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La Habana internacionaliza el acto de repudio: EE.UU. expulsa a diplomático cubano

Foto captura X de Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la misión cubana ante la ONU cuando era custodiado por un empleado de seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York cuando agredió a un funcionario estadounidense.

Redacción Central

Nueva York. PLC | El incidente protagonizado por la delegación cubana en Naciones Unidas dejó de ser este miércoles una simple pelea verbal para convertirse en un problema diplomático entre La Habana y Washington. El secretario de Estado, Marco Rubio, firmó la documentación para expulsar de Estados Unidos a Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la misión cubana ante la ONU, después de que Washington lo acusara de empujar e intentar agredir a un integrante de la representación estadounidense.

La decisión fue anunciada por el embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, quien afirmó que Tur de la Concepción deberá abandonar Estados Unidos y viajar a La Habana en las próximas 24 horas. “Si pones una mano encima de un estadounidense aquí en Estados Unidos”, advirtió Waltz, el Gobierno de Donald Trump no lo tolerará.

Pero el significado del episodio va bastante más allá de la expulsión de un diplomático de segundo nivel. Lo ocurrido ofrece una imagen extraordinariamente reveladora de la forma en que la diplomacia cubana reaccionó cuando, en un foro internacional y delante de las cámaras, fue sometida a acusaciones particularmente incómodas.

El enfrentamiento había comenzado durante el debate anual de la Asamblea General sobre la resolución cubana contra el embargo estadounidense. Mientras Waltz intervenía, el canciller Bruno Rodríguez exigió una cuestión de orden, pese a que el presidente de la Asamblea había pedido que se permitiera terminar al orador estadounidense. Rodríguez terminó acercándose a la mesa presidencial mientras continuaba reclamando la palabra.

Waltz respondió con una frase que inmediatamente trasladó la discusión desde el embargo hacia la naturaleza del sistema cubano: “Esto no es La Habana. No me vas a intimidar”. El presidente de la Asamblea pidió calma y finalmente reclamó al canciller cubano que regresara a su asiento.

La reacción cubana tampoco surgió en el vacío. El representante estadounidense estaba utilizando precisamente uno de los argumentos políticamente más dañinos para La Habana: el contraste entre las privaciones sufridas por los cubanos y los privilegios de la élite gobernante.

Waltz mostró fotografías de relojes Rolex atribuidos a Fidel Castro y Miguel Díaz-Canel, habló de propiedades utilizadas por la familia Castro y exhibió ejemplos de artículos de lujo asociados a integrantes de la cúpula y sus familiares. Su argumento era que mientras el Gobierno cubano atribuye al embargo estadounidense buena parte de las penurias nacionales, miembros de su élite disfrutan de bienes inaccesibles para la enorme mayoría de la población.

Fue en medio de aquella confrontación cuando apareció Tur de la Concepción.

Un video difundido posteriormente por Waltz muestra al funcionario aproximándose repetidamente a la persona que lo estaba grabando y extendiendo la mano hacia el teléfono. Washington sostiene que Tur de la Concepción empujó e intentó agredir a uno de sus diplomáticos. Esa última acusación corresponde a la versión estadounidense, pero fue precisamente la que Rubio invocó para ordenar su expulsión.

Hay además un elemento que vuelve especialmente incómodo el incidente para La Habana. Tur de la Concepción no es un funcionario marginal. Es primer secretario de la misión cubana y trabaja en asuntos relacionados con la Quinta Comisión, responsable de cuestiones administrativas y presupuestarias. Cuba lo postuló este año para integrar la Comisión Consultiva en Asuntos Administrativos y de Presupuesto de Naciones Unidas para el período que comienza en 2027.

La escena ha provocado una comparación inevitable entre la conducta de la delegación cubana en Nueva York y los métodos de intimidación política utilizados durante décadas dentro de Cuba.

La académica Alina Bárbara López Hernández lo resumió señalando que la delegación había “internacionalizado los actos de repudio”. Para ella, lo sucedido permite hacerse una idea de cómo son tratadas dentro de Cuba las personas que cuestionan al poder. José Manuel González Rubines, de CubaXCuba, planteó una pregunta todavía más incómoda: si así se comportan funcionarios cubanos rodeados de cámaras, diplomáticos y representantes internacionales, ¿qué puede esperar un ciudadano que discrepa dentro de Cuba, donde semejante protección no existe?

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