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La ONU le da una señal a Cuba: menos respaldo contra el embargo, pero también menos apoyo diplomático

Cuba tiene razones para reclamar el fin del embargo. Pero esa reclamación no puede convertirse en una justificación permanente para posponer las reformas internas ni para diluir la responsabilidad de quienes gobiernan la isla. Imagen generada por IA| © ASF

Por Antonio Suárez Fonticiella – Prensa Libre Cuba Análisis

La Habana. PLC -Análisis | La votación del 28 de octubre de 2026 en la Asamblea General de las Naciones Unidas dejó un resultado que La Habana no puede ignorar. La resolución que pide el fin del embargo estadounidense recibió 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. El año anterior había obtenido 165 votos favorables, siete en contra y 12 abstenciones.

La resolución volvió a aprobarse por amplia mayoría, pero su respaldo disminuyó considerablemente. Fueron 35 votos favorables menos que en 2025. Al mismo tiempo, aumentaron tanto los votos en contra como las abstenciones. La diferencia importa porque revela un escenario diplomático distinto al de años anteriores.

Washington cambió su estrategia

Una de las claves de la votación fue la ofensiva diplomática de Estados Unidos. La Administración de Donald Trump intensificó sus gestiones para convencer a otros países de votar contra la resolución o, al menos, abstenerse.

Los resultados reflejan un cambio significativo: los votos en contra aumentaron de siete en 2025 a 17 en 2026, mientras las abstenciones pasaron de 12 a 25. Paralelamente, los votos favorables descendieron de 165 a 130.

Reuters informó sobre la campaña diplomática estadounidense para modificar el tradicional patrón de votación. Sin embargo, sería excesivo atribuir todo el cambio exclusivamente a Washington. También influyen las decisiones particulares de los gobiernos, sus relaciones con Estados Unidos y sus propias posiciones respecto al régimen cubano.

El embargo sigue generando rechazo internacional

La reducción del apoyo a la resolución no significa que el embargo haya dejado de suscitar rechazo internacional. Las sanciones estadounidenses tienen consecuencias económicas y financieras, mientras que las medidas de carácter extraterritorial afectan también a empresas y ciudadanos de terceros países.

La Unión Europea reiteró ante la ONU su oposición al embargo y, particularmente, a la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense. Por tanto, sería incorrecto interpretar el resultado de la votación como una aprobación internacional de la política de sanciones contra Cuba.

Pero reconocer sus consecuencias tampoco obliga a aceptar la explicación del Gobierno cubano de que el embargo es la causa fundamental de todos los problemas del país. Las sanciones constituyen un factor importante, pero no explican por sí solas décadas de ineficiencia económica, insuficiente inversión, obstáculos a la iniciativa privada, baja productividad y decisiones gubernamentales que han limitado la capacidad de crecimiento de la economía cubana.

La democracia también forma parte del debate

La discusión internacional sobre Cuba ya no puede reducirse exclusivamente al histórico enfrentamiento entre Washington y La Habana. También están sobre la mesa las libertades políticas, los derechos humanos y las posibilidades reales de los cubanos de participar en las decisiones que determinan su futuro.

La Unión Europea ha defendido el levantamiento del embargo, pero también ha insistido en la responsabilidad de las autoridades cubanas y en la necesidad de reformas económicas y políticas.

Ahí radica una distinción fundamental: oponerse al embargo no equivale necesariamente a respaldar al Gobierno cubano. Un país puede rechazar las sanciones estadounidenses y, al mismo tiempo, cuestionar el sistema de partido único, la ausencia de pluralismo político y las restricciones a las libertades de expresión, asociación y participación ciudadana.

La Habana necesita revisar su lectura diplomática

Durante décadas, el Gobierno cubano ha presentado estas votaciones como demostración del respaldo de la comunidad internacional a Cuba. El resultado de 2026 aconseja una interpretación bastante más cuidadosa.

La resolución conserva una amplia mayoría, pero la pérdida de 35 votos favorables, junto con el aumento de los votos contrarios y las abstenciones, indica que el escenario diplomático se ha modificado. La Habana no debería confundir el rechazo internacional al embargo con un respaldo automático a su sistema político o a la gestión de sus gobernantes.

Washington tampoco debería considerar el resultado una victoria definitiva. La resolución continúa respaldada por 130 países y mantiene un considerable peso político, aunque no tenga carácter jurídicamente vinculante ni pueda, por sí sola, poner fin al embargo, cuya eliminación depende en buena medida del Congreso estadounidense.

Una señal que Cuba no debería ignorar

La votación deja así dos mensajes simultáneos. Estados Unidos consiguió avances diplomáticos, pero no logró construir una mayoría favorable a su política. Cuba mantuvo el respaldo de numerosos países contra el embargo, pero perdió una parte importante del apoyo diplomático que había acumulado en años anteriores.

Para los cubanos, sin embargo, la cuestión fundamental no debería ser determinar quién ganó una votación en Nueva York. Lo esencial es cómo superar las políticas que agravan sus dificultades, ampliar las oportunidades económicas y garantizar derechos y libertades.

Cuba tiene razones para reclamar el fin del embargo. Pero esa reclamación no puede convertirse en una justificación permanente para posponer las reformas internas ni para diluir la responsabilidad de quienes gobiernan la isla.

El embargo debe analizarse sin simplificaciones. La crisis cubana también. Defender los intereses de los ciudadanos exige reconocer tanto las consecuencias de las sanciones estadounidenses como la responsabilidad del Gobierno cubano por las decisiones políticas y económicas adoptadas durante décadas.


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