PAÍSES NÓRDICOS-RUSIA-UCRANIA
Redacción Central – Análisis
Oslo. PLC | La diplomacia europea comienza a moverse en una dirección hasta hace poco prácticamente congelada: volver a hablar directamente con Vladimir Putin. Este martes 27 de octubre, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, mantuvieron desde Helsinki una conversación telefónica con el mandatario ruso sobre la guerra en Ucrania y las posibilidades de reactivar las negociaciones para ponerle fin.
No fue una iniciativa improvisada ni realizada a espaldas de Kyiv. Los gobiernos finlandés y noruego precisaron que la conversación fue iniciativa de Stubb y Støre, se desarrolló en consulta con Ucrania y dio continuidad a la reunión celebrada en Oslo el pasado 20 de octubre. El objetivo declarado fue transmitir directamente a Putin mensajes relacionados con futuras negociaciones y con los encuentros previstos en Abu Dabi.
Después de hablar con Putin, los dos dirigentes nórdicos mantuvieron también contacto con Zelenski, según confirmó Reuters citando a un asesor del presidente ucraniano. Kyiv, Moscú y Washington han acordado reuniones de nivel técnico en Abu Dabi a comienzos de noviembre, según declaraciones de Zelenski recogidas por la agencia.
El movimiento adquiere una importancia política que trasciende una simple llamada telefónica. Desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, los principales dirigentes de Europa occidental han reducido considerablemente sus contactos directos con Putin. Ahora dos de los países europeos geográficamente más expuestos a Rusia, ambos miembros de la OTAN y firmes partidarios de Ucrania, consideran que ha llegado el momento de mantener un canal directo con el Kremlin.
Finlandia y Noruega comparten además frontera con Rusia. Sus gobiernos subrayaron durante la conversación su interés común en la estabilidad y previsibilidad tanto en la región del Báltico como en las zonas del extremo norte europeo.
“Fue una conversación franca y sustancial”, declaró Stubb. El presidente finlandés señaló que el desenlace de la guerra tendrá una repercusión directa sobre la seguridad de Finlandia y del conjunto de Europa y defendió la necesidad de conversaciones directas para terminar el conflicto. Støre, por su parte, destacó los enormes costes humanos y materiales de la guerra y la necesidad de una desescalada.
Pero Helsinki y Oslo establecieron una importante línea roja política: no hablaron en nombre de Europa. Los comunicados oficiales especifican que Stubb y Støre actuaron exclusivamente como dirigentes de Finlandia y Noruega. También recalcaron que ambos países mantendrán su respaldo a Ucrania.
Esa aclaración resulta significativa porque revela uno de los problemas que afrontaría cualquier nueva iniciativa diplomática: Europa necesita encontrar una fórmula para estar presente en unas negociaciones en las que Washington desempeña un papel central sin dar la impresión de abrir canales paralelos que debiliten la posición negociadora ucraniana.
La llamada tampoco surge de la nada. Stubb y Støre se reunieron la semana pasada en Oslo con Zelenski y con el enviado especial estadounidense Steve Witkoff. Un día después, Witkoff se entrevistó con Putin en San Petersburgo. Posteriormente, el Kremlin manifestó su disposición a reanudar en noviembre las conversaciones de paz con Ucrania mediadas por Estados Unidos, según Reuters.
Por eso, la llamada de este martes puede interpretarse como una nueva pieza de un proceso diplomático más amplio, aunque todavía extremadamente incierto. Primero Oslo, después San Petersburgo, ahora la comunicación directa Helsinki-Moscú y, próximamente, Abu Dabi. No existe todavía evidencia de que esa sucesión de contactos vaya a producir un acuerdo, pero sí de que las partes están reconstruyendo canales diplomáticos que llevaban largo tiempo prácticamente cerrados.
Hay también una paradoja especialmente significativa en la elección de Finlandia como uno de los protagonistas. Un país fronterizo con Rusia y miembro de la OTAN considera ahora que su proximidad geográfica, lejos de ser únicamente una vulnerabilidad, puede proporcionarle un argumento para mantener comunicación directa con Moscú. Stubb lo expresó con claridad: el resultado de la guerra afecta directamente a la seguridad de su país y de Europa.
Para Donald Trump, el movimiento puede resultar igualmente relevante. Reuters recuerda que el presidente estadounidense ha mantenido contactos con Putin en sus intentos, hasta ahora sin éxito, de alcanzar un acuerdo de paz. La aparición de Stubb y Støre introduce interlocutores europeos que mantienen sólidas relaciones con Kyiv pero que, al mismo tiempo, están dispuestos a hablar directamente con Moscú.
La incógnita fundamental sigue siendo, sin embargo, si existe detrás de esta intensa actividad diplomática un terreno real para un compromiso. Hablar no significa haber reducido las enormes diferencias existentes respecto a las condiciones para terminar la guerra.
Pero algo sí ha comenzado a cambiar. La cuestión ya no parece ser solamente si Europa debe hablar con Putin, sino quién puede hacerlo sin quebrar la unidad con Ucrania y qué papel debe ocupar Europa si finalmente Washington, Moscú y Kyiv se sientan alrededor de una misma mesa.
Finlandia y Noruega acaban de presentar una respuesta posible: hablar con Moscú, pero hacerlo en consulta con Kyiv; mantener el apoyo a Ucrania y, simultáneamente, tratar de abrir un espacio para la negociación.
Es un movimiento arriesgado, cuyo resultado está por verse. Pero la llamada de Helsinki indica que, después de años en los que la guerra se decidió fundamentalmente en los campos de batalla, la diplomacia vuelve a intentar abrirse paso entre Moscú, Kyiv, Washington y Europa.
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