contundente. Su advertencia es que aceptar la propuesta rusa podría desencadenar una rebelión dentro del propio Partido Republicano. El periódico presenta la eventual cumbre como un encuentro tipo “Yalta 2” y argumenta que Trump correría el riesgo de colocarse voluntariamente en una posición desfavorable frente a dos grandes adversarios estratégicos de Estados Unidos.

La comparación con Yalta no es casual.

Lo que preocupa a ambos periódicos no es simplemente que un presidente estadounidense converse con sus adversarios. La diplomacia exige precisamente hablar con ellos. La alarma se concentra en el formato propuesto y, sobre todo, en quién estaría presente cuando se discutiera el futuro de Ucrania.

Según la información publicada originalmente por The Wall Street Journal, Putin propuso una reunión con Trump y Xi para abordar el fin de la guerra en Ucrania. Volodímir Zelenski, sin embargo, no figura entre los participantes de ese formato propuesto.

Ese detalle cambia completamente la dimensión política del encuentro.

Ya no se trataría simplemente de tres potencias nucleares conversando sobre seguridad internacional. Si Ucrania se convierte en asunto central, tres grandes potencias estarían discutiendo las condiciones para terminar una guerra mientras el país invadido queda fuera de la mesa.

La analogía histórica con Yalta nace precisamente de ese temor: que las grandes potencias vuelvan a asumir el derecho de negociar zonas de influencia y decidir el destino de países más pequeños.

Según información que atribuye la propuesta a fuentes familiarizadas con las conversaciones, Putin planteó a Trump el encuentro durante una conversación telefónica del 9 de octubre. Un alto funcionario estadounidense confirmó la existencia de la propuesta, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio reconoció públicamente que se estaban produciendo conversaciones sobre un posible encuentro entre los tres mandatarios.

El propio Trump ha mostrado disposición.

Consultado sobre la posibilidad de reunirse con Putin y Xi, respondió que lo haría, aunque trasladó el énfasis hacia otro terreno que considera prioritario: la reducción de los arsenales nucleares de las tres potencias.

Una cumbre entre Estados Unidos, China y Rusia dedicada a la reducción de armas nucleares tendría una lógica diplomática evidente. Las tres son potencias nucleares y cualquier avance verificable destinado a reducir riesgos estratégicos tendría importancia mundial.

La cuestión es completamente diferente si la reunión se utiliza para decidir las condiciones políticas o territoriales del futuro de Ucrania sin Ucrania en la mesa.

Por eso la reacción de The Wall Street Journal y el New York Post tiene tanta relevancia.

No procede de adversarios demócratas de Trump, sino de dos cabeceras conservadoras que ven el posible encuentro como un riesgo para la propia concepción estadounidense del orden internacional. The Wall Street Journal advierte expresamente que un nuevo triunvirato basado en esferas de influencia podría destruir la credibilidad estadounidense ante sus aliados.

Los aliados estadounidenses en Europa y Asia observan necesariamente cualquier indicio de que Washington pueda sustituir progresivamente su sistema de alianzas por relaciones personales y negociaciones bilaterales entre grandes potencias. Esa es justamente la preocupación que plantea la editorial de The Wall Street Journal al advertir sobre las consecuencias que un “Yalta 2” podría tener para las alianzas estadounidenses.

La reacción conservadora tiene además una dimensión política interna.

El New York Post advierte que aceptar el formato propuesto por Putin podría provocar una fuerte reacción republicana. En vísperas de un contexto electoral políticamente sensible, eso convertiría una aparentemente espectacular victoria diplomática en un riesgo dentro del propio movimiento de Trump.

La política exterior de Trump comienza a encontrar límites no solamente entre demócratas, europeos o críticos tradicionales, sino dentro del propio universo conservador estadounidense.

Y esta vez la discusión va mucho más allá de Trump.

Lo que está sobre la mesa es una pregunta que recuerda inquietantemente al siglo XX: ¿debe el mundo organizarse mediante alianzas entre países soberanos o mediante acuerdos entre grandes potencias que delimitan entre sí sus respectivas esferas de influencia?

Putin tiene razones evidentes para preferir lo segundo. Xi podría obtener importantes beneficios estratégicos de un sistema semejante.

La pregunta que ahora lanzan desde el propio campo conservador estadounidense es si Donald Trump, en su deseo de convertirse en el gran negociador entre las potencias, corre el peligro de concederles precisamente el mundo que desean.

Ese es el verdadero significado de la advertencia sobre un “nuevo Yalta”: no el peligro de sentarse con los adversarios, sino el de sentarse con ellos a decidir el destino de quienes no están en la mesa.


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