Pulsa «Intro» para saltar al contenido

La ONU vuelve a condenar el embargo, pero Cuba sufre su mayor retroceso diplomático en dos décadas

La resolución fue aprobada por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Es la trigésima cuarta ocasión desde 1992 en que la Asamblea General demanda el fin del embargo, pero también es el apoyo más bajo que ha recibido la iniciativa durante los últimos veinte años. Foto ONU

Redacción Central

Nueva York. PLC | La Asamblea General de las Naciones Unidas volvió este miércoles 28 de octubre a reclamar el levantamiento del embargo estadounidense contra Cuba, pero el resultado escondió detrás de la amplia mayoría una noticia políticamente adversa para La Habana: el respaldo internacional a la resolución cubana cayó de manera abrupta, mientras aumentaron tanto los votos contrarios como las abstenciones.

La resolución fue aprobada por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Es la trigésima cuarta ocasión desde 1992 en que la Asamblea General demanda el fin del embargo, pero también es el apoyo más bajo que ha recibido la iniciativa durante los últimos veinte años.

El retroceso se aprecia mejor al comparar las cifras. En 2025 la resolución obtuvo 165 votos favorables, siete en contra y 12 abstenciones. En 2024 habían sido 187 votos a favor, solamente dos en contra y una abstención. En dos años, por tanto, el respaldo a la propuesta cubana pasó de 187 a 130 votos.

La Habana ganó nuevamente la votación, y sería incorrecto presentar el resultado de otra manera. Una mayoría considerable de la comunidad internacional continúa rechazando la política de embargo de Estados Unidos. Pero también resultaría engañoso interpretar los 130 votos como una simple repetición de las votaciones de años anteriores. El consenso casi universal que durante mucho tiempo acompañó a Cuba está claramente debilitándose.

El cambio se hizo especialmente visible entre países europeos y latinoamericanos. Alemania, Italia y Letonia estuvieron entre los países occidentales que se abstuvieron después de años de apoyar la resolución. Lituania y Eslovenia figuran entre quienes cambiaron su posición para votar en contra. En América Latina y el Caribe también hubo modificaciones relevantes: Colombia y Costa Rica estuvieron entre los países que se opusieron, mientras Chile y Honduras figuraron entre los gobiernos de la región que no mantuvieron el respaldo tradicional a La Habana.

El resultado demuestra que la campaña diplomática de la Administración de Donald Trump para erosionar el apoyo a la resolución produjo resultados. Washington no consiguió ni remotamente una mayoría que legitimara internacionalmente el embargo, pero sí logró romper posiciones que durante décadas parecían inamovibles.

La historia de estas votaciones ayuda a comprender la magnitud del cambio. Cuando la resolución fue presentada por primera vez en 1992 obtuvo solamente 59 votos favorables, tres contrarios y 71 abstenciones. El respaldo fue creciendo hasta alcanzar 191 votos favorables en los años de mayor acercamiento entre Washington y La Habana. En 2016, durante la presidencia de Barack Obama, Estados Unidos se abstuvo por primera vez.  

La llegada de Trump a la Casa Blanca cambió de nuevo la tendencia. Su Gobierno no solamente ha defendido las sanciones, sino que ha intensificado la presión política y diplomática sobre el régimen cubano.

El texto aprobado este miércoles vuelve a reclamar el fin del embargo y cuestiona especialmente las leyes estadounidenses con efectos extraterritoriales, mencionando expresamente la Ley Helms-Burton de 1996. La resolución fundamenta su posición en principios de soberanía, no intervención, libertad de comercio y navegación.

Pero la resolución de la Asamblea General no es jurídicamente vinculante. Su aprobación no obliga a Washington a eliminar el embargo. Su importancia reside fundamentalmente en medir la posición política de la comunidad internacional frente a las sanciones estadounidenses.

El debate de este año estuvo además marcado por la gravedad de la crisis cubana. Naciones Unidas ha señalado que el endurecimiento estadounidense coincide con una severa crisis energética y recoge la advertencia de su coordinador residente en Cuba, Francisco Pichón, sobre el riesgo de un posible colapso humanitario. Funcionarios de la ONU informaron también que más de 100.000 intervenciones quirúrgicas habían sido pospuestas hasta mayo, mientras la escasez energética afectaba al sistema sanitario y al suministro de medicamentos.

Las sanciones estadounidenses tienen consecuencias económicas reales y una inmensa mayoría de los Estados representados en Naciones Unidas continúa considerándolas injustificadas. Pero reconocer esos efectos no significa aceptar la tesis del Gobierno cubano según la cual la crisis de la Isla puede explicarse exclusivamente por el embargo.

Ese fue precisamente el terreno que Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, trató de explotar. Durante el debate acusó al Gobierno cubano de corrupción y represión y cuestionó por qué la población sufre graves carencias mientras, según Washington, integrantes de la élite gobernante disfrutan de propiedades, embarcaciones y artículos de lujo. También acusó a La Habana de explotar económicamente a profesionales médicos enviados al extranjero y de encarcelar a opositores políticos.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla planteó una cuestión de orden durante la intervención estadounidense y pidió que se llamara al orden a Waltz por considerar ofensivas sus declaraciones. Miembros de la delegación cubana se acercaron al podio y la tensión creció hasta el punto de que el presidente de la Asamblea suspendió momentáneamente la sesión.  

El episodio convirtió el debate diplomático en una confrontación pública que terminó perjudicando la imagen que La Habana buscaba proyectar. En vez de quedar concentrada exclusivamente en las sanciones estadounidenses, parte de la atención internacional se desplazó hacia el comportamiento de la propia representación cubana.

La Habana perdió 35 votos favorables con respecto a 2025 y 57 respecto a 2024. El deterioro del respaldo es demasiado grande para presentarlo como una fluctuación irrelevante.

Para el régimen cubano, acostumbrado durante años a utilizar la casi unanimidad de estas votaciones como una importante victoria propagandística anual, el resultado de 2026 constituye una seria advertencia. Condenar el embargo estadounidense ya no significa necesariamente conceder un cheque en blanco político al Gobierno cubano, y un número creciente de países está optando por separar ambas cuestiones.


Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descubre más desde Prensa Libre Cuba

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo