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Oslo se convierte en la nueva batalla diplomática por el futuro de Ucrania

Pero la verdadera dimensión política de la cita está en quién negocia y, sobre todo, en lo que puede ocurrir después. Imagen generada por IA©PLC

Redacción Central

Olslo. PLC | Oslo se ha convertido este martes, casi sin previo aviso, en el escenario de una nueva y delicada ofensiva diplomática para intentar reconducir la guerra de Ucrania. A la capital noruega viaja el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, mientras el enviado especial estadounidense Steve Witkoff acude para unas conversaciones en las que también participarán el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre y el presidente finlandés Alexander Stubb. El también negociador estadounidense Jared Kushner intervendrá de forma remota.

No se trata de una visita protocolaria. El propio Gobierno de Noruega ha confirmado que fue Volodímir Zelenski quien pidió a Noruega y Finlandia organizar el encuentro dentro del esfuerzo diplomático actualmente en marcha. Jonas Gahr Støre definió el momento como crítico para Ucrania y señaló que el propósito es llevar la diplomacia hacia un terreno más constructivo. Tras las conversaciones está prevista una rueda de prensa conjunta de Zelenski, Støre y Stubb. El presidente ucraniano también mantendrá una audiencia con el rey Haakon y visitará el Parlamento noruego.

Pero la verdadera dimensión política de la cita está en quién negocia y, sobre todo, en lo que puede ocurrir después. Reuters informó que las conversaciones de Oslo podrían extenderse a representantes del Reino Unido, Francia, Alemania y Polonia, además de la Unión Europea y la OTAN. Witkoff, según Reuters y Axios, pretende viajar posteriormente a Rusia para continuar las conversaciones y espera reunirse con Vladimir Putin.

Eso convierte a Oslo en algo más que otro encuentro diplomático. La intención estadounidense, según Axios, es trabajar junto con Ucrania y sus aliados europeos en una propuesta que posteriormente pueda ser presentada a Moscú.

La secuencia es significativa: primero Kiev, Washington y las principales capitales europeas intentan acercar posiciones; después, el negociador estadounidense llevaría esas ideas al Kremlin. Si el itinerario finalmente se cumple, Oslo funcionaría como una estación intermedia entre Ucrania y Rusia, pero también como un lugar donde Europa intenta conservar influencia sobre una negociación cuyo control político se ha desplazado progresivamente hacia Washington.

El encuentro llega, además, en un momento especialmente complicado en las relaciones entre Donald Trump y Volodímir Zelenski. Reuters describe un deterioro pronunciado durante las últimas dos semanas. Kiev sostiene que Washington ha reducido determinados apoyos relacionados con inteligencia, sistemas satelitales y suministros militares, acusaciones rechazadas por funcionarios estadounidenses. Trump, por su parte, afirmó el lunes que Rusia se había comportado, en sus palabras, “bien” respecto a Ucrania y criticó abiertamente al presidente ucraniano.

Washington ha reducido ampliamente el suministro directo de armamento estadounidense, aunque continúa permitiendo que los países europeos compren armas para Ucrania y mantiene capacidades de inteligencia y tecnología que, según Reuters, Europa no puede sustituir plenamente. Esa dependencia explica buena parte de la difícil posición negociadora de Kiev.

Aquí está posiblemente la clave política de Oslo. Zelenski necesita evitar que la negociación entre Washington y Moscú termine transformándose en una negociación sobre Ucrania en lugar de una negociación con Ucrania. Europa, al mismo tiempo, necesita impedir que un eventual entendimiento bilateral entre Trump y Putin redefina por sí solo el equilibrio de seguridad continental. Que Støre y Stubb aparezcan junto al presidente ucraniano tiene por ello un valor que va más allá de la cortesía diplomática.

La posición finlandesa resulta particularmente significativa. Stubb explicó que las conversaciones abordarán lo que calificó como la “guerra ilegal de agresión” rusa contra Ucrania y la situación general de seguridad europea. Esa formulación recuerda una realidad que puede quedar diluida cuando la diplomacia empieza a concentrarse exclusivamente en cómo terminar una guerra: existe también una discusión decisiva sobre las condiciones en que termina y sobre las garantías que impedirían que una paz provisional se convierta simplemente en la antesala de otra crisis.

Por eso Oslo puede ser importante incluso si de la reunión no surge inmediatamente un acuerdo. Lo fundamental será determinar hasta qué punto Washington, Kiev y Europa consiguen elaborar una posición suficientemente común antes de que Witkoff abra la siguiente etapa de las conversaciones con Moscú.

El enviado de Trump puede convertirse así en el hombre que lleve al Kremlin una propuesta elaborada después de escuchar a Ucrania y Europa. Pero precisamente ahí aparecerá la prueba decisiva: descubrir si Moscú está dispuesto a negociar sobre esa base o si considera que el deterioro de las relaciones entre Washington y Kiev le permite esperar concesiones mayores.

Oslo no es todavía una conferencia de paz. Tampoco existe, a estas horas, un acuerdo anunciado que permita hablar de un avance decisivo. Es, más bien, un intento urgente de ordenar las posiciones occidentales antes de volver a sentarse con Rusia.

Y ese detalle no es menor. Cuatro años y medio después del comienzo de la invasión rusa a gran escala, la discusión ya no gira únicamente alrededor del campo de batalla. También se libra alrededor de la mesa de negociación: quién define las condiciones, quién garantiza una eventual paz y, fundamentalmente, cuánto peso conservarán Ucrania y Europa cuando Washington vuelva a hablar directamente con Vladimir Putin.


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